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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

A los 27 años se apagó la sonrisa de Presley Gerber: el chico de la tapa que buscaba salir del pozo

Hijo de Cindy Crawford y Rande Gerber, murió en un centro de rehabilitación en California. La familia pidió privacidad. Había arrancado a los 16 en pasarelas internacionales y en los últimos meses había empezado a contar en redes lo que le estaba pasando.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos · · lectura 5 min
A los 27 años se apagó la sonrisa de Presley Gerber: el chico de la tapa que buscaba salir del pozo

Como dicen las abuelas del barrio cuando se va alguien joven: «Pobrecito, qué pronto se le gastó el hilo». A mí me cuesta arrancar esta nota sin que se me apriete algo en el pecho, porque la historia de Presley Gerber tiene esa mezcla rara de cuento de hadas y de película que termina mal: el nene que creció entre cámaras, desfiles y portadas de revista, que posó al lado de su madre para un comercial de Pepsi durante la Super Bowl, y que a los 27 terminó internado en un centro de rehabilitación en California, donde esta semana se confirmó su fallecimiento.

Toxic, el galpón donde empieza la nota

Antes que el nombre y la fecha, vale la pena imaginar el galpón de la noticia: un centro médico del condado de Los Ángeles, pasillos largos con olor a desinfectante, una habitación cerrada, un comunicado oficial de la Oficina del Médico Forense que llega a las redacciones con la palabra «fallecimiento» escrita con ese tono neutro que usan los papeles cuando se quieren correr del dolor ajeno. Del otro lado del teléfono, un mensaje de la familia: privacidad, por favor. Nada de fotos, nada de declaraciones, nada de show. La madre, Cindy Crawford, y la hermana menor, Kaia, habían sido, según contaban allegados a distintos medios internacionales, el cable a tierra de Presley en los últimos tiempos, las que contestaban mensajes a cualquier hora y las que se sentaban al lado de la cama cuando los ataques de pánico aparecían.

Yo te lo cuento así, en llano: Presley había empezado a los 16 en las pasarelas, con la cara limpia y la mirada todavía sin sombras. Calvin Klein, Dolce & Gabbana, Burberry, Tommy Hilfiger, Ralph Lauren. Nombres que para cualquier chico de su edad sonaban a imposible y que para él eran, durante un rato, el trabajo de todos los días. En 2018 se sentó al lado de su madre para el comercial que Pepsi emitió en la Super Bowl LII, una de esas publicidades que se miran con la pizza en la mano y que después se comentan en la oficina al otro día. A esa altura, parecía el guion perfecto: hijo de supermodelo, hermano de otra supermodelo, nacido el 2 de julio de 1999 en Brentwood, el barrio lindo de Los Ángeles. La postal estaba completa.

Somebody to love, el video que subió y después borró

Pero la postal empezó a perder color y Presley, en vez de esconderse, eligió mostrarlo. En diciembre de 2025 abrió un video en Instagram para contar cómo estaba. Después lo eliminó, pero el recorte de pantalla y los trascendidos periodísticos dan cuenta del contenido: habló de lo que tomaba, de los ataques de pánico que le venían como una ola, de las pérdidas que había acumulado y de cómo todo eso se le había ido mezclando. «Busco ayuda o una orientación para acceder a ese apoyo», pidió en uno de los tramos. La frase duele porque no es la de un personaje glamoroso: es la de un pibe de 27 años pidiendo una mano como cualquier vecino nuestro. Su madre le respondió directo, en el mismo tono de las madres argentinas cuando un hijo se les pierde un poco: «Presley, te queremos y no estás solo».

The power of love, lo que dijo la hermana

Kaia, la menor, había dado una entrevista en la que puso sobre la mesa algo que muchas familias callan: explicó que durante un tiempo largo relegó sus propias necesidades porque sentía que sus padres tenían que estar focused en Presley, y que esa dinámica la había hecho más reticente a pedir ayuda para ella misma. Es una confesión que se repite en casas de acá y de allá, con otros nombres y otros contextos: cuando un hijo se enferma, los demás a veces se borran del mapa sin querer, y después el mapa queda torcido para todos.

La noticia llegó, la confirmación fue del médico forense del condado de Los Ángeles y la familia volvió a pedir, con la misma energía del primer comunicado, que la prensa y la gente de afuera dejaran a los suyos transitar el duelo en privado. Mientras tanto, en las redes y en las redacciones de moda de medio mundo se mezclan los recuerdos: la cara de nene en la primera campaña, el tipo de galpón luminoso que usaban para los editoriales, la sonrisa amplia heredada de la madre, y al lado, como un ruido de fondo que ahora suena más fuerte, los mensajes sobre adicciones, rehabilitación y ataques de pánico. A mí, que cubro espectáculos hace años, me queda la sensación de que la industria de la moda les pide a estos chicos que crezcan a la velocidad de un flash y después no les da tiempo a aprender a sostenerse en pie.

Bridge over troubled water, la pregunta que me hago

Te lo pregunto como lo haría cualquier colega en la pausa del café: ¿qué campaña de Presley Gerber te quedó grabada? ¿Lo viste en la Pepsi con su madre, en alguna pasarela europea, en una portada de revista de las que se compraban en el kiosko? A mí me sirve para dimensionar la noticia: cuando uno recuerda una cara, la muerte deja de ser un cable de agencia y se convierte en alguien. Y a alguien se lo despide de otra manera, con respeto y, esta vez, con el silencio que pidió la familia.

No hay velatorio público confirmado ni fecha de despedida abiertas a la prensa: la familia pidió que cualquier homenaje se haga en privado y con la discreción del caso. Para los que quieran dejar su mensaje, las cuentas de Presley siguen activas en redes y, según la costumbre de estos casos, funcionan como un cuaderno de condolencias improvisado. La industria, en tanto, todavía no difundió un comunicado oficial conjunto, y los perfiles de las marcas donde trabajó se limitaron, por ahora, a mensajes breves en stories. Presley Gerber murió a los 27 en California, y a esta altura ya no importa tanto revisar la lista de desfiles: lo que queda es el pedido de una madre que dice «te queremos y no estás solo» y la imagen de un pibe que, al menos en su último video, intentó tenderle la mano a otro que estuviera pasando por lo mismo. A veces eso es todo lo que se puede hacer, y a veces ni eso alcanza.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos

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