Adiós al Negro que nos contaba el mundo en la mesa familiar de cada mañana
A los 74 años, en su casa de Punta del Este, se fue el periodista que durante tres décadas y media se sentó a la mesa con los argentinos a través de la radio. Repasamos su camino, su mudanza al Uruguay y el día que eligió bajarse del micrófono para estar más tiempo con sus hijos.
Me contaba mi abuela, mientras pelaba las papas para el almuerzo del domingo, que hay personas que uno no termina de conocer nunca del todo, por más que le hable cada mañana durante años. Don Oscar, le decía yo cuando lo escuchaba camino al trabajo, era uno de esos. Esta vez la noticia no llegó por la radio ni por un cable de agencia, sino por un mensaje de un compañero que se hizo carne: murió Oscar el Negro González Oro, a los 74 años, este viernes 25 de septiembre, en la casa que se había armado en Punta del Este para mirar el mar y, sobre todo, para mirar a sus hijos.
El oro y el moro, la banda sonora de una década
Si uno repasa su trayectoria, lo primero que aparece es una mañana cualquiera de cualquier año, con un café con leche y una medialuna, y la voz del Negro abriendo el día al frente de El oro y el moro, el ciclo que condujo durante quince temporadas en radio AM y que durante una década sostuvo el liderazgo de audiencia en su franja. Eran esos programas pensados para conversar sin apuro, con la política de la mañana, con el oyente que llamaba para contarle una alegría o un dolor, con el columnista que ya era de la casa.
Antes de eso, claro, hubo otrosaireo y otros escenarios, porque el Negro se había formado como periodista en los años en los que la radio argentina todavía se hacía con libretas y con la intuición de saber qué le interesaba al país. Pero lo que terminó de armar su lugar en la memoria colectiva fue esa cita diaria de la mañana, esa especie de galpón de palabras al que la gente iba a buscar compañía antes de empezar el día.
“Me han hecho muy feliz.”Oscar González Oro, en su última emisión al frente de El oro y el moro, el 2 de abril de 2021
Esa frase la dijo el 2 de abril de 2021, cuando cumplió 35 años de carrera y resolvió colgarse los auriculares por última vez en la conducción diaria. La emisión tuvo de todo, menos prisa: recuerdos, llamados de la gente, mensajes de colegas, lágrimas y una palabra final que sonó casi como una carta de amor al aire, dedicada a todos los que habían compartido el viaje con él.
La mudanza al Uruguay, una decisión pensada a fuego lento
El Negro ya estaba del otro lado del río cuando dijo chau. Había dejado su casa de San Isidro, había tramitado la residencia en Uruguay y se había instalado en Punta del Este desde 2020, después de la cuarentena, de la pérdida de varios amigos y del agobio que le generaba escuchar, día tras día, los problemas de oyentes cada vez más golpeados por la crisis. Así lo había contado él mismo, en una de esas charlas en las que se le notaba la decisión tomada y el peso de los años.
Pero ojo, que irse a Uruguay no fue colgar los botines. Desde su casa siguió haciendo entrevistas, tuvo participaciones ocasionales en radio y televisión y, sobre todo, se mantuvo prendido a las redes sociales, donde compartía recuerdos, opiniones y reflexiones con el mismo tono llano y cariñoso de siempre. Era, en buen romance, un jubilado a medias que no quería perder la conversación con su público.
La colega Denise Pessana, que lo frecuentaba en el grupo de amigos que armó en Uruguay, contó en los últimos días una cena que habían compartido hacía apenas un mes, en la que el Negro desplegó esa cultura vastísima y esas anécdotas que tenía para cada tema, aunque, admitió Pessana, ya se lo notaba distinto, como si el cuerpo le pesara más que de costumbre. Esa imagen, la de un anfitrión que todavía sabe contar un chiste con timing pero al que se le nota el paso del tiempo, es la que me queda dando vueltas.
Ahora que se fue, me animo a decir lo que seguro muchos sienten: gracias, Negro, por esas mañanas en las que uno no estaba solo, por enseñarnos que la radio también puede ser una mesa familiar y por habernos dado permiso, hasta el último día, para conversar como en casa.
El velatorio y los homenajes se realizarían en Punta del Este, según pudo saberse por fuentes de su entorno, mientras se organizan los tributos en Argentina. Quienes quieran recordarlo pueden acercarse a su cuenta oficial, donde amigos y colegas ya empezaron a dejar mensajes y anécdotas, como se hace en los barrios cuando se va alguien querido.
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