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VIE, 16 OCT 2026
Economía

Aguinaldo en cuotas y deudas que se estiran: la estrategia de las pymes bonaerenses para no abrir el libro de despidos

Fábricas de la provincia de Buenos Aires reparten el medio aguinaldo, demoran pagos a proveedores y ajustan cada gasto con un solo objetivo en la cabeza: sostener al personal cuando la facturación cae y los impuestos siguen golpeando.

OM
Oksana MelnikCampo y yerba · · lectura 4 min
Aguinaldo en cuotas y deudas que se estiran: la estrategia de las pymes bonaerenses para no abrir el libro de despidos

El precio que muchas pequeñas y medianas industrias de la provincia de Buenos Aires empiezan a pagar no se mide en toneladas ni en litros, sino en cuotas: la del aguinaldo que se fracciona cuando la caja no alcanza, la del proveedor que se estira dos o tres meses más de lo previsto, la del crédito bancario que se paga como se puede. La baja del consumo dejó a decenas de fábricas con ingresos insuficientes para cubrir en tiempo y forma sueldos, impuestos y servicios, y la respuesta mayoritaria fue la misma: aguantar con menos antes que recortar personal.

Cuando una fábrica vende menos, sus ingresos caen, pero sus obligaciones fijas no esperan. Sueldos, aportes, contribuciones, servicios y cuotas de crédito siguen llegando con independencia de lo que entre por ventas. Esa brecha entre lo que entra y lo que se va es la que hoy presiona a buena parte del entramado pyme del territorio bonaerense y la que obliga a tomar decisiones incómodas sobre cómo y cuándo gastar el dinero disponible.

La voz de la planta: dividir para no despedir

“Cuando la rentabilidad empieza a mermar, las dificultades se van acumulando mes a mes. Uno trata de sostener y de no echar gente, porque son años de trabajo compartido.”Patricia Malnati, presidenta de Jomsalva

Malnati dirige una empresa familiar de compuestos de caucho con 53 años de actividad y un plantel con una antigüedad promedio cercana a los 15 años, una cifra que describe un vínculo laboral de largo plazo poco habitual en una economía donde rotar es la norma. Ese lazo, según describió, es el que pone un piso en las decisiones empresarias: antes de evaluar un telegrama de despido se evalúa cómo postergar pagos, cómo reprogramar vencimientos y cómo repartir el medio aguinaldo en más de una cuota para que el desembolso no concentre la iliquidez en un solo momento del año.

El peso fijo de impuestos y tasas que no afloja

  • Ingresos Brutos: hasta un 3% de la facturación, incluso cuando la facturación retrocede.
  • Tasas municipales de seguridad e higiene: hasta un 8% adicional según el distrito.
  • Aportes y contribuciones patronales que corren sobre el sueldo bruto y no se detienen por caída de ventas.
  • Servicios y alquileres que se pagan igual con la planta a media máquina.
  • Cuotas de crédito bancario que se renegocian una y otra vez para evitar caer en mora.

Lo que la teoría impositiva presenta como porcentajes razonables se vuelve otra cosa cuando la base se contrae. Un 3% de Ingresos Brutos sobre una facturación que cae, más un 8% de tasas municipales, más los aportes patronales, terminan configurando una presión que los propios empresarios describen con una frase que repiten hasta el cansancio: el costo argentino. Malnati lo resumió sin rodeos: el nivel impositivo los saca totalmente de competencia, una queja que en la chacra industrial suena tan inevitable como el ruido de las máquinas de fondo.

A la presión tributaria interna se suma otro factor que reaparece en cada conversación pyme: la competencia de productos importados, en especial de origen chino, que entran al mercado a precios que las fábricas locales no siempre pueden igualar. La presidenta de Jomsalva aclaró que no todos los productos que llegan del exterior son de baja calidad —hay variedad, hay algunos muy buenos, reconoció— y apuntó el dedo a un costado menos visible pero decisivo: la subfacturación en aduana, la práctica de declarar un valor menor al real para pagar menos impuestos al importar, que vuelve imposible cualquier competencia leal en la góndola.

En la otra punta de la cadena, mientras las pymes prorrogan pagos a proveedores, reparten el aguinaldo y miran cada peso antes de gastarlo, la pregunta que sobrevuela cada taller, cada fábrica y cada oficina administrativa de la provincia es la misma: si la diferencia entre lo que se cobra y lo que se paga la terminan absorbiendo las propias empresas con deuda, mora y sacrificio de margen, quién se queda finalmente con esa diferencia. El aguinaldo en cuotas puede ser el salvavidas de hoy, pero también es la radiografía de un modelo que les pide a las pymes que financien con su propio flujo lo que el Estado y el mercado dejaron de garantizar.

OM
Oksana MelnikCampo y yerba

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