Saltar al contenido
Tierra Roja NoticiasTierra Roja Noticias ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.530,00 -0,33%Dólar blue $1.545,00 -0,32%Dólar MEP $1.536,00 -0,24%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Vida

Alergia al maní en la infancia: por qué una reacción leve puede ser la antesala de una anafilaxia

Una exposición que antes fue moderada no asegura que la próxima lo sea: claves de la alergista Jaclyn Bjelac para detectar a tiempo los signos de una emergencia en bebés y niños.

BS
Belén SosaAmbiente y comunidades · · lectura 3 min
Alergia al maní en la infancia: por qué una reacción leve puede ser la antesala de una anafilaxia

En la consulta ambulatoria donde la alergista Jaclyn Bjelac recibe a familias con chicos diagnosticados con alergia al maní, el silencio después de una prueba cutánea suele ser más elocuente que cualquier resultado en una planilla. Hay padres que llegan tranquilos porque la primera reacción del niño fue apenas un enrojecimiento alrededor de la boca, y otros que llegan con los ojos enrojecidos de haber visto cómo la cara de su hijo se hinchaba en cuestión de minutos durante una merienda escolar. Bjelac, especialista de Cleveland Clinic, repite ante cada familia la misma advertencia, que no es un consejo genérico sino una verdad respaldada por la práctica clínica diaria: una reacción previa leve no funciona como garantía de que la siguiente lo será.

Esa advertencia se sostiene en lo que la medicina observa de manera recurrente en sus consultorios y guardias. Las alergias alimentarias no se comportan como una escalera ascendente ni como una curva descendente predecible; pueden dar saltos, mantenerse estables durante años y cambiar de signo sin aviso. El maní, en particular, aparece asociado con frecuencia a cuadros que evolucionan hacia la anafilaxia, la reacción alérgica más severa que puede comprometer la vida en cuestión de minutos si no se trata a tiempo.

Qué señales indican que hay que actuar sin demoras

Bjelac describió un cuadro que cualquier cuidador debería poder reconocer: dificultad para respirar, sensación de garganta cerrada, hinchazón marcada en labios, lengua o párpados, mareos y, en los casos más críticos, pérdida de conciencia. También señaló un detalle clínico que suele pasar desapercibido: cuando los síntomas aparecen en dos o más zonas del cuerpo al mismo tiempo —por ejemplo, ronchas en la piel y, a la vez, dolor abdominal—, la combinación en sí misma ya configura un cuadro serio, aunque cada manifestación por separado parezca moderada.

  • Dificultad respiratoria o sensación de garganta cerrada.
  • Hinchazón marcada en cara, labios, lengua o párpados.
  • Mareos, palidez o desmayo.
  • Síntomas que se presentan en dos o más zonas del cuerpo a la vez.
  • Empeoramiento progresivo de cualquier manifestación ya iniciada.

Qué hacer primero y por qué la preparación previa cambia el resultado

Ante cualquiera de esos signos, la alergista fue categórica: lo primero es aplicar la epinefrina recetada por el médico tratante, sin sustituirla por antihistamínicos ni esperar a ver si los síntomas ceden solos, y de manera simultánea llamar a los servicios de emergencia. Esa doble maniobra, insistió, no admite pasos intermedios ni sustituciones caseras, porque el margen entre una reacción controlada y un desenlace fatal se mide en minutos.

En bebés y niños pequeños la detección se vuelve más compleja. Los más chicos no siempre pueden describir lo que sienten, y la reacción puede comenzar con llanto inconsolable, rechazo del alimento o una erupción que aparece y se extiende con rapidez. Bjelac remarco que, por eso, la preparación previa es tan importante como la medicación misma: tener un plan de acción escrito, saber dónde está el autoinyector, verificar la fecha de vencimiento y asegurarse de que todos los adultos que forman parte de la vida del niño —familiares, docentes, cuidadores— conozcan los pasos reduce la duda en el momento exacto en que menos tiempo hay para dudar.

La prevención cotidiana, por su parte, sigue siendo una pieza clave: revisar etiquetas de alimentos industrializados, preguntar por los ingredientes en restaurantes y fiestas, y tener presente que el maní puede aparecer en formas ocultas como aceite, harina o trazas en productos que no lo mencionan en su nombre. La especialista describió escenas frecuentes en guardias pediátricas donde el contacto accidental ocurrió en contextos que parecían seguros, desde una clase de cocina escolar hasta una mesa familiar donde el alérgico no era el comensal principal.

En la práctica, entonces, la diferencia entre un susto controlable y una tragedia no la marca solo la biología, sino la anticipación. ¿Cuántas familias con un chico alérgico en casa tienen hoy, a mano y vigente, el plan de acción que su médico les entregó hace meses?

BS
Belén SosaAmbiente y comunidades

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo