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VIE, 16 OCT 2026
Economía

Almacenes de barrio en estado de zozobra: la mitad del sueldo ya se fue antes de comprar el pan

Los comercios de cercanía de la provincia de Buenos Aires describen un escenario de compras mínimas, migración de los consumidores hacia opciones más accesibles y una administración del stock que cambió de forma radical tras los años de remarcaciones cotidianas.

OM
Oksana MelnikCampo y yerba · · lectura 4 min
Almacenes de barrio en estado de zozobra: la mitad del sueldo ya se fue antes de comprar el pan

En los almacenes de barrio de la provincia de Buenos Aires la jornada arranca con una radiografía que se repite góndola tras góndola y que describe mejor que cualquier índice macroeconómico el cuadro de situación que atraviesan las familias argentinas: el boleto de colectivo, la cuota de la prepaga, el gas y la luz se llevan una parte del ingreso que, según Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires, ronda el 40% del salario mensual. "Todos hablan de un 40%", señaló el dirigente en diálogo con este portal, y resumió la consecuencia directa sobre el resto del mes con una frase que se volvió diagnóstico de la actualidad: "Solo el 60 queda para vivir", sostuvo.

Ese 60% disponible, que no hace mucho tiempo alcanzaba para llegar con margen hasta fin de mes, hoy se licúa antes de que el consumidor promedio cruce la puerta del negocio. La decisión de compra arranca mucho antes de llegar a la góndola, y cuando finalmente el cliente se para frente a las estanterías lo hace con un propósito tan firme como limitado: "La gente compra lo justo y necesario", describió Savore, que escucha este tipo de comentarios a diario en los locales del sector, donde la unidad de medida ya no es la promo ni el combo sino el precio por kilo y la diferencia que pueda recortarse entre una opción y otra dentro de la misma categoría.

Menos unidades y marcas más baratas

El achique no se manifiesta solamente en la cantidad de productos que se llevan los clientes sino, y sobre todo, en el tipo de producto que eligen. Las marcas de empresas pequeñas y medianas ganaron espacio en las góndolas frente a las primeras marcas, y la brecha de precios es considerable en varios rubros básicos de la canasta. Un pan lactal de 600 gramos de primera marca se ubica en el orden de los 6.000 pesos, mientras que una versión de marca pyme se consigue por 3.000 pesos. En fideos, la diferencia resulta similar: una primera marca llega a 4.000 pesos, contra 1.200 pesos de una opción alternativa. "Las tres cuartas partes de la góndola de galletitas son empresas pyme", detalló Savore, que conoce al dedillo la composición de cada estantería.

  • Pan lactal de 600 gramos: 6.000 pesos la primera marca; 3.000 pesos la versión pyme.
  • Fideos: 4.000 pesos la primera marca; 1.200 pesos la alternativa de menor precio.
  • Leche: el litro se vende por encima de los 2.000 pesos, tras un aumento del 4% en lácteos durante el último mes.
  • Cereales: la caja de marca tradicional cuesta alrededor de 8.000 pesos; fraccionados en el local, el mismo gramaje baja a 3.000 pesos.
  • Avena: la versión envasada en el almacén sale 2.000 pesos, frente a cajas de marcas conocidas que rondan los 5.000 pesos.

A granel, la estrategia para sostener el volumen

Algunos almacenes encontraron una vía para sostener el volumen de ventas en un contexto de consumo cada vez más restringido, y esa vía pasa por comprar a granel y envasar en porciones equivalentes a las del envase tradicional. Una caja de cereales de marca tradicional cuesta alrededor de 8.000 pesos; envasada en el local, la misma cantidad de producto sale 3.000 pesos. Con la avena, la lógica es idéntica: la versión envasada en el almacén se ofrece a 2.000 pesos, frente a cajas de marcas conocidas que rondan los 5.000 pesos. La diferencia queda en la góndola del barrio, en el mostrador de barrio, en la economía de barrio, y se convierte en el verdadero ancla de la decisión de compra de los hogares.

El ritmo de los aumentos también modificó la manera en que los comercios administran su stock, y en ese punto el cambio de época se percibe con tanta nitidez como en la góndola. Con una inflación más lenta, ya no hace falta acumular mercadería como cobertura ante las remarcaciones diarias que durante años fueron moneda corriente en el mostrador. "Depósito no necesitamos", completó Savore, y la frase, que parece menor, marca un corte profundo respecto de la lógica que rigió al comercio de cercanía durante los últimos tiempos.

“Solo el 60 queda para vivir.”Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires

La pregunta que queda abierta, y que recorre cada mostrador del conurbano bonaerense, es quién se queda con la diferencia entre lo que el cliente termina pagando por un pan lactal, un paquete de fideos o un litro de leche y lo que esa misma familia podría haber abonado si su sueldo no se hubiera recortado, antes de cruzar la puerta del almacén, por el peso de los servicios, el transporte y la salud. La respuesta, por ahora, se mide en góndolas que se vacían más rápido y en cajas de primera marca que quedan cada vez más arriba, esperando un comprador que ya no llega con el mismo margen en el bolsillo.

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Oksana MelnikCampo y yerba

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