Black Torch: la historia del chico que se metió a un gato fantasma en el cuerpo y terminó trabajando de espía
La serie japonesa adapta un manga de Tsuyoshi Takaki, se puede ver completa en Crunchyroll y dura menos que una película larga: doce capítulos para conocer a Jiro, a su mononoke compañero y a una oficina que sale a cazar espíritus.
Arrancamos con una recomendación de mi abuela, que era fanática de los dibujitos esos donde los chicos hablan con los animales, y la verdad que tenía razón en una cosa: pocas veces la televisión japonesa se permite meter tanta ternura adentro de una historia de ninjas y fantasmas, así que cuando me crucé con Black Torch me quedé pegada al sillón de una manera que no esperaba, y eso que el animé tiene menos de seis horas en total.
La serie viene de un manga bastante corto, escrito y dibujado por Tsuyoshi Takaki, que salió entre 2016 y 2018 y apenas llegó a los diecinueve capítulos en cinco tomos antes de que la revista lo cancelara. Es una pena porque el material tenía una idea muy buena: un joven con sangre ninja que se fusiona con un espíritu con forma de gato negro y termina trabajando para una oficina secreta del gobierno japonés que se dedica a cazar monstruos. La animación la hizo 100studio y se puede ver completa en Crunchyroll.
Antes que la batalla, el bosque
La historia arranca en un bosque, como tiene que ser en estos relatos. Jiro es un pibe que fue criado por su abuelo, recibió entrenamiento ninja desde chico y, encima de todo, tiene la particularidad de poder hablar con los animales. Un día se topa con Rago, un mononoke (así les dicen en la tradición japonesa a las entidades sobrenaturales, una especie de fantasma o espíritu) que tiene pinta de gato negro y que lleva años sellado. El animalito está herido y Jiro, que es de los que no se hacen drama por nada, lo lleva puesto a su casa y lo cuida hasta que se repone. Es el momento que define toda la serie.
Cuando el cuerpo es de los dos
El problema es que un mononoke hostil aparece de la nada y ataca a Rago, y Jiro se mete en el medio para defenderlo. Le clavan una herida que es lo más cerca de mortal que un ser humano puede estar. Entonces Rago, para salvarlo, se mete adentro del cuerpo de Jiro y se fusiona con él, que es una decisión fuerte y a la vez muy tierna, porque los dos saben que no se conocen y sin embargo se juegan la vida el uno por el otro. A partir de ahí el pibe comparte el cuerpo con una fuerza sobrenatural que cambia su vida por completo y, créanme, se nota.
“Y lo que termina funcionando acá, lo que vuelve a Black Torch una rareza interesante, es que el vínculo entre los dos personajes centrales no es romántico ni es de pelea: es una amistad rara, casi de convivencia forzada, y eso es lo que sostiene los doce capítulos.”Romina Cabral
La oficina y los compañeros de ruta
Después del momento dramático en el bosque, los protagonistas recalaron en la Oficina de Espionaje, donde los mandaron a un departamento nuevo, Black Torch, que se encarga justamente de enfrentar a los espíritus malignos que andan dando vueltas por ahí. Ahí se suman una chica joven y un tercer personaje más serio y de pocas palabras, que es el clásico tipo duro que en cualquier serie de animé te hace el aguante. La convivencia entre los cuatro, sumada a tener a Rago adentro del cuerpo de Jiro y al entrenamiento ninja del abuelo, hace que cada capítulo tenga su buena cantidad de acción pero también su rato de charla y de humor, algo que se extraña mucho en la animación japonesa más reciente.
Dónde se ve: en la plataforma Crunchyroll, subtitulada al castellano. Cuándo conviene verla: un finde semana cualquiera, idealmente con un rato largo para maratonearla porque al ser tan corta engancha y uno termina queriendo verla del tirón. Y qué se come mientras tanto: aprovecho y me hago unos ñoquis con manteca y queso, bien al estilo de mi vieja, porque la onda hogareña del protagonista y su gato fantasma invitan a quedarse en casa y sentarse a la mesa sin apuro.
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