Casarse sin cambiar nada: Julieta Prandi y Emanuel Ortega dieron el sí en San Isidro, con 36 testigos y los padres del músico como invitados de honor
La conductora y el cantante formalizaron una relación que empezaron a construir durante la pandemia; la ceremonia fue íntima, con aviso a último momento y un traje de seda blanco que ella misma armó.
Yo te juro que el amor se nota en los gestos chicos, no en las grandes declaraciones», decía mi abuela de la colonia cada vez que veía a una pareja conocida pasar por el Registro Civil. Y algo de eso quedó flotando este martes 15 de septiembre en San Isidro, cuando Julieta Prandi y Emanuel Ortega cruzaron la puerta del Registro para sellar algo que, según contaron ellos mismos, ya venían viviendo desde hacía un buen rato. La conductora lo resumió con una frase que dejó en claro el espíritu de la jornada: «Es más un símbolo, no nos cambiaba nada porque nosotros elegimos estar juntos. Vivimos juntos hace tiempo». Ahí está, me parece a mí, la clave de toda esta historia: no fue una boda para empezar una vida en común, sino un acto para ponerle el sello a una vida que ya estaba en marcha.
«Cumpliendo un sueño»
Lo que sí cambió, y ella lo reconoció sin vueltas, es que se trataba de un deseo personal muy fuerte. «Si se quiere, yo soy más romántica y era mi sueño casarme», dijo Prandi al salir del trámite, todavía con la sonrisa a flor de piel. Del lado del músico, la confirmación también llegó a la salida, cuando Emanuel Ortega atendió a la prensa y agradeció el cariño recibido: contó además que fue él quien le propuso matrimonio a la conductora, un detalle que a mí, particularmente, me dio ternura, porque habla de alguien que se sentó a la mesa, miró a la otra persona a los ojos y dijo «vamos por más».
La ceremonia, vale aclararlo, fue civil y se hizo en el Registro de San Isidro, ese edificio clásico de siempre, con sus pisos altos y sus pasillos donde la luz entra de costado. No hubo salón decorado ni fiesta a gran escala: fueron 36 personas en total, entre familiares y amigos cercanos, que se enteraron con muy poca anticipación. «Los avisamos a último momento porque queríamos algo íntimo», reconoció Prandi, y la verdad es que esa decisión le terminó dando a la jornada un aire de reunión de familia extendida más que de evento mediático, algo que a esta altura de los tiempos se agradece bastante.
«En familia»
- Palito Ortega y Evangelina Salazar, los padres del músico, estuvieron presentes como testigos de lujo.
- Martín Ortega, hermano del novio, también dijo presente en la sala.
- Los 36 asistentes recibieron el aviso con muy poco margen de tiempo.
La elección de los testigos no fue casualidad, claro: tener a Palito y Evangelina al lado le dio a Emanuel una especie de abrazo intergeneracional que a mí me conmovió bastante, porque son dos figuras que transitaron el escenario público durante décadas y que sin embargo eligieron acompañar a su hijo en un momento chico, en un Registro Civil, sin cámaras de televisión adentro. Eso, en tiempos de bodas monumentales y coberturas minuto a minuto, vale oro.
«Vestido de seda»
Ahora bien, una se imagina que para un día así la tentación es caer en el diseñador de turno, pero Prandi sorprendió con una elección muy de su propia cosecha: llevó un traje de seda blanco, compuesto por un blazer amplio y un top del mismo color, que armó ella misma sin pasar por ningún atelier. Lo único que mandó a preparar fue el ramo de flores, y completó el look con unos aros azules que le regaló una amiga, un detalle de esos que a mí me hacen pensar que lo importante a veces está en los accesorios y no en la pasarela. Del otro lado, Emanuel contó entre risas que resolvió qué ponerse después de mirar el pronóstico del clima y revisar su propio placard, una declaración tan terrenal que por un momento uno se olvida de que el muchacho es hijo de dos leyendas de la música popular argentina.
El vínculo, para quienes siguieron la novela desde afuera, empezó a mediados de 2020, en plena pandemia, cuando el mundo estaba encerrado y las redes sociales se transformaron en la única vidriera posible. Los primeros contactos fueron por Instagram, después continuaron con llamadas y finalmente el encuentro presencial llegó el 13 de agosto de ese año. Con el tiempo, la pareja decidió convivir y armar una familia ensamblada, un paso que suele ser más complejo que cualquier boda y que acá, claramente, ya estaba dado. Por eso insisto en lo de la abuela: el amor se nota en los gestos chicos.
Antes de cerrar, dos datos que la propia Prandi dejó sobre la mesa y que a mí me parecen centrales para entender el ánimo de la jornada. Primero, no hubo despedida de soltera: «No hice», dijo, y lo dijo sin culpa, como quien explica que en este momento de la vida las prioridades son otras. Segundo, hay luna de miel en el horizonte, aunque la pareja no confirmó ni el destino ni la fecha, y uno puede imaginar que están guardando ese dato para disfrutarlo en privado, algo que a esta altura del partido parece un acto de sentido común. Lo concreto: este martes, en San Isidro, con Palito y Evangelina como testigos y un traje de seda blanco sin firma de diseñador, Julieta y Emanuel escribieron un capítulo que ya venían escribiendo desde 2020. Donde siga la historia, el arranque fue, como diría la abuela, de los que valen la pena.
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