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VIE, 16 OCT 2026
Economía

Casi la mitad de los encuestados por Bumeran ya dijo "no" a un puesto por la obligación de ir a la oficina

El 48 por ciento de los trabajadores consultados descartó ofertas que exigían presencialidad plena o parcial, según un relevamiento de la plataforma de empleo que también midió el peso de los gastos de transporte, comida y vestimenta en la decisión.

OM
Oksana MelnikCampo y yerba · · lectura 3 min
Casi la mitad de los encuestados por Bumeran ya dijo "no" a un puesto por la obligación de ir a la oficina

El dato funciona como una radiografía incómoda para cualquier empresa que todavía conserva la lógica de la asistencia obligatoria: el 48 por ciento de los trabajadores encuestados por el portal de empleos Bumeran rechazó, en algún momento, una propuesta laboral por la exigencia de presencialidad. El número, que combina a quienes descartaron un puesto que pedía concurrir todos los días (39 por ciento) con los que dejaron pasar oportunidades que requerían cierta asistencia presencial (9 por ciento), aparece en el estudio 100 por ciento Presencialidad, elaborado sobre más de 3.000 participantes entre empleados y especialistas en recursos humanos. El formato híbrido, mientras tanto, se consolidó como la modalidad preferida a la hora de elegir.

El peso del bolsillo y de la rutina

Cuando se les pidió que explicaran por qué prefieren esquemas remotos o combinados, los encuestados no respondieron con nostalgia del home office sino con argumentos tan concretos como un boleto de colectivo o un plato de comida: el 73 por ciento destacó la reducción de gastos en transporte, comida, vestimenta y otros consumos asociados a la asistencia a la oficina, y el 83 por ciento mencionó específicamente el ahorro en traslados. La ecuación, además, incluyó variables menos visibles pero igualmente decisivas: el 77 por ciento valoró la posibilidad de compatibilizar mejor el empleo con la vida personal, y el 63 por ciento celebró la flexibilidad para organizar los horarios por cuenta propia. Son cifras que describen a un trabajador argentino que mide cada propuesta con la misma calculadora con la que enfrenta el alquiler, el precio de la yerba y la cuota del colectivo.

  • 48 por ciento rechazó alguna oferta por la presencialidad exigida (39 por ciento si era plena, 9 por ciento si era parcial).
  • 73 por ciento ponderó la baja de gastos corrientes entre quienes eligen home office o esquema mixto.
  • 83 por ciento mencionó ahorros en traslados como ventaja central.
  • 77 por ciento valoró compatibilizar trabajo y vida personal; 63 por ciento, ordenar horarios a su manera.
  • 64 por ciento rechazaría una propuesta que no coincida con su modalidad ideal.
  • 73 por ciento trabaja en una modalidad definida de manera unilateral por la empresa.

Quién decide y quién querría decidir

El relevamiento vuelve a poner en primer plano una asimetría que las áreas de recursos humanos conocen pero pocas veces discuten en público: el 73 por ciento de los consultados indicó que la organización en la que se desempeña fijó por su cuenta la modalidad vigente, sin instancias de consulta. Apenas un 7 por ciento señaló que existió una decisión conjunta entre empresa y trabajadores, mientras que un 11 por ciento explicó que la definición queda en manos de cada equipo y un 9 por ciento afirmó que puede resolverlo de manera individual. La foto del presente muestra, además, que el 47 por ciento de los encuestados trabaja bajo un formato híbrido, el 33 por ciento lo hace de manera presencial y un 20 por ciento se desempeña a distancia. El mapa de los deseos, en cambio, corre a esos números varios casilleros: si pudieran elegir, el 51 por ciento optaría por combinar hogar y oficina, el 41 por ciento se iría a trabajar a distancia y solo el 8 por ciento elegiría la presencialidad plena.

Queda, claro, el otro 52 por ciento de la encuesta, aquella porción que nunca dejó pasar una oportunidad por la modalidad exigida (50 por ciento) o que directamente descartó una propuesta por ser completamente remota (2 por ciento). No son cifras menores: hablan de un segmento que pondera el vínculo con los compañeros (49 por ciento), las facilidades para comunicarse y trabajar en equipo (45 por ciento), el acceso a recursos de la empresa (39 por ciento) y la separación entre empleo y vida personal (39 por ciento). La pregunta, entonces, excede a las propias consultoras de recursos humanos: cuando el 48 por ciento de los candidatos vota con la renuncia silenciosa contra la obligatoriedad de la oficina, ¿quién termina absorbiendo el costo de esa rigidez, las empresas que insisten con la silla ocupada o los trabajadores que prefieren resignar una propuesta antes que resignarles el colectivo, el comedor y la corbata?

OM
Oksana MelnikCampo y yerba

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