Cinco canastas básicas y un fallo que deja enseñanza en las góndolas neuquinas
Un cliente perdió la bicicleta del estacionamiento de un supermercado en Neuquén capital, la Justicia confirmó la multa contra el comercio y abrió un debate sobre los carteles que muchos negocios siguen colgando en sus playas de estacionamiento.
Son las once de la mañana de un martes cualquiera acá en el sur y uno empuja el changuito por la playa de estacionamiento del supermercado de siempre, ata la bici en el bicicletero con candado incluido porque sabe que en estas latitudes el viento y el tiempo apremian, y cuando vuelve con dos bolsas de pan y un sachet de leche ya no encuentra nada donde lo dejó. Eso le pasó a un vecino de Neuquén capital y lo que empezó como un mal momento terminó transformándose, varios meses después, en un fallo judicial que volvió a poner sobre la mesa una pregunta que muchos comercios creen tener resuelta con un cartel pegado en la entrada.
El episodio, que pudimos reconstruir con datos del expediente, ocurrió en un comercio de la capital neuquina. El cliente había tomado los recaudos básicos: dejó la bicicleta en el lugar destinado a ese fin, la aseguró con candado y se limitó a hacer las compras de rutina. Al salir se topó con el portabicicletas vacío y, antes de maldecir la suerte como haría cualquiera de nosotros, decidió canalizar el reclamo por la vía formal. Fue hasta la Dirección Provincial de Protección al Consumidor, expuso lo ocurrido y dejó correr los plazos.
La multa que sobrevino y la apelación que no prosperó
El organismo provincial entendió que el comercio había fallado en su deber de garantizar condiciones mínimas de seguridad en un sector que él mismo había habilitado para uso de los clientes. Lo imputó y le aplicó una sanción equivalente a cinco canastas básicas alimentarias, una cifra que, traducida a pesos, ronda los cuatro millones y que incluso supera holgadamente lo que habría costado reponer el rodado. La firma ejerció su derecho de defensa en sede administrativa, discutió la responsabilidad y, cuando no le fue bien, llevó la discusión a la Justicia. La respuesta de los tribunales también fue adversa: el fallo ratificó la sanción impuesta por la dirección provincial y dejó firme la multa.
“Quien habilita un estacionamiento para uso de sus clientes asume la responsabilidad de garantizar la seguridad en ese espacio, sin que el cliente tenga que transformarse en custodio permanente de sus bienes.”Dirección Provincial de Protección al Consumidor
En paralelo al trámite administrativo, el damnificado mantiene abierta una causa en el fuero civil donde reclama el resarcimiento económico directo por la bicicleta perdida. Desde el organismo provincial aclararon que el expediente administrativo funciona como prueba preconstituida en ese proceso, es decir que el fallo condenatorio en sede de Defensa del Consumidor opera como un antecedente sólido a la hora de discutir la indemnización. No reemplaza al juicio civil, pero le allana el camino.
Lo que dice el cartelito de la discordia
Hay una escena que se repite en la mayoría de las playas de estacionamiento del país y que muchos de nosotros hemos leído sin detenernos: un cartel con letras chicas que aclara que el comercio no se hace cargo de los objetos dejados en el estacionamiento. Para la dirección provincial neuquina, esa cartelería no tiene valor legal y, lo que es peor, puede inducir a confusión. Por eso advirtió que los establecimientos que persistan con esos avisos pueden recibir una infracción adicional, una multa extra que se suma a la del caso concreto y que empieza a dibujar un escenario incómodo para varios rubros.
Si te pasó algo parecido, te recomendás que guardes la denuncia policial, la constancia del reclamo en Defensa del Consumidor y cualquier registro que acredite que el bien estaba en el sector habilitado por el comercio, porque son esos papeles los que después inclinan la balanza. En la vereda de enfrente, si administrás un local con estacionamiento propio, ya sabés que el cartel exoneratorio no te salva: lo que corresponde es reforzar la custodia, instalar cámaras, iluminar el sector y, sobre todo, hacerse cargo cuando algo se pierde, porque el fallo neuquino dejó claro que la Justicia conoce el reglamento y lo aplica. La expectativa de cualquier vecino, y también la nuestra, es que la próxima vez que uno ate la bici con candado en el bicicletero del supermercado la encuentre exactamente donde la dejó.
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