Con el dólar pisado y un techo que se aleja, la calma cambiaria se vuelve costumbre y la pregunta es hasta cuándo
El mayorista cerró por debajo de los $1.513, el límite superior de la banda para noviembre quedó cerca de los $1.989 y el peso se aprecia en términos reales en un año donde la inflación ya acumula 23,6%. Analistas creen que hay espacio para una devaluación técnica, pero la liquidación de divisas y el contexto global mantienen la pax cambiaria.
El dólar mayorista terminó la rueda en $1.512,50, la cotización más baja desde mediados de septiembre, y la diferencia con el techo del corredor de flotación oficial volvió a estirarse hasta ubicarse cerca del 27,8%, la segunda brecha más amplia desde que el esquema entró en vigencia. En un año donde los precios al consumidor acumulan 23,6%, el tipo de cambio oficial apenas avanzó 3,8% desde enero, una suba de apenas $5,80 que en los papeles consolida una apreciación real del peso frente al billete verde y deja al margen cambiario argentino como el más calmo de la región.
El techo de noviembre se recalcula con la inflación de septiembre
Con el IPC de septiembre en 1,9% como referencia y un desfasaje de dos meses, el límite superior del corredor para noviembre quedó fijado en torno a los $1.989,12. El número se conoce poco, como se conoce poco lo que se cocina en cada reunión de directorio cuando se ajustan las bandas, y representa una suba de $38,15 respecto del techo vigente a fines de octubre, que se ubicaba en $1.950,97. En la práctica, el tope se aleja varias decenas de pesos por encima de la cotización actual y, salvo un sacudón externo, no luce como un imán inmediato para el precio del dólar.
“Un salto hasta esa zona del techo es técnicamente posible porque el tipo de cambio tiene espacio de sobra hasta la banda superior y no sería nada dramático.”Andrés Reschini, analista de F2 Soluciones Financieras
Para Reschini, sin embargo, una suba tan pronunciada en noviembre es poco probable: la liquidación de divisas del agro y la industria podría aumentar el próximo mes, lo que mantendría al dólar relativamente estable. El analista advierte que el mayor factor de riesgo puede venir desde el escenario global, con un eventual fortalecimiento del dólar, aunque señala que la apreciación del real brasileño funciona como amortiguador para el peso y reduce el impacto de un eventual temblor externo. Lo que se ve en las pantallas, dicen las mesas de dinero, es una pax cambiaria que se sostiene con liquidación de exportadores y con un ancla que el mercado empieza a naturalizar.
- El mayorista cerró en $1.512,50 y se ubica a 27,8% del techo del corredor, la segunda distancia más amplia desde el inicio del esquema.
- El techo para noviembre quedó en $1.989,12, tras una suba de $38,15 respecto de octubre.
- El tipo de cambio oficial acumula una suba de 3,8% en el año, frente a una inflación de 23,6%, lo que implica una apreciación real del peso.
- El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un mayorista en torno a $1.585 en noviembre y cerca de $1.614 en diciembre.
- Una devaluación anual del 11,5% sería necesaria para cerrar diciembre en el valor promedio que anticipa el Relevamiento.
En el mientras tanto, el dato que se repite en cada relevamiento es elocuente: con el dólar oficial más de un cuarto por debajo de su techo teórico y con proyecciones que no anticipan saltos bruscos, el escenario para quien ahorra en moneda dura o trabaja con precios atados al tipo de cambio es de una calma que ya lleva varios meses y que empieza a confundirse con la normalidad. La pregunta, como siempre en la Argentina, es quién se queda con la diferencia entre un peso que se aprecia en los papeles y un costo de vida que en las góndolas sigue subiendo a dos dígitos. Para los tareferos y colonos del interior profundo, la diferencia es invisible: lo que cambia mes a mes es el precio de la yerba, de la madera o de la soja en pesos, mientras el dólar oficial duerme la siesta a un ritmo que ni las consultoras más optimistas se animan a proyectar. Para los analistas, la diferencia es un cálculo de hoja de cálculo. Y para el bolsillo de a pie, la diferencia es, otra vez, la pregunta que nunca termina de responderse.
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