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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando el cansancio diurno esconde algo más: la apnea del sueño que no se escucha roncar

El agotamiento, el dolor de cabeza matinal y el insomnio pueden ser señales de apnea obstructiva en mujeres, incluso sin ronquidos fuertes. Cuestionarios y pruebas domiciliarias no siempre alcanzan para detectarla, y el embarazo y la menopausia elevan el riesgo.

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Belén SosaAmbiente y comunidades · · lectura 4 min
Cuando el cansancio diurno esconde algo más: la apnea del sueño que no se escucha roncar

La consulta empieza con una escena recurrente en el consultorio: una mujer de mediana edad se sienta, se frota las sienes y dice que está cansada, que le duele la cabeza al despertar, que duerme mal y que nadie en la casa escucha ronquidos fuertes. Esa descripción, repetida en miles de pacientes en Argentina y en el mundo, suele atribuirse al estrés, al insomnio o a los cambios hormonales, y sin embargo puede estar tapando un trastorno respiratorio del sueño que avanza en silencio, sin el ruido característico que durante décadas se consideró su marca registrada.

En las mujeres, la apnea obstructiva del sueño suele presentarse con un perfil distinto al que muestran los hombres. El cansancio diurno, el dolor de cabeza matinal, la dificultad para iniciar o sostener el sueño y los cambios de ánimo se confunden con frecuencia con estrés, con insomnio o con etapas como la menopausia. Una revisión especializada advierte que hasta el 75 por ciento de las mujeres afectadas podría estar sin diagnóstico, y que cerca del 40 por ciento no manifiesta los signos más conocidos del trastorno, como los ronquidos intensos y el ahogo nocturno, que en general son los que despiertan la sospecha clínica.

Herramientas útiles, pero a veces insuficientes

Los cuestionarios que cruzan datos como edad, peso, presión arterial y contorno del cuello sirven para estimar el riesgo, pero tienden a identificar menos casos entre mujeres, porque fueron calibrados sobre poblaciones donde los varones predominan. Algunas pruebas domiciliarias que registran la respiración durante la noche pueden pasar por alto alteraciones que se concentran en la fase REM del sueño, justamente la fase en la que las mujeres suelen presentar eventos más prolongados y desaturaciones más marcadas, según describen trabajos recientes sobre medicina del sueño.

Por eso, un primer resultado dentro de parámetros normales no siempre alcanza para descartar apnea, sobre todo cuando el malestar persiste. El profesional puede indicar entonces una polisomnografía en un centro especializado, donde se monitorean la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos del cuerpo y las distintas fases del descanso con sensores que permiten reconstruir lo que ocurre hora por hora mientras la paciente duerme, algo que ningún reloj inteligente ni cuestionario puede reemplazar.

  • El cansancio diurno sostenido, el dolor de cabeza matinal y la dificultad para dormir pueden ser manifestaciones de apnea obstructiva del sueño en mujeres.
  • La ausencia de ronquidos fuertes no descarta el trastorno: hasta un 40 por ciento de las mujeres afectadas no los presenta.
  • Los cuestionarios de riesgo y las pruebas domiciliarias pueden ser insuficientes; un resultado normal no cierra el diagnóstico si los síntomas continúan.
  • El embarazo y la menopausia pueden aumentar el riesgo y exigen un abordaje coordinado entre obstetricia y medicina del sueño.

Lo que pasa en el cuerpo durante la noche

El mecanismo es sencillo de explicar y complejo de revertir: durante el sueño, los músculos de la garganta se relajan y el paso del aire se reduce o se bloquea de manera repetida. El oxígeno cae, el organismo reacciona con microdespertares que rara vez se recuerdan y el sueño pierde profundidad. Con el tiempo, el cuadro se asocia con hipertensión arterial, con diabetes tipo 2 y con enfermedades cardiovasculares, que son justamente las que se busca prevenir cuando se trata la apnea a tiempo, en lugar de conformarse con atribuir el cansancio al ritmo de vida.

El embarazo introduce un capítulo aparte: el aumento de peso, los cambios hormonales y la congestión nasal elevan el riesgo de apnea o empeoran un cuadro previo. Los equipos de obstetricia y de medicina del sueño deben trabajar de manera articulada, y si hay una cirugía programada, corresponde informar al equipo médico sobre el trastorno y sobre el uso de dispositivos como el CPAP, que mantiene abierta la vía respiratoria mediante presión de aire, para evitar complicaciones en la anestesia y en la recuperación.

La próxima consulta, entonces, puede empezar por una pregunta incómoda: cuántos años lleva esa paciente conviviendo con un cansancio que nunca termina de explicarse, cuántas noches se levantó con la sensación de haber dormido poco aunque haya estado ocho horas en la cama, y cuántas veces se le dijo que era estrés cuando el cuerpo, en realidad, estaba peleando por respirar. ¿Cuántas mujeres en el país siguen despertando con dolor de cabeza sin saber que la noche, más que descanso, les está cobrando una factura?

BS
Belén SosaAmbiente y comunidades

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