Cuando el cariño empieza a tapar las decisiones propias: qué dice la evidencia sobre la dependencia emocional
Una revisión de 102 estudios asoció la dependencia emocional con baja autoestima, violencia psicológica y dificultades de apego. Aunque los resultados no permiten diagnosticar a nadie, revisar cómo se resuelven los desacuerdos y qué lugar ocupa la pareja en la vida cotidiana puede ayudar a distinguir el apoyo del sufrimiento.
Acá en el sur, una tarde cualquiera, Marta, de la colonia San Martín, me cuenta mientras prepara el mate que cada vez que intenta plantear algo que le molesta en la casa, se le cierra la garganta. "Como que prefiero callarme y no armar lío", dice, y se encoge de hombros como pidiendo que no la juzguen. Su historia no es rara ni nueva: dejar una salida para evitar una discusión, callar un pedido por miedo a que la otra persona se vaya o necesitar su aprobación hasta para elegir una película son escenas que, repetidas, empiezan a dibujar un paisaje distinto al del simple amor.
La diferencia entre sentirse acompañado y empezar a perder pie no siempre se mide por las horas compartidas ni por la intensidad del enamoramiento. Más bien se nota en lo que vamos dejando afuera: amistades que se van espaciando, responsabilidades que se postergan, intereses propios que quedan en pausa. Esa línea, fina y movediza, es la que preocupó a un equipo internacional que revisó 102 investigaciones publicadas sobre el tema y encontró un patrón que se repite, aunque con muchos matices.
Qué encontró la revisión de 102 estudios
El trabajo, difundido este año, cruzó resultados de investigaciones que analizaron la dependencia emocional en distintas poblaciones y contextos. La conclusión más firme es que existe una asociación estadística entre depender emocionalmente de la pareja y varios indicadores de malestar: autoestima baja, presencia de violencia psicológica y dificultades en el modo de vincularse, lo que los especialistas llaman estilos de apego inseguros.
Ahora bien, nosotros, los que leemos este tipo de hallazgos de vez en cuando, solemos quedarnos con el titular y pasar por alto los asteriscos. Y acá los asteriscos son importantes: los estudios revisados usaron definiciones diferentes de dependencia emocional, midieron cosas distintas y se apoyaron en poblaciones que no siempre son comparables. Eso significa que los resultados muestran una tendencia, no una sentencia, y mucho menos una causa única.
Lo que la evidencia no puede hacer
La American Psychological Association, citada en el material, recuerda que la intimidad y la cooperación pueden crecer dentro de una pareja sin que la identidad personal quede desplazada. Pedir compañía en un mal momento o compartir una preocupación no implica, en sí mismo, perder autonomía. La señal de alerta aparece cuando sostener el vínculo exige, una y otra vez, relegar amistades, proyectos o responsabilidades propias.
Cómo mirarlo en la vida cotidiana
Para nosotros, que no somos especialistas pero convivimos con estos temas, la pregunta más útil no es "cuánto lo amo" sino "qué lugar le dejo a lo demás". Algunas pistas concretas que surgen tanto de la evidencia como del sentido común:
“Considerar a la pareja incapaz de equivocarse o imaginar que ningún proyecto es posible sin ella puede dificultar el reconocimiento de las propias necesidades. Estos pensamientos pueden coexistir con el afecto; el punto a observar es si afectan el descanso, el trabajo, los vínculos sociales o las decisiones.”Material de base
Marta, mientras tanto, sigue cebando mate y dice que ella no quiere dejar de querer a nadie: solo quiere volver a poder decir lo que le molesta sin sentir que se le cae el mundo encima. Es un deseo chiquito, de esos que no ocupan portadas, y sin embargo resume mejor que cualquier estadística lo que la gente espera que pase cuando se habla de dependencia emocional: que el cariño no se coma la propia voz.
Por Ludmila Hudyma, Sociedad y vida.
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