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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando la boca avisa: lo que la caída de un diente puede estar contándole al cerebro de un adulto mayor

Una revisión internacional detectó que perder más de una pieza dental en la vejez se asocia con un salto cercano al 50% en el riesgo de deterioro cognitivo. La inflamación de encías también aparece en estudios ligada a problemas cardíacos y pulmonares. Hábitos cotidianos, controles a tiempo y señales a las que hay que prestarles atención.

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Ludmila HudymaSociedad y vida · · lectura 4 min
Cuando la boca avisa: lo que la caída de un diente puede estar contándole al cerebro de un adulto mayor

Acá en el sur, cada vez que paso por el consultorio de la odontóloga veo a Mabel, de Tres Cerros, acomodándose en la sala de espera con un turno que pidió hace tres meses. Tiene 71 años, le faltan tres muelas y me dice, mientras se agarra la mandíbula, que ya casi no va a la peña del barrio porque le da vergüenza masticar frente a los demás. Esa escena chica, repetida en miles de mesas familiares, es la puerta de entrada a un fenómeno que durante años se miró solo como un tema de dentadura y que hoy se está reubicando en un mapa más grande: el de la salud general del adulto mayor.

Una revisión reciente publicada en la revista JAMDA reunió 14 estudios sobre adultos mayores y encontró que quienes habían perdido más de un diente presentaban cerca de un 50% más de riesgo de deterioro cognitivo y alrededor de un 28% más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia. Los propios autores aclaran que se trata de una asociación estadística, no de una relación de causa y efecto comprobada, y remarcan que en esa ecuación entran otros factores: inflamación prolongada, alimentación, acceso regular a atención odontológica y enfermedades previas que cargan las cartas desde antes.

Encías inflamadas, un llamado de atención que va más allá de la boca

La gingivitis, esa inflamación de encías que mucha gente subestima porque al principio solo molesta un poco al cepillarse, aparece en distintos estudios asociada a enfermedades cardiovasculares, a problemas pulmonares, a obstrucciones en vasos sanguíneos y a accidentes cerebrovasculares. Tampoco acá los investigadores pudieron probar una causalidad directa, pero la coincidencia es lo suficientemente firme como para que las guías médicas empiecen a recomendar incluir los controles odontológicos dentro del seguimiento habitual de los adultos mayores, al mismo nivel que un análisis de sangre o un control de presión.

Cuando esa inflamación de encías no recibe tratamiento a tiempo, puede avanzar hacia los tejidos que sostienen los dientes y transformarse en periodontitis. En etapas avanzadas, la periodontitis afloja las piezas y termina provocando la pérdida de dientes, que es justamente el indicador que la revisión de JAMDA relaciona con el salto en el riesgo cognitivo.

Las molestias cotidianas que muchas personas grandes naturalizan

  • Sensibilidad dental: aparece cuando las encías se retraen y dejan expuesta parte de la raíz, y también cuando hay bruxismo, ese hábito de apretar o rechinar los dientes durante la noche. Una férula nocturna, indicada por el profesional, puede reducir la presión sobre las piezas.
  • Boca seca: ocurre cuando se produce menos saliva y dificulta masticar, tragar, hablar y hasta percibir sabores. Es un efecto secundario frecuente de varios medicamentos y puede aparecer asociada a diabetes, accidentes cerebrovasculares, alzhéimer y algunas enfermedades que afectan el sistema inmune.
  • Dificultad para usar la dentadura postiza, dolor al masticar o cambios bruscos en la forma de la encía, señales que conviene no postergar y consultar al odontólogo en lugar de seguir soportándolas en silencio.

La falta de piezas dentales no pega solo en lo físico. En la consulta, varias personas mayores reconocen que evitan conversar, sonreír o sentarse en una mesa larga por la incomodidad con su dentadura. Ese repliegue, cuando se cronifica, alimenta el aislamiento durante la vejez, y el aislamiento, dicen los especialistas, es uno de los factores que más pesa en la salud del cerebro.

“Yo antes iba a todas las fiestas del barrio, ahora si como mal me duele y no quiero que me vean con la boca inflada. Prefiero quedarme en casa leyendo.”Mabel, vecina de Tres Cerros, 71 años

La guía de Harvard Health Publishing que acompaña a este recorrido pone el foco en lo que sí está al alcance de la mano: cepillarse los dientes al menos dos veces por día con pasta con flúor, limpiar entre los dientes con hilo o cepillos interdentales, controlar la diabetes y el consumo de alcohol, dejar el cigarrillo y visitar al odontólogo con regularidad, incluso cuando no duela nada. Para Mabel, como para nosotros, lo que está en juego no es solo una sonrisa: es la posibilidad de seguir sentándose a la mesa con los suyos sin que la boca le marque el límite. Esa es, en el fondo, la esperanza que le queda colgada cada vez que agarra el bolso para ir al consultorio.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida

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