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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando la cabeza nos juega una mala pasada: señales que merecen una consulta y no un autodiagnóstico

Ver cosas que nadie más ve, sentir que la casa se encoge o sostener creencias firmes sobre la salud o la pareja son experiencias que preocupan. Cómo distinguirlas y por qué la evaluación profesional marca la diferencia.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida · · lectura 5 min
Cuando la cabeza nos juega una mala pasada: señales que merecen una consulta y no un autodiagnóstico

Me escribe Cristina, de Barrio San Martín, y me dijo algo que a mí me dejó pensando: "Mirá, yo durante meses vi una señora sentada en la vereda de enfrente que nadie más veía, y cuando fui al oftalmólogo me terminaron explicando que era el ojo el que me estaba jugando una mala pasada, no la cabeza". Esa es, justamente, la clase de experiencia que abre este tema: ver imágenes que otros no perciben, notar alteraciones en el tamaño del cuerpo o del entorno, o sostener creencias firmes que afectan la vida diaria. Y acá en el sur, como en cualquier otro rincón del país, la pregunta de Cristina sobrevuela a miles de personas: ¿esto es grave? ¿Tengo que ir al médico? ¿O me lo banco en silencio y listo?

La verdad de los materiales que importa es esta: no hace falta tener un diagnóstico bajo el brazo para pedir una evaluación médica. Los cambios repentinos en la visión, las distorsiones persistentes del tamaño de las cosas o las sensaciones físicas sin una causa clara son motivos de consulta, y también lo son las creencias firmes sobre la salud propia o sobre personas cercanas que generan un malestar intenso y complican los vínculos cotidianos. En otras palabras: si algo de lo que percibís o pensás te está modificando la vida, ya es razón suficiente para sentarse frente a un profesional.

Tres palabras que no significan lo mismo

Antes de seguir, vale una distinción que a mí me parece central y que muchas veces se pierde en la conversación de la familia o del café: una distorsión modifica la percepción de algo que efectivamente existe, como sentir que una habitación se agrandó o se achicó; una alucinación es percibir algo sin que haya un estímulo externo que lo produzca, por ejemplo ver una persona donde no hay nadie; y un delirio es una creencia fija que se sostiene aunque haya pruebas en contra. Confundir esos términos no es un detalle menor: cada uno orienta la consulta hacia un especialista distinto y dispara estudios diferentes.

Ver lo que otros no ven: cuando los ojos están en el medio

Acá viene un dato que a mí me parece clave y que desmitifica de cuajo la idea de que ver figuras significa necesariamente un problema psiquiátrico. En el llamado síndrome de Charles Bonnet, personas con pérdida importante de visión pueden percibir imágenes complejas y, al mismo tiempo, reconocer que no son reales. La evaluación, en estos casos, contempla exámenes neurológicos y cognitivos, y cuando la presentación es atípica se piden estudios de neuroimagen para descartar otras causas. Lo que esperamos que pase, en definitiva, es que nadie se quede en su casa pensando "estoy loco" sin antes descartar que el problema pueda estar en otro lado.

Cuando el cuerpo o el entorno "cambian de tamaño"

El otro punto que nos trae el material es el de las alteraciones del tamaño aparente del cuerpo o del entorno, que se conocen bajo el paraguas del síndrome de Alicia en el País de las Maravillas y que pueden modificar la percepción visual, corporal y hasta la noción del tiempo. Una revisión de 169 casos publicada en la literatura médica encontró que la migraña era la causa más frecuente en personas adultas, mientras que en menores de 18 años predominaban las encefalitis. Traducido a la vida cotidiana: si alguien siente que las paredes se mueven o que sus manos se vuelven gigantes, no es un capricho ni una exageración, y necesita contexto clínico para entender qué le está pasando.

También hay manifestaciones que comprometen las creencias sobre uno mismo o sobre los demás: la convicción firme de no existir, de haberse convertido en un animal, o de que una persona cercana fue reemplazada por un impostor. Esas experiencias requieren atención profesional y, sobre todo, no deben leerse como una conducta voluntaria de quien las atraviesa. Lo mismo vale para los celos delirantes, que no se equiparan con los celos de toda la vida o con una discusión de pareja: cuando la creencia se vuelve fija y no se modifica con ninguna prueba, la consulta deja de ser opcional.

Cuando la sensación es que algo camina sobre la piel

Hay un último tramo del material que a mí me parece especialmente importante para nosotros, los que vivimos en ciudades donde el verano húmedo nos pone la piel como un mapa: cuando alguien siente que tiene organismos sobre la piel o debajo de ella, la evaluación tiene que descartar primero una infestación real y otras causas médicas antes de barajar un diagnóstico psiquiátrico primario. Entre esas posibles causas figuran déficits vitamínicos, trastornos tiroideos, infecciones y consumo de sustancias. El tratamiento, como se dice siempre y con razón, depende de lo que el profesional encuentre después de una buena historia clínica.

  • Distorsión, alucinación y delirio no son sinónimos: cambian la consulta y los estudios que se piden.
  • Ver figuras sin estímulo externo no equivale, por sí solo, a una enfermedad psiquiátrica: puede tener causa oftalmológica o neurológica.
  • Alteraciones del tamaño corporal o del entorno necesitan contexto clínico: migraña y encefalitis son causas frecuentes según la edad.
  • Creencias fijas sobre uno mismo o sobre los demás requieren atención profesional y no deben leerse como una decisión voluntaria.
  • Sensaciones de organismos sobre la piel obligan a descartar primero infestaciones reales, problemas tiroideos, déficits vitamínicos o consumo de sustancias.

Ahora bien, ¿qué espero yo que pase con esta nota? Que Cristina, la del inicio, y todos los que se reconocieron en alguna de estas líneas, entiendan que pedir una evaluación no es exagerar ni ponerse una etiqueta encima. Es, simplemente, poner en marcha el proceso para que un profesional cruce los antecedentes, el contexto y las manifestaciones concretas y defina qué tipo de atención necesita cada uno. Acá en el sur, como en cualquier barrio del país, la mejor forma de cuidar la cabeza es no quedarse callado cuando algo no encaja.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida

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