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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando la falta de aire deja de ser un trámite y se vuelve una urgencia: la fibrosis pulmonar que tarda hasta dos años en diagnosticarse

Los especialistas remarcan que la tos seca persistente y la dificultad para respirar merecen una consulta, aunque no siempre significan fibrosis. Alertan sobre los casos asintomáticos en pacientes con enfermedades autoinmunes y piden no naturalizar la pérdida de capacidad ante el esfuerzo.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida · · lectura 5 min
Cuando la falta de aire deja de ser un trámite y se vuelve una urgencia: la fibrosis pulmonar que tarda hasta dos años en diagnosticarse

Acá en el sur, en una guardia cualquiera de un hospital público, la escena se repite más de lo que uno quisiera: una señora de sesenta y tantos se sienta en la camilla, se agarra el pecho y le dice a la enfermera que hace tres meses que no puede subir las escaleras del edificio sin parar en el segundo piso. La médica la ausculta, le pregunta desde cuándo, le pide una tomografía. Esa escena, que parece menor, es exactamente el punto de partida del aviso que están dando los neumonólogos en estas semanas: la fibrosis pulmonar puede tardar hasta dos años en ser diagnosticada, y ese tiempo perdido pesa, y pesa mucho, sobre la calidad de vida de quien la padece.

El dato no es menor, y por eso conviene explicarlo desde el principio. La fibrosis pulmonar es una enfermedad que deja cicatrices permanentes en el tejido de los pulmones y, con el tiempo, dificulta que la sangre se oxigene como corresponde. Puede estar asociada a enfermedades autoinmunes, a la inhalación de ciertas partículas o al uso de determinados medicamentos. Cuando los estudios no logran encontrar un origen claro, los médicos la llaman idiopática. Distinguir de dónde viene el problema no es un capricho clínico: es lo que define el tratamiento y la frecuencia con la que el paciente tiene que volver a controlarse.

Falta de aire, tos seca y la trampa de pensar que es la edad

Juan Ignacio Enghelmayer, neumonólogo del Hospital de Clínicas especializado en enfermedades pulmonares intersticiales, es de los que insiste con un mensaje que parece obvio pero no lo es: perder capacidad para hacer esfuerzos no puede atribuirse automáticamente al envejecimiento. Es cierto que estas enfermedades son más frecuentes después de los sesenta años, pero eso no vuelve normal que a uno le falte el aire caminando dos cuadras. Enghelmayer lo dice con una frase que a mí, como periodista, me quedó dando vueltas: la edad no es un permiso para resignarse.

Hay tres señales que los especialistas piden no dejar pasar. Las ordeno así, como me las dio el material y como se las transmiten a sus pacientes:

  • Falta de aire que aparece con esfuerzos mínimos o que empeora en pocos días: la consulta tiene que ser urgente, sin esperar un turno programado.
  • Tos seca que se sostiene en el tiempo y no se va con los jarabes de siempre.
  • Dificultad para respirar en actividades que antes se toleraban sin problema, como subir escaleras, caminar rápido o cargar una bolsa pesada.

Que aparezcan estas señales no significa que la persona tenga fibrosis pulmonar, aclaran los médicos. Pueden tener muchas otras causas. Pero sí son motivo suficiente como para pedir una evaluación, y eso incluye una tomografía de alta resolución, que es la que permite ver si hubo cambios en el tejido del pulmón. En la auscultación, hay un detalle clínico que me pareció curioso y vale la pena contar: el médico puede escuchar un ruido parecido al sonido del velcro cuando se despega, un indicio que sólo él o ella sabe interpretar.

La fibrosis silenciosa que preocupa a los reumatólogos

Acá es donde la historia se vuelve más delicada, y donde los reumatólogos piden prestar atención. Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, nos explica que hay enfermedades autoinmunes que pueden comprometer los pulmones sin dar ninguna señal respiratoria. Es decir, el paciente no tose, no se ahoga, no siente nada raro, y sin embargo la enfermedad ya está trabajando adentro. Montoya fue tajante en un punto: las personas con esclerosis sistémica tienen que ser evaluadas desde el momento del diagnóstico, sin esperar a que aparezca un síntoma. En el caso de la artritis reumatoidea, la búsqueda se concentra en los pacientes que tienen factores de riesgo.

“En una cohorte argentina en la que participé, el 35% de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no presentaba síntomas respiratorios, y dentro de ese grupo el 40% tenía una afectación extensa en la tomografía.”Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía

Esos dos números a mí me pegan fuerte, se los confieso, porque muestran que la mitad de los pacientes sin tos ni falta de aire tenían, igual, un daño pulmonar importante. La conclusión práctica es una sola: los controles en personas con enfermedades autoinmunes no pueden depender de lo que el paciente siente. Tienen que estar indicados por el especialista y sostenido en el tiempo, porque esperar a que aparezca una molestia es, en muchos casos, esperar demasiado.

Yo soy de las que cree que cuando un tema de salud pública se cruza con la vida cotidiana, lo mejor que podemos hacer los periodistas es bajar la información a tierra. Por eso me parece útil cerrar con lo que cualquier persona puede hacer hoy, acá, en el sur o en cualquier barrio de la Argentina. Si uno siente que le falta el aire para cosas que antes hacía sin problema, la consulta no puede esperar al próximo control de rutina. Si tiene una enfermedad autoinmune, la pregunta concreta para el médico es si corresponde hacer una evaluación pulmonar, aunque no haya tos ni falta de aire. Y si en casa hay un familiar grande que ya naturalizó la fatiga, vale la pena acompañarlo al médico. Nada de esto reemplaza al profesional, pero a veces hace falta que alguien del entorno empuje la puerta de un consultorio.

Lo que la persona espera, y nosotros también, es que esa primera consulta no se pierda en el laberinto de los turnos, que la tomografía se haga a tiempo y que el diagnóstico llegue antes de los dos años que hoy, en promedio, tarda en llegar. Mientras tanto, en las guardias y en los consultorios, la escena de la señora que no puede subir las escaleras se sigue repitiendo. Atenderla como corresponde es, en parte, tarea de todos.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida

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