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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando la grasa se va demasiado lejos: el cuerpo empieza a cobrar la cuenta

Más allá de la estética, el tejido adiposo cumple funciones hormonales y metabólicas que se resienten cuando sus reservas caen a niveles muy bajos, incluso en personas entrenadas. Especialistas y un estudio con más de 700 deportistas ponen en discusión los pisos que suelen tomarse como referencia.

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Belén SosaAmbiente y comunidades · · lectura 3 min
Cuando la grasa se va demasiado lejos: el cuerpo empieza a cobrar la cuenta

Una balanza de baño puede mentir por exceso, pero también por defecto. En un gimnasio de Buenos Aires, donde abundan espejos y gráficos de bioimpedancia, es habitual escuchar que un seis por ciento de grasa corporal es sinónimo de disciplina. Lo que esa cifra suele esconder es que el cuerpo necesita una cantidad mínima de tejido adiposo para funcionar: ese manto que muchos buscan reducir cumple tareas hormonales, energéticas y de protección que no se reemplazan con voluntad ni con proteínas en polvo. Para Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, los valores verdaderamente bajos registrados en estudios con deportistas se mueven en torno al diez por ciento en hombres y del dieciséis por ciento en mujeres, muy lejos del uno o dos por ciento que se asocia, casi como un mito, con la máxima definición muscular.

Por qué el tejido adiposo no es un estorbo

El organismo no acumula grasa solo para sobrevivir a una hambruna imaginaria. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, recuerda que ese tejido produce leptina, una hormona que le indica al cerebro cuánta energía hay disponible y, a partir de esa señal, se regulan desde la saciedad hasta la fertilidad. Cuando las reservas caen en forma sostenida, la señal de leptina se apaga y el cuerpo prioriza unas funciones y relega otras: la reproducción, la reparación ósea o la respuesta inmune pasan a un segundo plano, como si se tratara de un presupuesto familiar donde los primeros recortes golpean a los rubros menos visibles.

“Una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas, y cuando la restricción calórica es intensa, el cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía.”Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan

Lo que cambia cuando la balanza sigue bajando

  • En hombres con alimentación insuficiente, los niveles de testosterona pueden descender, con caída de la energía y del rendimiento físico.
  • En algunas deportistas, la falta de grasa se asocia a irregularidades menstruales o a la desaparición directa del ciclo.
  • El organismo puede empezar a gastar masa muscular como fuente alternativa de energía.
  • La reparación y la generación de tejido óseo se ven perjudicadas, lo que a largo plazo eleva el riesgo de fracturas por estrés.
  • Las reservas reducidas dificultan la respuesta del cuerpo ante infecciones graves, según las observaciones de Karpe.

El exceso, claro, también tiene su propio capítulo. La grasa que se deposita alrededor de los órganos, la llamada grasa visceral, favorece la liberación de sustancias inflamatorias y se asocia con resistencia a la insulina y enfermedades cardiovasculares. Lo que vuelve al tema un rompecabezas es que ni siquiera existe un porcentaje de grasa válido para todo el mundo: la edad, el sexo y la distribución del tejido adiposo modifican la lectura, y las herramientas tampoco se ponen de acuerdo. Una balanza de bioimpedancia puede arrojar resultados distintos según el nivel de hidratación de ese día; los pliegues cutáneos no permiten conocer la grasa que envuelve los órganos, y la densitometría DEXA, que distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, ofrece una foto más completa pero requiere equipos especializados y un costo que no todos los bolsillos están dispuestos a asumir.

La próxima vez que alguien se obsesione con un número en una planilla o en una pantalla de celular, vale la pena mirar un poco más lejos. La composición corporal es una foto con varias capas, y la salud parece defenderse mejor en un rango intermedio que en los extremos que la cultura del fitness suele presentar como ideales. ¿Qué señal del cuerpo seguimos ignorando para sostener un ideal estético que, en el fondo, no es tan saludable como parece?

BS
Belén SosaAmbiente y comunidades

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