Cuando la mentira también lastima: el caso de las chicas de Lomas de Zamora que vivieron una pesadilla hecha con inteligencia artificial
Cuatro adolescentes son investigados en Lomas de Zamora por crear y viralizar imágenes sexuales falsas de sus propias compañeras usando IA. Las víctimas hablan de asco, vergüenza y miedo, y el expediente judicial reabre un debate incómodo: el daño psicológico de un contenido que, técnicamente, nunca ocurrió.
Acá en el sur del conurbano, a esta altura de la semana, ya todos en Lomas de Zamora hablan del mismo tema. Una mañana cualquiera, una chica de secundaria abrió el celular y se encontró con una imagen de su propio cuerpo, desnuda, en un grupo de mensajería. La foto no era real: estaba generada con inteligencia artificial a partir de sus fotos públicas de Instagram. Pero el impacto en ella fue absolutamente real, y eso es lo que a mí, como cronista, me sigue golpeando mientras escribo esta nota. Lo que sigue es lo que reconstruí a partir del expediente judicial, de lo que declararon las víctimas y de lo que se vio en la protesta que organizaron las propias alumnas frente al colegio, en la que madres, padres y docentes se quedaron mirando sin tener muy bien qué decir.
Una investigación que avanza sobre cuatro menores
La Justicia investiga a cuatro adolescentes de un colegio secundario de Lomas de Zamora por la presunta producción y distribución de imágenes sexuales falsas generadas con inteligencia artificial. La causa está caratulada como producción y distribución de material de abuso sexual infantil (MASI), una figura que contempla justamente este tipo de manipulaciones digitales, y se ordenaron allanamientos en el marco de la investigación. Las víctimas, todas alumnas del mismo establecimiento, son chicas que un día fueron a clases sin imaginar que sus propias fotos de perfil, esas que cualquier adolescente sube para mostrarse en las redes, terminarían convertidas en material que ellas describen como una humillación.
“Aunque sé que es falso, me dio vergüenza.”Una de las adolescentes afectadas
Esa frase, que le da título a toda la discusión, la dijo una de las chicas al declarar. Resume algo que los especialistas en grooming y ciberacoso vienen señalando hace rato: que la falsedad técnica del material no neutraliza el daño emocional. No hace falta que el contenido sea verdadero para que la víctima lo viva como una violación. Marta, vecina de Temperley y mamá de una alumna del colegio, me lo puso en palabras de patio: "Mi nena sabe que la foto está hecha con una máquina, pero igual no puede dormir, igual le da asco mirarse al espejo, igual tiene miedo de que alguien se la cruce en la calle y la reconozca". En eso, como sociedad, todavía estamos muy atrasados.
Lo que sintieron las víctimas y por qué tardaron en hablar
- Vergüenza intensa: varias chicas relataron que les daba vergüenza contar lo que había pasado, incluso a sus propios padres, porque no querían que las vieran así, pese a saber que las imágenes estaban manipuladas.
- Asco y sensación de vulnerabilidad: describieron una sensación de estar expuestas sin haberlo elegido, con el cuerpo usado como insumo para algo que nunca autorizaron.
- Miedo por el alcance: "Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo", dijo una de las afectadas, y esa incertidumbre es parte central del daño, porque nadie les garantiza dónde deja de circular el material.
- Desconfianza hacia el colegio: las alumnas dijeron que fueron a hablar con autoridades cuando descubrieron lo ocurrido, pero sintieron que la respuesta institucional fue tardía e insuficiente, y eso profundizó la sensación de estar solas.
A mí lo que más me interesa remarcar, y se lo escuché decir a una de las madres en la marcha, es el silencio inicial. Muchas de las chicas tardaron días, incluso semanas, en contarles a sus familias lo que había pasado. No es que no tuvieran confianza: es que les daba vergüenza, les daba culpa, les daba miedo de que las culparan a ellas por tener fotos públicas en redes. Esa autoculpa es parte del daño y, como sociedad, todavía no sabemos bien cómo abordarla, porque nos falta vocabulario y nos falta formación, sobre todo en las escuelas.
Cómo se obtuvieron las imágenes y cómo circularon
Según lo que se reconstruyó en la causa, las fotografías originales se tomaban de perfiles públicos en redes sociales, principalmente Instagram y TikTok, de las propias víctimas. A partir de ahí, con herramientas de inteligencia artificial accesibles desde cualquier celular, se generaban imágenes de desnudos que se hacían circular en grupos digitales cerrados. En el expediente hay indicios, además, de que el material también se difundió en plataformas de mensajería masivas, lo que vuelve casi imposible rastrear el alcance real. La Justicia ya ordenó el cese de hostigamiento y solicitó medidas para evitar todo contacto entre las partes, mientras los cuatro menores investigados pasaron a modalidad virtual para evitar la convivencia con sus víctimas en el aula.
Cuando la protesta se organizó frente al colegio, una marcha más, pero lo que vi me cambió la cabeza. Eran chicas de distintos años, con carteles escritos a mano, llorando algunas, otras con una decisión en la cara que yo no les había visto nunca. Sus familias estaban atrás, en silencio, y los videos que se viralizaron después traeron testimonios de jóvenes de otros colegios que dijeron haber vivido situaciones parecidas, lo que muestra que este caso no es un hecho aislado, sino la punta visible de algo que está pasando en muchas aulas del conurbano y del resto del país. A los padres les digo lo que me dijo a mí una de las madres en la puerta del colegio: "No alcanza con controlar la tablet, hay que sentarse a conversar sobre lo que suben". A los docentes, lo que me dijo una preceptora: "Necesitamos protocolos, no buenitos". Y a nosotros, como sociedad, lo que nos espera es entender que la próxima foto puede ser la de una hija nuestra, y que ahí, sin ninguna duda, vamos a dejar de mirar para otro lado.
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