Cuando las canciones dicen lo que la gente no se anima: La extraordinaria playlist de Zoey, esa serie que te abraza con un hit de los ochent
La propuesta de Zoey Clarke convierte los sentimientos escondidos en números musicales que mezclan humor, romance y preguntas que muchos lectores de cuarenta para arriba se vienen haciendo hace rato.
Yo siempre digo que hay una frase de mi abuela que resume bastante de lo que uno atraviesa en la vida: 'Lo que no sale por la boca, sale por los ojos'. Y esa idea, que parece tan de cocina de casa de familia, es exactamente el motor de La extraordinaria playlist de Zoey, una serie de dos temporadas que toma esa intuición cotidiana y la convierte en un mecanismo narrativo que sorprende, conmueve y, por qué no, hace cantar al living un domingo a la tarde.
Antes que la pantalla te muestre un escenario con luces, lo que aparece es el mundo laboral y cotidiano de Zoey Clarke, una chica que se mueve entre la oficina, los amigos y la familia como cualquiera de nosotros, hasta que un día le pasa algo raro y empieza a percibir los sentimientos más profundos de la gente que la rodea como si fueran canciones. No es que escuche pensamientos: escucha emociones, y esas emociones llegan tarareadas, coreografiadas, cantadas con arreglos que van de The Beatles a Queen, de Cyndi Lauper a Taylor Swift, pasando por Billy Joel y David Bowie. Es como si el galpón interno de cada personaje abriera sus puertas de golpe y mostrara, en vez de cajas apiladas, un escenario con banda en vivo.
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La habilidad que adquiere Zoey no es un superpío decorativo, sino una llave que abre puertas incomodísimas. En una charla normal con un compañero de trabajo puede aparecer un deseo escondido; en un café con una amiga puede sonar un reclamo que ella jamás se animó a hacer en voz alta; en una cena familiar puede brotar un miedo que lleva años guardado en un cajón. La serie usa esos números musicales para lo grande y para lo chico: para el romance que recién empieza, para la amistad que se tambalea, para el lazo con los padres o con los hermanos que uno cree conocer de memoria y sin embargo guarda un montón de música adentro esperando el momento justo para sonar.
Lo que a mí me resulta más atractivo, y se lo escuché comentar a varias personas alrededor de los cuarenta y tantos, es cómo la serie se anima a hablar de temas que muchas veces quedan debajo de la alfombra: el temor a perder a alguien, la dificultad de acompañar a quien está pasando un momento doloroso, la sensación de saber qué siente el otro y aun así no tener la respuesta correcta para ayudarlo. Porque, claro, escuchar lo que siente un ser querido no viene con un manual de instrucciones. A veces uno descubre que su pareja tiene un miedo profundo y la canción que lo cuenta duele tanto que dan ganas de bajarle el volumen.
Algo parecido al amor
- Comedia romántica con capas: arranca como algo livianito y va sumando peso emocional a medida que avanzan los capítulos.
- Fantasía amable: el recurso de las canciones no asusta, más bien abraza y deja al espectador con ganas de tararear.
- Vínculos familiares en primer plano: padres, hermanos y amigos tienen sus propios números y sus propios dilemas.
- Catálogo musical generoso: hay hits de varias décadas que funcionan como puerta de entrada a recuerdos personales del propio espectador.
- Dos temporadas y a casa: la historia se cuenta sin estirarla de más, lo que para quienes valoran el tiempo es un alivio.
“Saber qué siente alguien no es lo mismo que saber qué hacer con lo que siente. A veces la canción te muestra el mapa, pero el camino lo tenés que hacer caminando.”Zoey Clarke
Para quienes venimos arrastrando una playlist propia desde los tiempos del walkman, la serie funciona casi como una sesión de terapia compartida: uno reconoce sus propias emociones escondidas en esas interpretaciones que los personajes hacen dentro de la historia, y termina entendiéndose un poco más. No es casual que la propuesta haya enganchado a un público adulto que ya tiene cierta edad emocional: cuando uno pasa los cuarenta, empieza a mirar las canciones con otros ojos, porque muchas letras dejaron de ser puro fondo de fiesta y se convirtieron en confesiones que uno se hace a sí mismo.
Dónde verla: en plataformas de streaming, según catálogo de cada operador. Cuándo conviene: una noche de semana en la que sobran dos horas y faltan ganas de pensar demasiado, o un finde donde el plan es justamente dejarse llevar por lo que sienten los demás. Qué se come mientras tanto: si la ven en casa, mi recomendación de siempre es algo sencillo y rico, unas pizzas caseras, unas empanadas de jamón y queso, o directamente pochoclo, que con Queen de fondo pega siempre. Y si la ven con amigos, cada uno lleva una canción para compartir después, como quien abre la puerta del galpón y deja salir lo que tenía guardado.
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