Cuentapropismo sin red: medio millón de pesos al mes y una brecha que se agranda contra los formales
Los trabajadores independientes no registrados cobraron en promedio $541.000 en el primer trimestre, contra $1.391.000 de quienes están formalizados. Más de la mitad no alcanza a cubrir una canasta básica para un solo adulto y la mayoría trabaja sin local ni herramientas.
En las chacras y en los barrios del norte misionero la plata se cuenta de otra manera: lo que entra por mes y lo que queda después de comprar lo que falta. La radiografía que acaba de publicar el Instituto Universitario CIAS sobre los trabajadores por cuenta propia no registrados pinta un cuadro que, traducido a la realidad cotidiana, suena conocido: un ingreso promedio de 541.000 pesos en el primer trimestre de 2026, con una mediana de 400.000 pesos, es decir, que la mitad de ese universo se llevó a casa como máximo ese monto. La cifra, de entrada, marca el tono de la nota: no se trata de un recorte menor ni de un dato técnico para archivar, sino del sueldo mensual de miles de personas que sostienen su familia con changas, ventas de garage, oficios puerta a puerta y un sinfín de arreglos que no figuran en ningún recibo.
La comparación con los que sí están registrados duele, y por eso conviene ponerla en la mesa sin vueltas. Mientras el cuentapropista informal cobró en promedio 541.000 pesos, su par formalizó una factura promedio de 1.391.000 pesos, más del doble, y el ingreso medio del conjunto de los ocupados trepó a 1.104.000 pesos. La brecha también se mide por hora: 4.435 pesos contra 9.154 pesos, una diferencia que refleja tanto el registro como la cantidad de horas trabajadas, ya que los informales dedicaron 30,5 horas semanales frente a las 38 horas de los formales, en parte porque el 29% reconoció tener menos horas de las que deseaba.
Una mayoría por debajo de la canasta básica
El dato más crudo lo aportó el propio CIAS: el 55% de los cuentapropistas informales obtuvo ingresos inferiores al valor de una canasta básica para un adulto equivalente. Es decir, más de la mitad no llegó a cubrir, con lo que ganó en el mes, lo que el INDEC define como umbral mínimo de subsistencia para una sola persona. En un país donde la Canasta Básica Total para un hogar tipo ya supera los 1.300.000 pesos, ese 55% empieza a explicarse como lo que es: trabajadores que viven al borde, no por elección sino por la falta de oportunidades formales.
“Esta inserción laboral responde a un "cuentapropismo de necesidad", asociado a la búsqueda de ingresos cuando no hay alternativa.”Santiago Poy, vicerrector del Instituto Universitario CIAS
El perfil de actividades ayuda a entender de qué se habla cuando se dice "trabajador por cuenta propia". Según la Encuesta Permanente de Hogares, el comercio lidera el ranking con 635.000 personas, alrededor del 30% del total: almacenes de barrio, kioscos, puestos en ferias, ventas por redes sociales y hasta el delivery que se hace en moto propia. Detrás aparecen la construcción de pequeña escala, con 402.000 personas (un 19%), donde entran los arreglos de albañilería, las changas en viviendas y los oficios que se cobran por día. Los servicios personales suman otras 354.000 personas (17%): peluquerías, jardinería, estética, cuidado de personas mayores y niñeros, entre otros rubros.
- Comercio en pequeña escala: almacenes, kioscos, ferias y ventas online, con 635.000 personas.
- Construcción y arreglos del hogar: changas, refacciones y mantenimiento, con 402.000 personas.
- Servicios personales: peluquería, jardinería, estética y cuidado, con 354.000 personas.
- Reparaciones, producción artesanal, transporte de pasajeros y preparación de comida, que completan el resto del universo.
Sin local y sin herramientas: la informalidad como condición
El relevamiento del CIAS agregó un dato que pinta de cuerpo entero la precariedad estructural del sector: el 76% de los cuentapropistas informales no tiene un local a su nombre, y un 22% directamente carece tanto de local como de máquinas y vehículo para trabajar. En otras palabras, más de uno de cada cinco opera con lo puesto, a fuerza de manos, horarios flexibles y movilidad propia, en un esquema donde cada día sin venta o sin changa equivale a un día sin ingreso. En el segundo trimestre de 2026, el conjunto de los trabajadores independientes alcanzó al 25,5% de los ocupados, 1,8 puntos porcentuales más que un año atrás, lo que representa unas 307.000 personas adicionales en esa condición.
Al final del recorrido queda una pregunta que el informe del CIAS no responde pero que sobrevuela cada uno de los números: si el trabajador informal factura en promedio 541.000 pesos y buena parte de sus ventas se mueve en efectivo, sin facturación electrónica ni aportes, quién se queda con la diferencia entre lo que él cobra y lo que el consumidor termina pagando. La respuesta, claro, no aparece en los cuadros: se la llevan los intermediarios, los precios que se forman sin control y la falta de políticas públicas que conviertan ese "cuentapropismo de necesidad" en una opción elegida y no en la única salida que queda cuando se cierra la puerta del empleo registrado.
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