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JUE, 27 AGO 2026
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Dinosaurios en la puerta de casa: Abrams defiende su apuesta más íntima y menos taquillera

El productor reconoce que "El final de Oak Street" no movió la aguja como esperaba, pero insiste en que la diferencia con Parque Jurásico no es un defecto sino la propia razón de ser del film de David Robert Mitchell.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 4 min
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Yo siempre digo que mi abuela de la colonia repetía una frase que me quedó grabada: "Lo que pasa en la cuadra, pasa en el mundo". Y algo de esa sabiduría barrial parece haber atravesado el ADN de "El final de Oak Street", la película de ciencia ficción que J.J. Abrams produjo a través de su querida Bad Robot y que David Robert Mitchell se animó a dirigir en las afueras de cualquier manual de blockbuster veraniego. La premisa es tan simple como desquiciada: dinosaurios sueltos en los suburbios norteamericanos, con sus casas con garage, sus cercos de madera y sus vecinos mirando por la ventana. Ni selvas tropicales, ni islas perdidas en el Pacífico, ni John Williams anunciando el peligro a todo volumen. Acá el peligro llega en el colectivo escolar, y eso, claro, cambia todo.

Ahora bien, pongamos los números sobre la mesa antes de seguir, porque a mí me gusta ir al hueso cuando se habla de cine grande. La película contó con un presupuesto estimado de 80 millones de dólares y, después de su paso por la temporada estival, cerró su recorrido en la taquilla mundial con 89 millones recaudados. Para un estreno que pretendía pelear en la liga de los tanques de julio y agosto, la cifra es, como mínimo, tibia. Y a nadie le sorprenden las preguntas que empezaron a llover sobre si Abrams y su gente habían calculado mal la jugada o si el público simplemente no tenía ganas de volver a cruzarse con dinosaurios después de tantos años.

"Me encantan las películas de Jurassic, pero..."

“Me encantan las películas de Jurassic tanto como a cualquiera, pero esas películas, en su mayor parte, se desarrollan en esas hermosas selvas, en esas islas lejanas. El enfoque de David aquí consistía precisamente en la yuxtaposición de la vida familiar suburbana, absolutamente cotidiana (columpios y furgonetas de helados, piscinas elevadas y autobuses escolares) con los dinosaurios.”J.J. Abrams

Esa declaración de Abrams, que a mí me sonó casi a una autodefensa y a un manifiesto al mismo tiempo, resume bastante bien lo que el film quiso poner en juego frente a una franquicia que ya tiene treinta y pico de años de historia. Para el productor, la comparación con Parque Jurásico era inevitable pero también injusta, porque el punto de partida estético y narrativo era otro. Y uno lo entiende cuando mira la película con detenimiento: acá no hay un parque que funciona como un imán para el desastre, acá hay un barrio donde el desastre se filtra por las rejillas del patio.

Columpios, furgonetas de helados y un tiranosaurio en la vereda

  • La película fue dirigida por David Robert Mitchell, responsable de "Under the Silver Lake" y de la celebrada "It Follows".
  • La producción ejecutiva lleva la firma de J.J. Abrams y su compañía Bad Robot, con un presupuesto estimado en 80 millones de dólares.
  • La recaudación final ascendió a 89 millones en todo el mundo, lejos del umbral que suele considerarse un éxito para un estreno de verano.
  • El elenco está encabezado por Ewan McGregor y Anne Hathaway, dos nombres que no pudieron torcer por sí solos el destino comercial del film.
  • Ambos actores confirmaron que el final que llegó a las salas reemplazó a un cierre más oscuro y complejo que se evaluó durante el desarrollo.

Hay algo que a mí, personalmente, me genera ternura en esta defensa de Abrams, y es que él mismo lo admite sin dobleces: sabe que su película no jugó el mismo partido que Parque Jurásico, y aun así sostiene, con una convicción que se siente genuina, que ese fue precisamente el acierto. "Creo que la gente está deseando ver historias nuevas, historias originales, y para mí, el atractivo innegable de esta película es el hecho de que se desarrolla en los barrios residenciales", dijo. Es una frase que se puede leer como diagnóstico del mercado o como pedido de disculpa elegante, según el cristal con que se mire, y yo honestamente creo que es un poquito de las dos cosas.

Lo que queda flotando, y acá es donde me permito opinar con todas las letras, es una pregunta que va mucho más allá de los dinosaurios y de Abrams y del propio Mitchell: si una ambientación más cercana y familiar puede por sí sola diferenciar a una película de monstruos en un mercado que ya vio literalmente de todo, o si el público masivo sigue prefiriendo, a la hora de sacar la entrada, la escala épica de las islas remotas que ya conoce de memoria. A mí, como espectadora, me gustaría creer que todavía hay hambre de lo raro, de lo que incomoda porque sucede en la esquina de casa y no en un mapa a mitad del océano. Pero los números, otra vez los números, dicen que esa hambre todavía no se traduce en boletos.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos

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