Dos de cada tres hogares argentinos se quedan sin efectivo antes del día 20 y apenas uno de cada diez logra ahorrar
Un relevamiento de Zentrix Consultora muestra que la mayoría de los argentinos llega sin dinero disponible al cierre de la tercera semana del mes, que el crédito se usa para comer y pagar servicios y que la clase baja y los menores de 40 son los más golpeados.
El dato es de los que golpean sin necesidad de demasiada retórica: dos de cada tres argentinos consultados por Zentrix Consultora en su Monitor de Opinión Pública de septiembre que el dinero del mes se les termina antes del día 20, lo que convierte a la última decena en una carrera contra el reloj para llegar a cobro nuevo sin pasar hambre ni acumular deudas impagables. Apenas uno de cada diez consultados consigue guardar algo.
La fotografía que dejó el relevamiento es mucho más cruda cuando se la desagrega por estrato social. En los sectores de menores ingresos, el 59,6 por ciento no llega ni siquiera al día 15 y el 83,3 por ciento se queda sin efectivo antes del 20, con un margen de ahorro inferior al 1 por ciento; el 68,1 por ciento de ese segmento tomó deuda en el último semestre y dos de cada tres lo hicieron para cubrir necesidades esenciales, principalmente alimentos y gastos de salud, y no para mejorar su patrimonio.
El crédito dejó de ser inversión y pasó a ser puente
A nivel general, el 56,2 por ciento de los encuestados reconoció haber tomado deuda en los últimos seis meses, pero el uso que se le da nada tiene que ver con la lógica que imperó durante décadas en la Argentina, cuando el crédito servía sobre todo para adquirir bienes durables, como una heladera, un auto o materiales para refaccionar la casa. Hoy, más de la mitad (55,1 por ciento) pidió plata para pagar comida o gastos de salud, otro 21,3 por ciento la destinó a tarifas y servicios y apenas un 11,8 por ciento la utilizó para comprar bienes durables, un comportamiento que muestra que el endeudamiento dejó de ser una herramienta de movilidad social y se transformó en un puente desesperado hacia fin de mes.
La contracara aparece en los hogares de mayores ingresos: allí solo el 20 por ciento llega sin dinero al cierre del mes, el 61,9 por ciento logra ahorrar y, cuando recurren al crédito, lo hacen en el 63,4 por ciento de los casos para comprar bienes durables, lo que confirma que el acceso al financiamiento sigue dependiendo del bolsillo del que se parta y no de la voluntad de cada familia.
Los jóvenes y la clase media, los más presionados
- Menores de 40 años: el 60,9 por ciento tomó deuda en los últimos seis meses, solo el 3 por ciento logra ahorrar y el 72 por ciento no supera el día 20 con dinero disponible, lo que vuelve a cualquier imprevisto, una enfermedad, una rotura, una diferencia de sueldo, en una nueva vuelta de la rueda del endeudamiento.
- Clase media: el 51,4 por ciento se queda sin ingresos antes de fin de mes y, entre quienes se endeudaron, el motivo más frecuente (29 por ciento) fue pagar servicios, una proporción más alta que en los otros estratos, lo que muestra que aun en ese segmento el crédito se usa para mantener encendidas las luces, el gas y el teléfono.
- Clase baja: el 83,3 por ciento no supera el día 20, el 68,1 por ciento tomó deuda en el semestre y la capacidad de ahorro es inferior al 1 por ciento, un cuadro que describe una economía familiar en estado de subsistencia permanente.
El cuadro se completa con otro dato que atraviesa a toda la pirámide social: el 81,8 por ciento de los consultados siente que sus ingresos no acompañaron a la inflación, una percepción que desde marzo no baja del 81 por ciento y que tocó un pico del 87,4 por ciento en julio, lo que habla de un descreimiento extendido y de fondo sobre la capacidad de los salarios y las jubilaciones para seguirle el paso a los precios.
Sobre el rol del Estado frente a la morosidad, el 67 por ciento de los encuestados espera alguna forma de intervención y, dentro de ese grupo, la mayoría (61,3 por ciento) pide regular las condiciones de otorgamiento de crédito, mientras que solo el 7,5 por ciento reclama una condonación de deudas. La diferencia no es menor: indica que la sociedad acepta convivir con el endeudamiento, pero reclama que no sea una trampa.
La pregunta que queda flotando
El cuadro que dejó Zentrix deja a la vista una pregunta incómoda, que atraviesa toda la nota y que cada argentino se hace mirando el calendario: cuando dos de cada tres familias se quedan sin efectivo antes del día 20, cuando el crédito ya no sirve para comprar sino para comer, y cuando solo uno de cada diez puede guardar algo, la discusión de fondo deja de ser si el mercado financiero funciona y pasa a ser quién se queda con la diferencia entre un salario que no alcanza y una inflación que tampoco se detiene. Esa respuesta no la tienen los consultores ni los bancos: la tienen, mes a mes, las familias que cuentan los días hasta el próximo sueldo.
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