El Atlético se dio un banquetazo antes del clásico y ahora le hace la cama al Real Madrid
Los de Simeone golearon 4-0 a Osasuna en el Metropolitano con goles de David, Lee, Le Normand y Baena, y llegan al derbi con el arco cerrado y la libreta abierta. Julián Álvarez pica en punta para volver.
Primero una confesión: el calor en Madrid estos días es de esos que te obligan a decidir entre salir a comprar pan o quedarte en casa filosofando sobre las decisiones de vida. Pero bueno, el Atlético de Madrid, que tampoco es que se caracterice por hacer una de las dos, salió a la cancha, le pasó por encima a Osasuna como quien no quiere la cosa y ya lleva siete goles en dos partidos sin recibir ni uno. La cuenta, para los que se perdieron el finde, es 4-0 en el Metropolitano, con Jonathan David, Kang-in Lee, Robin Le Normand y Álex Baena como autores del crimen. Y todo esto, claro, a días de visitar al Real Madrid en un clásico que tiene a medio país con el wifi recalentado.
El equipo de Simeone venía de comerse a la Real Sociedad por 3-0 y ahora repitió dosis. El técnico argentino, fiel a su estilo, seguramente lo trabajó como si fuese un partido de ajedrez y no un partido de fútbol, pero el resultado fue tan contundente que hasta sus críticos más ferrugrientos se quedaron sin argumentos. Cristian Romero fue titular, se comió la cancha y hasta se dio el lujo de cabecear dos veces y probar de afuera del área, porque ya que está, ¿por no intentar? Mientras tanto, Johnny Cardoso se sacó el traje de feriante y repartió tres asistencias como si fuera un vendedor de pan dulce en Navidad.
David, el canadiense que ya se siente en casa
El primer gol llegó tras un rechazo del arquero Aitor Fernández y lo metió Jonathan David, un canadiense que llegó a préstamo de Juventus y que ya parece estar jugando en el barrio desde chico. El dato de color: ningún jugador del Atlético marcaba en sus primeros dos partidos de Liga desde que lo hizo un tal Juan Esnáider en 1996, es decir, cuando los celulares tenían antena y todavía se discutía en la calle. Compartió la delantera con Ademola Lookman, otro que está haciendo ruido en el Metropolitano, así que Simeone tiene el archivo abierto para armar el nueve del clásico.
Con el 1-0 todavía tibio, Osasuna encontró el empate por medio de Íñigo Arguibide, pero el linterna, digo, el juez de línea cobró una falta previa de Lucas Torró sobre Le Normand y todo quedó en un susto. En el segundo tiempo, Lee amplió la diferencia y hasta le pegó al travesaño, porque el Estadio pesa, pero también rebota. Le Normand y Baena completaron la obra, y a los pibes les quedó la sensación de que todavía hay nafta para varias fechas más. Giuliano Simeone entró en los últimos 25 y, como buen hijo del técnico, corrió como si le debieran dinero.
“Vino para ser importante en el club y en el equipo. Lo veníamos buscando hacía dos años y finalmente se pudo dar.”Diego Simeone
Julián Álvarez, la gran duda del clásico
Mateu Alemany, director deportivo del Atlético, dejó la puerta abierta antes del partido: Álvarez se perdió los últimos dos encuentros por una sobrecarga en el cuádriceps y quiere estar en el clásico, vaya o no vaya el protocolo médico. Lo que es lo mismo: la Araña está haciendo fuerza para reaparecer. Si llega en condiciones, Simeone pasa de tener una sola opción ofensiva a tener un menú de tres o cuatro platos, y eso frente al Real Madrid es como ir a un asado y que te sirvan bife de chorizo, vacío y entraña. Alexander Sorloth, el noruego de la mano caliente, también sigue entre algodones. Uno imagina la pizarra de Simeone a esta hora: café, mate y un rosario al lado del teléfono.
Si el Atlético gana el clásico, la frase del año será de la prensa de Madrid y no mía, pero si lo pierde, ya sabe, compañero lector: recuerde que yo, Gabriel Gauto, me reservo el derecho de errar. En cualquier caso, el equipo del Cholo llega entonado, con hambre y con la calculadora encendida. El Madrid, que ya sabe cómo son estos partidos, va a tener que poner la mejor mesada o el sábado lo come crudo. Ahora solo queda esperar que el reloj avance, que las nubes se corran, y que la pelota, que sigue siendo redonda, decida por nosotros.
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