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MAR, 20 OCT 2026
Vida

El consultorio del pediatra, esa trinchera cotidiana donde se libran las batallas más chicas y más grandes de la crianza

Fiebre, golpes,Selectividad alimentaria, pantallas y bullying: el mapa de dudas que las familias argentinas desfilan ante el profesional que acompaña a los chicos desde el primer día hasta la adolescencia. En el Día Nacional de la Pediatría, una recorrida por las preguntas que más resuenan en los consultorios de acá en el sur.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida · · lectura 4 min
El consultorio del pediatra, esa trinchera cotidiana donde se libran las batallas más chicas y más grandes de la crianza

Son las diez de la mañana y en el consultorio de la doctora ya hay tres mamás esperando con sus hijos en brazos. Una le toma la fiebre al nene con el dorso de la mano, otra le pregunta por WhatsApp al marido si llevó el repelente y la tercera, Laura del barrio Sarmiento, le cuenta a la secretaria que el chico no durmió en toda la noche porque tosió hasta vomitar. Acá en el sur, en cada pueblo y en cada ciudad, esta escena se repite todos los días, varias veces por día, desde hace más de un siglo. Y este 20 de octubre, cuando se conmemora el Día Nacional de la Pediatría, vale la pena detenerse a pensar en quién es ese profesional al que las familias siguen llevando sus miedos, sus culpas y sus preguntas más íntimas.

Una fecha con historia y con mucho peso

La Sociedad Argentina de Pediatría se fundó el 20 de octubre de 1911, lo que la convierte en una de las entidades pediátricas más antiguas del mundo: la Société Française de Pédiatrie recién se estableció en 1929 y la American Academy of Pediatrics en 1930. Catorce años después, durante un Congreso Mundial de Pediatría realizado en nuestro país, se instituyó esa jornada como el Día Nacional de la Pediatría. Es decir: no es un invento de calendario, sino el reconocimiento a una disciplina que abrazó el seguimiento del niño sano y, a la vez, el arte de diagnosticar y tratar cuando algo se enferma. Controles de crecimiento, vacunas, sueño, alimentación: todo eso entra en la atención habitual que recorre desde los primeros días de vida hasta la adolescencia.

Las preguntas que más vuelven al consultorio

  • Fiebre: una de las razones de consulta más comunes. Los pediatras insisten en que el foco debe estar en el estado general del niño y en la causa del cuadro, no en el número del termómetro. En bebés pequeños, o ante decaimiento, dificultad para respirar, llanto inconsolable o manchas en la piel, la consulta no puede esperar.
  • Golpes en la cabeza: pérdida de conocimiento, vómitos reiterados, dolor intenso, cambios de conducta o una somnolencia fuera de lo habitual son señales que exigen valoración inmediata.
  • Tos y vómitos: la automedicación puede agregar riesgos, sobre todo cuando se combinan productos con componentes parecidos. La indicación profesional suele ser la mejor noticia.
  • "No come nada": el apetito varía con la edad, con el crecimiento y con el ánimo. La consulta ayuda a distinguir una selectividad transitoria de una situación que pide un cambio concreto.
  • Pantallas: en los últimos años se sumaron al listado, junto con el descanso, el juego y las rutinas del hogar.
  • Bullying y ciberbullying: pueden extendirse fuera de la escuela a través de chats, redes y videojuegos, y aparecen enmascarados de cansancio, dolor de panza, alteraciones del sueño o cambios de humor.

Cuando el termómetro no lo explica todo

A mí, como a cualquier madre o padre que haya pasado una madrugada en vela con un nene ardiendo, me tocó escuchar esa frase tranquilizadora que a veces el pediatra repite: la fiebre es un síntoma, no la enfermedad. Por eso los especialistas remarcan que no alcanza con mirar el reloj y darle un antitérmico: lo que hay que mirar es cómo está el chico, si juega, si responde, si respira bien, si se queja de algo puntual. Esa mirada integral es, probablemente, lo más valioso que ofrece la pediatría moderna frente a la ansiedad del termómetro digital.

Comer, dormir y conectarse, los nuevos territorios

Lo que comemos, cómo dormimos y cuánto tiempo pasamos frente a una pantalla dejó de ser un tema de la casa para ser un tema del consultorio. La Sociedad Argentina de Pediatría viene alertando sobre el ciberbullying, ese acoso que no se queda en el patio de la escuela sino que persigue a los chicos por WhatsApp, por Instagram y hasta adentro de un videojuego. La entidad lo distingue de un conflicto aislado por tres características: intención de causar daño, repetición y desequilibrio de poder. Cuando esas tres cosas aparecen juntas, lo que empezó como una broma puede terminar en un cambio de ánimo, en un dolor de panza recurrente o en un chico que se niega a ir a la escuela.

A mí, que vengo siguiendo estas historias de familias y de profesionales desde hace años, lo que más me queda de cada fecha como ésta es la imagen de Laura del barrio Sarmiento saliendo del consultorio con la receta, con la explicación, y sobre todo con la certeza de que no está sola criando. Porque eso es, en el fondo, lo que uno espera cuando cruza la puerta del pediatra: que alguien mire a su hijo entero, que alguien le explique lo que pasa sin apurarlo y que alguien lo acompañe hasta el próximo control. En un mundo que cambia cada vez más rápido, el pediatra sigue siendo esa presencia conocida que crece junto con el chico, desde la primera vacuna hasta la última revisación antes de la adultez. Y eso, acá en el sur y en cualquier esquina del país, no es poca cosa.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida

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