El crédito para las familias se volvió una carrera de obstáculos: tasas de hasta el ciento por ciento anual y mora que ya toca al trece por ciento
Bancos y fintech recortaron límites, suspendieron tarjetas y endurecieron el filtro para otorgar préstamos, mientras el saldo de financiamiento a las familias cae en términos reales y la mora trepa al 12,9%, según el Informe sobre Bancos del Banco Central
Conseguir un préstamo personal o financiamiento con tarjeta de crédito en la Argentina de fines de 2025 se transformó en una prueba de fuego para las familias, porque tanto los bancos tradicionales como las plataformas fintech decidieron pisar el acelerador a la inversa, restringir el crédito y concentrar sus líneas en una porción cada vez más chica de clientes, los que exhiben los mejores antecedentes de pago, mientras el resto queda afuera o paga tasas nominales anuales cercanas al sesenta por ciento y un costo financiero total que, según los propios operadores del mercado, ronda entre el noventa y el ciento por ciento anual, un nivel que no hace otra cosa que profundizar el enfriamiento del consumo y empujar a los hogares más comprometidos a un callejón sin salida donde la deuda se paga con más deuda.
Tarjetas suspendidas y límites congelados
El primer síntoma de este giro se percibe en la propia billetera, cuando el plástico que funcionaba sin tropiezos aparece como suspendido o con un tope que no se actualiza desde hace meses. Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, describió que una parte de los clientes con deudas irregulares ya tienen sus tarjetas bloqueadas y que, sobre el resto, las entidades aplican topes más bajos y políticas comerciales más prudentes que en el pasado reciente.
“Algunos clientes con deudas irregulares tienen los plásticos suspendidos y, sobre el resto, las entidades aplican restricciones para actualizar los límites, lo que reduce el margen disponible para nuevas compras”Guillermo Barbero, socio de First Capital Group
El Informe sobre Bancos del Banco Central marca la contracara de esa decisión empresaria: la mora de los créditos otorgados a las familias trepó hasta el 12,9%, un umbral que las propias entidades reconocen como una señal de alerta y que explica por qué los departamentos de riesgo dejaron de lado las promociones agresivas y empezaron a concentrar sus esfuerzos en recuperar a los clientes con dificultades antes que en seducir a nuevos consumidores.
- Crédito total a las familias: caída interanual del 7,6% en términos reales al cierre de agosto, según First Capital Group.
- Préstamos personales: diez meses consecutivos de retroceso en el stock.
- Tarjetas de crédito: baja real del 0,3% mensual y del 10,1% interanual.
- Créditos hipotecarios: saldo de 8,6 billones de pesos, con aumento real del 3,1% mensual y del 36,1% interanual.
Esa foto combina, como pocas veces, dos movimientos que se retroalimentan: por un lado, una oferta financiera más estricta, con tasas que se comen cualquier proyección de salario y requisitos de ingresos y antigüedad que dejan afuera a buena parte de los trabajadores registrados y, por el otro, una demanda más contenida incluso entre los clientes con mejor calificación crediticia, que prefieren no endeudarse porque perciben que el costo de tomar dinero ya supera con holgura la evolución de los precios y de los propios ingresos, en un país donde la inflación, aunque cedió, todavía erosiona cualquier cálculo a plazo fijo o a cuota fija.
En paralelo, el segmento hipotecario muestra una dinámica opuesta y se convierte en la excepción que confirma la regla: con un saldo de 8,6 billones de pesos y un crecimiento real del 36,1% interanual, los créditos para vivienda lideran la expansión dentro del sistema, impulsados por líneas bancarias ajustables por UVA y por acuerdos salariales que, en algunos casos, cierran la ecuación entre cuota e ingreso, lo que deja al descubierto que el problema no es tanto la voluntad de tomar deuda a largo plazo sino la imposibilidad de bancar los costos siderales del financiamiento de corto plazo para bienes durables, pago de servicios o consumo cotidiano, y abre un interrogante que ningún funcionario del área económica terminó de responder: si las tasas activas se mantienen en esos niveles y la mora sigue creciendo, quién se queda finalmente con la diferencia entre lo que las familias pagan de más y lo que el sistema reconoce como riesgo, porque del lado de los bancos las ganancias siguen apareciendo en los balances y del lado de los hogares, lo único que se acumula es incertidumbre.
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