El galpón todavía huele a pochoclo: cuando Hugh Grant estuvo a punto de salvar "Dos hombres y medio" y se escapó en el último segundo
Chuck Lorre cuenta en sus memorias que el actor británico tenía el contrato en la mano, pero se fue sin firmar. Ashton Kutcher terminó ocupando el lugar y la serie siguió hasta 2015. Una historia con fantasmas de plató, ofertas millonarias y un miedo muy concreto.
Le juro por mi abuela, la de la colonia, que cuando me enteré de esta historia me quedé mirando el techo como si la pared me fuera a contar algo: resulta que Hugh Grant, el hombre de las cejas eternas y el tikus de la sonrisa tímida, estuvo a punto de meterse en "Dos hombres y medio", esa comedia que en muchísimas casas argentinas sonaba de fondo mientras alguien planchaba o peleaba con el control remoto.
La data recién la está contando Chuck Lorre, el creador de la serie, en un adelanto de sus memorias llamadas "Sitcom", y a mí me parece una de esas perlitas que uno guarda para el café de las once: en 2011, cuando Charlie Sheen se fue dando un portazo, los productores de CBS necesitaban un reemplazo rápido para sostener uno de los programas más vistos de la televisión norteamericana, y el primer nombre que se les prendió la lamparita fue el del británico.
"I'll be there for you" (o casi)
Cuento lo que se sabe, porque la idea es no inventar ni una coma. Lorre y su socio Lee Aronsohn se sentaron cara a cara con Grant, escribieron un par de escenas de prueba para mostrarle cómo sería su personaje y le tiraron sobre la mesa una oferta que a cualquiera le hacía ruido en el bolsillo: 750.000 dólares por episodio y nada más que cuatro días de trabajo por semana. Dólares de hace más de una década, sí, pero aún así era una montaña de plata.
El quilombo, claro, apareció donde menos lo esperaba la producción. Grant les dijo, mirándolos a los ojos, que actuar frente a un público en vivo le daba un cagazo genuino, y eso en las sitcom yanquis es un clásico: estudio lleno, risas reales, calor de esas butacas. Lorre, que no es ningún improvisado, le ofreció una salida elegante: sacar al público del plató y usar las risas enlatadas de la posproducción. Cero exposición, cero estómago revuelto.
"Somebody that I used to know"
Con esas condiciones arregladitas, Grant llegó a tener el contrato en la mano, según cuenta Lorre. Pero hete aquí, querido lector, que el hombre agarró el papel, lo miró, se levantó de la silla y se fue. Abandonó la reunión y dejó de responder los mensajes. Días después, su entorno comunicó que había decidido no sumarse. Y se terminó el sueño.
- 750.000 dólares por episodio era la oferta que Lorre y Aronsohn pusieron sobre la mesa.
- La jornada laboral prometía ser de apenas cuatro días por semana.
- Grant nunca había hecho una sitcom con público en vivo y confesó que le daba temor.
- El actor firmó escenas de prueba que jamás llegaron a filmarse.
- Ashton Kutcher debutó en la temporada 9, en septiembre de 2011.
- La serie bajó el telón definitivo en febrero de 2015.
Al final, como tantas veces en este oficio de hacer tele, el reemplazo que quedó en el casting fue Ashton Kutcher, que se acomodó en la butaca de Walden Schmidt desde la novena temporada y aguantó cuatro años más al frente del living más descontrolado de la televisión gringa, hasta el capítulo final en febrero de 2015.
Uno, que es de mirar el vaso medio lleno y de no guardarle rencor a nadie, se queda con la duda razonable: ¿habría cambiado algo si Grant firmaba ese papel? ¿Otro ritmo, otra química, otro final? Preguntas que hoy son sólo un ejercicio de living con amigos, porque el contrato nunca se firmó y la sitcom siguió su camino sin volver la vista atrás.
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