El Malacara invita a caminar entre las entrañas de un volcán dormido en Mendoza
En el paraje La Batra, cerca de Malargüe, el paisaje esconde pasadizos excavados por la erosión entre depósitos volcánicos de colores contrastados. La familia Quezada administra un campo que pasó del ganado al turismo, con la geología como atractivo principal.
En el sur mendocino, donde el viento arrastra polvo volcánico y la línea del horizonte se corta en cerros bajos, el Malacara se abre como una herida vieja en la tierra. Quienes llegan hasta el paraje La Batra, a pocos kilómetros de Malargüe, descubren que el volcán no es una mole inaccesible sino un laberinto de pasadizos excavados por la erosión entre depósitos volcánicos de colores contrastados, con paredes que van del amarillo más intenso al negro profundo y una luz tenue que se filtra por las grietas superiores como si el propio cerro respirara hacia adentro. La familia Quezada administra desde hace más de dos décadas un campo de cientos de hectáreas donde antes solo corría el ganado y hoy se ofrecen caminatas que atraviesan dos de las tres grandes cárcavas del volcán y terminan en un mirador con vista hacia la laguna de Llancanelo, espejo distante que contrasta con la aridez del terreno.
Una geología que se lee en los colores
La primera impresión al internarse en el Malacara es cromática: ocres, amarillos sulfurados, grises plomizos y negros de basalto se alternan en capas onduladas que el visitante puede tocar con las manos, aunque los guías recomiendan no hacerlo porque los depósitos se desgranan con facilidad. Esa paleta no es decorativa sino un libro abierto sobre el origen del cerro, según explica la geóloga e investigadora de la Universidad de Buenos Aires Corina Risso, que llegó al lugar en el año 2000 de la mano de Alberto "Beto" Quezada y dos años más tarde presentó en Malargüe las investigaciones que terminaron por convertir al volcán en un destino educativo y turístico. La científica sostiene que el Malacara se formó por la interacción del magma con agua, probablemente de una laguna antigua, y que ese encuentro fragmentó la lava y alteró los minerales hasta producir buena parte de las superficies amarillas que hoy dominan las paredes interiores.
“Cuando el agua dejó de intervenir, la erupción continuó y se acumularon materiales oscuros sobre los anteriores. Mucho después, la erosión abrió los corredores que se recorren durante la visita.”Corina Risso, geóloga e investigadora de la UBA
El recorrido propone una caminata de moderada que combina observación geológica y contemplación del paisaje, con un tramo final que asciende hasta un mirador natural desde el que se distingue, a lo lejos, la laguna de Llancanelo, un espejo de agua salobre reconocido por su biodiversidad y por ser punto de paso de aves migratorias. La diferencia entre lo que describen los informes académicos sobre este tipo de volcanes hidromagmáticos y lo que se observa en el terreno es notable: los tres cráteres que el Malacara tiene en su parte alta quedan prácticamente ocultos para quien lo recorre desde abajo, disimulados por la forma del terreno y por la vegetación baja que se aferra a las laderas.
- Ubicación: paraje La Batra, departamento de Malargüe, sur de Mendoza.
- Formación: volcán hidromagmático con interacción entre magma y agua.
- Recorrido: atraviesa dos de las tres cárcavas principales y sube a un mirador.
- Mirador: vista panorámica hacia la laguna de Llancanelo.
- Administración: familia Quezada, con apoyo de guías locales.
- Origen turístico: investigaciones de la geóloga Corina Risso, iniciadas en 2000.
El acceso al predio también cuenta una historia de transformación: las primeras salidas se hacían a caballo por senderos internos del campo, hasta que en 2006 una antigua huella petrolera fue reacondicionada con maquinaria y hoy permite ingresar con camioneta hasta el pie del volcán. En paralelo, la familia que criaba animales en esa fracción del campo fue reconvirtiendo su actividad hacia el turismo de naturaleza, un proceso que se consolidó cuando los estudios de Risso le dieron al lugar un encuadre científico que atrajo a visitantes interesados en entender, paso a paso, cómo se escribe la historia de un volcán en sus propias paredes. La pregunta que queda dando vueltas después de la caminata es inevitable: ¿qué otros secretos guardan los cerros del sur mendocino que todavía no fueron recorridos a pie?
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