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VIE, 16 OCT 2026
Economía

El oficial se plantó en mil quinientos cuarenta y el blue se corrió cinco pesos en una rueda donde la pizarra se movió apenas

La cotización del Banco Nación cerró sin cambios y el dólar paralelo terminó en mil quinientos cincuenta, mientras el mayorista completó tres jornadas en mil quinientos veinte y el volumen negociado superó los quinientos millones de dólares.

OM
Oksana MelnikCampo y yerba · · lectura 4 min
El oficial se plantó en mil quinientos cuarenta y el blue se corrió cinco pesos en una rueda donde la pizarra se movió apenas

La pizarra del Banco Nación repitió el mismo número al cierre de la jornada: mil quinientos cuarenta pesos para la venta al público, sin variación respecto del día anterior, en una rueda donde la atención se repartió entre la parsimonia del segmento oficial y la marcha lenta pero ascendente de la plaza informal, que terminó empujando al blue hasta los mil quinientos cincuenta pesos, cinco pesos por encima del cierre previo, con un recorrido que durante la mañana había tocado un piso de mil quinientos cuarenta y un techo mayor al momento de definir el precio final.

Las dos referencias para el bolsillo: el oficial y el paralelo

Para quien mira los portales bancarios antes de organizarse el mes, el relevamiento que publica a diario el Banco Central arrojó un promedio de mil quinientos cuarenta y un pesos con cuarenta y un centavos para la venta minorista, mientras que la cotización de compra se ubicó en mil cuatrocientos ochenta y ocho pesos con cinco centavos, de modo que la diferencia entre lo que paga una persona cuando quiere hacerse de dólares y lo que recibe cuando los vende vuelve a quedar en el orden de los cincuenta pesos, una brecha que se sostiene en el tiempo y que condiciona cualquier cálculo de bolsillo en un contexto donde el peso sigue perdiendo poder de compra frente a la moneda estadounidense.

En el mercado mayorista la calma fue todavía mayor: el dólar de referencia cerró una vez más en mil quinientos veinte pesos y completó de esa manera tres ruedas consecutivas en el mismo nivel, con un volumen negociado en el segmento de contado que alcanzó los quinientos nueve millones seiscientos mil dólares, una cifra que muestra a las claras que la actividad no se detuvo pese a la estabilidad del precio, lo que confirma que cuando el mercado se tranquiliza no es porque falten operaciones sino porque los operadores interpretan que el techo de intervención se mantiene firme en torno a ese valor.

La mano viene de afuera: el real se apreció y la competitividad cambiaria mejoró

El movimiento más relevante de la jornada se registró sin embargo lejos de la city porteña: en San Pablo, el dólar descendió hasta cuatro reales con noventa y ocho centavos, su menor cotización desde el pasado doce de mayo, en el marco de una semana en la que la moneda brasileña acumuló una apreciación del cuatro coma ocho por ciento y dejó al descubierto una vez más el contraste de trayectorias entre ambos países, porque mientras en lo que va de dos mil veintiséis el billete verde subió un cuatro coma cinco por ciento en la Argentina, en Brasil retrocedió un nueve coma seis por ciento, una diferencia que no se explica por los fundamentos de cada economía sino por el tipo de anclaje cambiario que cada gobierno eligió sostener.

Esa dinámica tuvo su correlato automático en los indicadores que publica el Banco Central para medir la competitividad de la moneda argentina frente al resto del mundo: el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral avanzó un punto y se acercó a ochenta y seis, su valor más alto desde el doce de septiembre, mientras que el indicador bilateral con Brasil trepó hasta un nivel que no se veía desde el once de mayo, lo que en los papeles significa que la Argentina se encareció respecto de su principal socio comercial y que, si se traduce en precios, debería mejorar las exportaciones manufactureras de origen nacional y, en paralelo, encarecer los productos importados que llegan desde el mercado brasileño.

La pregunta que sobrevuela toda esta foto es de orden práctico y se la hace cualquier colono del interior cuando pasa por la cooperativa a retirar su yerba o su té antes de fin de mes: si la moneda brasileña se fortalece y el peso argentino se atrasa respecto del real, ¿quién se queda con la diferencia?, porque del dicho a la práctica siempre media un recorrido largo y, mientras los indicadores macro muestran una mejora de la competitividad cambiaria, en la chacra la sensación dominante es que los costos suben al ritmo del blue, los insumos importados llegan más caros y el precio final de la cosecha no termina de traducir esa mejora teórica en un bolsillo más holgado para quien produce la materia prima, de modo que la respuesta a la pregunta del cierre sigue pendiente y la pulseada entre el índice del Banco Central y la realidad de las economías regionales se dirime, como casi siempre, en la tranquera de cada establecimiento.

OM
Oksana MelnikCampo y yerba

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