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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Esteban Fontana, el abogado sordo que hizo retroceder al silencio en la Patagonia

Nació con hipoacusia profunda en Neuquén, soportó años de violencia escolar y se recibió de abogado con calificación sobresaliente. La Legislatura provincial lo reconoció como el primer profesional sordo de la región y su historia reaviva el debate por la inclusión en la universidad.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida · · lectura 5 min
Esteban Fontana, el abogado sordo que hizo retroceder al silencio en la Patagonia

Son las dos de la tarde en una oficina del centro neuquino y Esteban Fontana, de 41 años, recibe el llamado con una sonrisa que delata todo el peso del momento. La Legislatura acaba de declarar de interés legislativo su título de abogado, el primero que un chico hipoacúsico consigue en la Patagonia. En la línea se le escucha la voz modulada con esfuerzo, sostenida por dos décadas de trabajo con un fonoaudiólogo que se volvió casi un hermano. Cada palabra que pronuncia hoy fue masticada primero, repetida decenas de veces hasta encontrar el punto exacto donde la lengua y el aire cooperan. Acá en el sur del país, donde las distancias pesan y la inclusión a veces llega tarde, este expediente abierto en la Universidad Siglo 21 ya tiene carátula propia: la de una derrota de los pronósticos que lo querían afuera.

A la salida del colegio, en el barrio Copol, todavía resuena la frase de Noelia. Su hermana lo frenó en seco cuando tenía ocho años y el mundo se le caía encima a pedazos. «Esperá, porque en el futuro te esperan cosas muy lindas», le dijo entonces, con esa autoridad que tienen los hermanos mayores en las crisis. Aquella tarde quedó grabada como un mojón en la cabeza de Esteban, que después de cinco años soportando empujones, burlas y aislamiento resolvió hacerse una promesa íntima: pasara lo que pasara, iba a demostrar que podía ser alguien valioso. La promesa caminó con él durante toda la primaria, lo acompañó en dos secundarios distintos y desembocó, mucho después, en el aula de un profesor de Derecho que tuvo la paciencia de hablar despacio el día de la tesis.

Veinte años con un fonoaudiólogo y una tesis sobre maternidad en la cárcel

El punto de partida estuvo en el consultorio. Cuando el diagnóstico de sordera profunda cayó sobre la familia, los padres de Esteban reaccionaron como reaccionarían cualquier padre y cualquier madre del Alto Valle: salieron a buscar respuestas. No había antecedentes en la casa, ninguna pista genética, apenas un bebé al que le costaba conectarse con los sonidos del mundo. Un fonoaudiólogo los recibió y se quedó durante cerca de veinte años. Con esa paciencia que sólo aparece cuando hay un vínculo genuino, le enseñó a leer, a modular, a construir palabra por palabra el puente hacia un entorno que se maneja, casi siempre, de manera oral. La lectura labial, esa herramienta de espías que Esteban volvió propia, terminó siendo la muleta invisible con la que resolvió materias, reuniones de consorcio, entrevistas laborales y, ahora, conversaciones con clientes.

“Gracias a ese esfuerzo, aprendí a leer, a modular, a hablar, a construir palabra por palabra un puente hacia el mundo.”Esteban Fontana

Cursó seis años la carrera de Derecho en la Universidad Siglo 21 y el tramo final tuvo condimentos cinematográficos. La tesis versó sobre maternidad en el servicio penitenciario y al momento de la defensa, Esteban tuvo que pedirles a los profesores que ralentizaran el ritmo de exposición. No fue un capricho. Fue el mismo ejercicio de adaptación que venía haciendo desde chico: avisar, explicar la herramienta, confiar en que del otro lado hubiera voluntad. Cuando la calificación sobresaliente apareció en el expediente, no la gritaron. La dejaron caer como cae lo que se viene gestando hace mucho tiempo, con una mezcla de alivio y de orgullo enorme.

Una declaración que pone el foco en la Universidad

Una declaración que pone el foco en la universidad

  • La Legislatura neuquina declaró de interés legislativo el título de Esteban Fontana por considerarlo un antecedente relevante para la región.
  • El texto reconoció a Fontana como el primer abogado hipoacúsico de la Patagonia y valoró la perseverancia detrás de la carrera.
  • Los fundamentos cuestionaron que el mérito académico de una persona con discapacidad dependa exclusivamente de su capacidad de compensar por sí misma las barreras institucionales.
  • La declaración volvió a poner sobre la mesa la necesidad de garantizar condiciones accesibles en los trayectos universitarios, no sólo en los niveles primario y secundario.

Mercedes, vecina del barrio Copol que conoce a la familia desde que Esteban iba a la primaria, lo cuenta en la puerta de su casa mientras acomoda las bolsas con la mercadería. «Lo vi crecer, lo vi bancarse cosas feas, y siempre tuvo esa cosa en la mirada de quien no se va a quedar quieto. Cuando me enteré de que se recibió no me asombó, de verdad no me asombró. Lo que sí me da bronca es que haya tenido que pelear tanto. Él tendría que haber encontrado la universidad con la puerta abierta, no con la puerta entreabierta», dice mientras acomoda el suéter en el hombro. Como Mercedes, en Neuquén todos los que lo vieron crecer repiten la misma idea: la historia de Esteban interpela a las instituciones mucho más que al esfuerzo individual.

Ahora, terminado el ciclo de reconocimientos públicos, lo que Esteban espera es que su paso por la Legislatura no quede en una foto y un diploma. Le gustaría, dice, que la universidad incorpore de manera sistemática prácticas accesibles, que se piense el dictado de clases con tiempos pensados para todos los cuerpos y todas las percepciones, y que ningún otro estudiante tenga que pedir por favor que le hablen un poco más lento para poder defender su tesis. Acá en el sur, donde tantas veces las políticas de inclusión tardan en llegar, su caso se está convirtiendo en una referencia incómoda para los rectores, un recordatorio de que del otro lado del vidrio siempre hay alguien que, con esfuerzo y sin acceso garantizado, igual logra recibirse.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida

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