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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Jim Henson y el arte de nunca dejar morir al pibe que llevamos adentro

A los 17 años arrancó como titiritero en un programa que duró tres semanas. De ahí en más construyó un universo que todavía nos hace reír, pensar y emocionarnos. Un recorrido por la filosofía que hay detrás de la rana Gustavo, la Cerdita Peggy y una forma muy particular de entender el humor.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Jim Henson y el arte de nunca dejar morir al pibe que llevamos adentro

Lo confieso de arranque: cada vez que me siento a escribir sobre Jim Henson me agarra esa mezcla de ternura y respeto que suelen provocar los genios que no se la creían. Acá va una frase que le y que resume bastante su forma de ver el mundo: «La gente más sofisticada que conozco son todos niños por dentro». Eso decía el tipo que a los 17 años se paró por primera vez delante de una cámara con un muñeco en la mano y que, tres semanas más tarde, vio cómo le cancelaban el programa. Tres semanas. Una nimiedad. Lo que vino después fue un imperio de trapo y felpa que todavía hoy, casi cuatro décadas después de su muerte, sigue vigente.

Me gusta pensar que la historia de Henson empieza en un galpón, como tantas buenas historias. Un galpón cualquiera, de esos donde se guarda lo que no se usa, y que él convirtió en escenario. Ahí, junto a Jane Nebel —su futura esposa y socia creativa—, fue armando «Sam and Friends», un show de bajo presupuesto que parecía poca cosa y terminó siendo la piedra fundacional de todo lo que vendría después. Porque de ahí salieron los Muppets. Y de los Muppets, «Barrio Sésamo». Y de «Barrio Sésamo», «Fraggle Rock». Y así, como en esas muñecas rusas que van una adentro de la otra, se fue armando un universo que atravesó generaciones enteras.

La lógica del que exagera un rasgo hasta que se vuelve divertido

Henson tenía una regla de oro que se puede aplicar a cualquier oficio creativo: «Los personajes más interesantes que he creado tienen una fijación o un rasgo que podés exagerar. En lo que exagerás, se vuelve divertido y la gente ve ese rasgo en sí mismos». Miren si no a la rana Gustavo, que es básicamente un rockero frustrado con complejo de estrella. O a la Cerdita Peggy, que es el retrato de cualquiera que alguna vez se sintió desbordada por el mundo. La idea era simple pero profunda: la risa no es un fin en sí mismo, es una herramienta para poner las cosas en perspectiva. Para mirarnos al espejo sin que nos dé vergüenza lo que vemos.

“Absurdo es tomar lo que es realmente la vida y llevarlo a una abstracción que la gente reconozca.”Jim Henson

Lo que me parece más interesante de la filosofía de Henson es esa manera que tenía de tomarse el absurdo en serio. No como un chiste facilongo ni como un recurso para llenar minutos al aire, sino como una forma legítima de acercarse a la realidad. «Absurdo es tomar lo que es realmente la vida y llevarlo a una abstracción que la gente reconozca», decía. Y en eso radicaba, para mí, su verdadero hallazgo: hacer que los pibes se rieran mientras aprendían a contar hasta diez, y que los grandes se emocionaran mientras veían a un trío de ranas cantando «Rainbow Connection» en una película. Eso no es poco. Eso es, directamente, un milagro de la televisión.

Henson murió en mayo de 1990, a los 53 años, víctima de un choque tóxico originado por una infección bacteriana. Tenía una carrera en plena actividad y proyectos a futuro. Lo que quedó es lo que importa: un legado que Disney terminó incorporando a su catálogo décadas después y una pregunta que sigue dando vueltas, sobre todo para los que hacemos comunicación: ¿sigue siendo viable la combinación de humor absurdo y ternura en la televisión de hoy? ¿O el formato que Henson construyó ya no tiene equivalente en las pantallas actuales? No tengo una respuesta cerrada, pero me gusta pensar que mientras haya alguien que se anime a subir a un escenario con un muñeco y a hacerle decir cosas que nos conmuevan, algo de Henson va a seguir vivo entre nosotros.

  • Empezó como titiritero a los 17 años en un programa que duró tres semanas. No se rindió.
  • Junto a Jane Nebel creó «Sam and Friends», el semillero de todo lo que vendría después.
  • Su regla creativa: exagerar un rasgo hasta que se vuelva gracioso y reconocible.
  • Para él, el absurdo era una forma legítima de acercarse a la realidad, no un recurso facilongo.
  • Murió en 1990 con 53 años, en pleno trabajo, dejando un legado que Disney terminaría sumando a su catálogo.
RC
Romina CabralCultura y espectáculos

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