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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

La ballena como confesionario: Duffield se atreve a meter el duelo adentro de un cetáceo

Austin Abrams protagoniza Whalefall, una película que empieza como relato de supervivencia y se transforma en una larga conversación entre un hijo y su padre muerto. Del estómago del animal a la butaca del cine, con escala, emoción y una pregunta filosa.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos · · lectura 4 min
La ballena como confesionario: Duffield se atreve a meter el duelo adentro de un cetáceo

Me lo dijo mi vecina, la de toda la vida, la que crió cuatro hijos en el mismo piso de la calle Azcuénaga: las cosas más importantes de la vida siempre terminan diciendo adentro de un lugar chico. Te casás adentro de un departamento de dos ambientes, llorás adentro de un auto viejo, te arreglás el corazón adentro de una terapia que dura tres años. Bueno, lo mismo le pasa al personaje de Whalefall, la nueva película de Brian Duffield, solo que el lugar chico es, ni más ni menos, el estómago de una ballena. Y lo que tiene que arreglar ahí dentro es nada menos que la relación con su padre muerto. Te lo juro, parece chiste pero no lo es.

Antes de meternos en el drama, conviene quedarse un rato en la sala. La película abre con un despliegue visual que ya merece comentario aparte: el diseño del interior del cetáceo es realmente efectivo, con esa textura orgánica que te hace sentir el ácido en la garganta y la oscuridad empujándote el pecho. El tipo de claustrofobia que no se logra solo con actores apretados en un set, sino con una apuesta estética seria, casi artesanal en su manera de construir el asco y el vértigo. Duffield entiende que un cuerpo extraño, aunque sea el de un animal gigante, también tiene su geografía, y la cámara se pierde por esa geografía como quien se pierde por un laberinto con paredes húmedas.

El galpón donde se cuece todo

Ahora sí, hablemos del galpón íntimo. Austin Abrams carga la película casi entera, y no es un decir: es él, la ballena y los fantasmas. Su personaje queda atrapado en el interior del animal y, en medio de la lucha por respirar y por encontrar una salida, empieza a mantener conversaciones con su padre fallecido. Sí, con su padre muerto. La película trabaja con flashbacks que reconstruyen la relación rota y con diálogos presentes que funcionan como ese intento último, desesperado, de decirse todo lo que no se dijeron en vida. Es ahí donde Whalefall deja de ser una historia de supervivencia pura para convertirse en otra cosa, más frágil y más incómoda.

El filme de Duffield apuesta por el camino emocional antes que por el espectáculo de acción constante. Si te gustó Ad Astra, ese viaje de Brad Pitt con el padre ausente flotando en el espacio, esta propuesta te va a resonar parecido: un hijo grande todavía buscando la palabra justa para un padre que se fue sin escucharlo. Las despedidas postergadas, el amor que se dice tarde y mal, la bronca que se acumula porque nadie se animó a bajarla a tiempo. Todo eso aparece entre los pliegues del cetáceo, y a mí, te confieso, me llegó. Pero también entiendo perfectamente a quien le parezca excesivo, porque el equilibrio entre la operación de rescate y la terapia familiar no siempre cierra del todo.

El tramo final apela a efectos visuales generados por computadora y a una conclusión de mayor escala épica, con secuencias de escape que, por la naturaleza del espacio, repiten movimientos con margen acotado. Funciona, pero no innova: cuando el personaje tiene que volver a intentar salir por un lugar donde ya intentó salir, la paciencia del espectador se mide en segundos. Lo rescata, en buena parte, el trabajo de Abrams, que transita entre el esfuerzo físico de sobrevivir y la carga emocional de ese diálogo inconcluso con la figura paterna sin que el tono se le caiga.

Padre e hijo

  • La trama arranca en el estómago de una ballena, donde el protagonista queda atrapado y debe sobrevivir en un espacio claustrofóbico.
  • Austin Abrams carga el peso casi total de la película, alternando escenas de acción física con conversaciones oníricas con su padre muerto.
  • El filme reconstruye la relación padre-hijo a través de flashbacks que completan los huecos del diálogo presente.
  • El diseño del interior del cetáceo es uno de los puntos fuertes de la propuesta, con texturas orgánicas que generan vértigo genuino.
  • La película remite al tono de Ad Astra por su modo de mezclar acción extrema con duelo íntimo no resuelto.
  • La conclusión apuesta por el CGI para escalar el conflicto, aunque las secuencias de escape repiten dinámica por la lógica del espacio.

Dónde se proyecta y con qué se marida

“Uno termina entendiendo que el lugar más chico del mundo es donde mejor se escuchan las cosas que durante años no dijiste.”Reflexión de esta cronista mientras salía del cine

Whalefall se proyecta en salas de cine de Argentina con funciones en formatos estándar y en algunas propuestas premium. Te conviene comprar las entradas por las plataformas habituales y, si podés, elegí horario de noche: la película pide pantalla grande y butaca cómoda, del tipo que te deja olvidar el apoyabrazos. Antes de ir, te recomiendo llegar con tiempo y comer liviano en el viaje: mariscos no, por razones obvias. Un sándwich de milanesa con papas fritas o unas empanadas de jamón y queso son compañía ideal para una historia donde el estómago, el del personaje y el nuestro, termina siendo protagonista. Y si te toca ir con tu viejo, o sin él pero con esa cosa pendiente que tenés hace años, llevá pañuelos. Aviso formal, no formaleta de vecina entrometida.

RC
Romina CabralCultura y espectáculos

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