La generación que creció a la sombra de las Torres Gemelas y todavía busca respuestas
Netflix acaba de estrenar un documental que recorre los testimonios de los hijos de quienes murieron el 11 de septiembre, junto con las voces de jóvenes afganos y marines que vivieron las consecuencias de la guerra que se desató después. Una hora y treinta y nueve minutos para entender cómo se procesa una herencia así de pesada.
Soy de las que todavía se acuerda dónde estaba esa mañana de septiembre de 2001, y cada vez que alguien me pregunta por el 11-S me sale la misma frase de abuela que escuché mil veces en la mesa de los domingos: mientras haya quien lo cuente, no termina de pasar. Y algo de eso tiene el documental que Netflix acaba de sumar a su catálogo y que, a veinticinco años de los atentados que derrumbaron las Torres Gemelas y dañaron el Pentágono, vuelve a poner el dedo en la herida, pero esta vez mirando a los más chicos, a los que todavía no habían nacido o daban sus primeros pasos cuando el mundo cambió para siempre.
El documental se llama Turning Point: Generation 9/11, dura una hora y treinta y nueve minutos y forma parte de una serie que ya tiene varios capítulos entregados por el mismo director, Brian Knappenberger, entre ellos Turning Point: 9/11 and the War on Terror, Turning Point: The Bomb and the Cold War, del 2024, y Turning Point: The Vietnam War, del 2025, esta última nominada al Emmy y disponible en la misma plataforma, por si alguien quiere quedarse un rato largo en la silla y armar una maratón que duela un poco.
El galpón de las memorias
Antes de meterse en las imágenes, la producción se toma su tiempo para mostrarnos el paisaje: los retratos de los protagonistas, las fotos de familia, las cartas que quedaron sin enviar, las paredes de los departamentos donde todavía cuelga una camisa que ya nadie va a volver a usar, y ahí, en esa arquitectura íntima, es donde empieza a latir lo que después va a explotar en cada testimonio, porque la sala, o el galpón de los recuerdos, siempre termina contando más que el escenario mismo, y en este caso el escenario son las Torres Gemelas convertidas en escombros y un país entero todavíatrying to entender cómo se sigue adelante después de una mañana así.
Lo que cuenta el documental, y lo que me parece más valioso, es que no se queda en la foto delatentado ni en la bandera ni en el momento exacto del impacto, sino que se corre unos metros y se pone a mirar a los hijos de quienes murieron ese día, chicos que en aquel momento eran bebés o apenas caminaban, y que crecieron con un sillón vacío en la mesa familiar, con un padre o una madre que es una foto en la pared y con la pregunta que tarde o temprano cae como una lapada: qué hubiera pensado papá o mamá si me veía ahora, qué me habría dicho, qué le hubiera gustado de la persona en la que me estoy convirtiendo, y esa pregunta, multiplicada por miles de pibes y pibas, es la que le da forma a esta hora y pico de documental.
“Es increíblemente profundo comprender lo que vivieron los hijos de quienes perdieron a sus padres y seres queridos el 11 de septiembre. Pero es aún más profundo pensar en cómo cambiaron sus vidas y cómo esos acontecimientos los marcaron a lo largo de la evolución que también experimentó nuestro país.”Brian Knappenberger, director
Las voces que se cruzan en el mismo plano
- Los hijos de quienes trabajaban en las Torres Gemelas el día del atentado, que crecieron reconstruyendo la imagen de unos padres que apenas recuerdan.
- Los hijos del personal del Pentágono que perdió la vida cuando el tercer avión impactó contra el edificio, con el peso extra de haber nacido dentro de una estructura que también es símbolo de Estado.
- Los hijos de los pasajeros y la tripulación del Vuelo 93, el avión que cayó en un campo de Pensilvania después de que los pasajeros lograran contener a los secuestradores, una historia que esta producción vuelve a poner en primer plano.
- Jóvenes afganos que vivieron la guerra que siguió a los atentados y la retirada de Estados Unidos de su país, y que cuentan desde el otro lado de la pantalla qué significa haber nacido y crecido en medio de esa decisión.
- Marines y ex marines que pelearon en el conflicto posterior y que hoy miran hacia atrás y se preguntan qué les quedó de todo aquello, además de las marcas en el cuerpo y en la cabeza.
Y acá me parece que está el verdadero corazón del documental, en ese cruce de voces que no siempre se escuchan juntas: los pibes de Nueva York que perdieron a un padre en la torre y los pibes de Kabul que perdieron a un hermano en la guerra que vino después, los hijos del fuego y los hijos de las cenizas de un mismo incendio, y por eso la película se anima a ir un poquito más allá del homenaje y se mete en el territorio incómodo de preguntarse si todo lo que se hizo en nombre de la seguridad sirvió para algo o si solamente abrió otras puertas que hoy seguimos sin poder cerrar, una pregunta que a mí, como espectadora, me dejó con esa sensación rara de querer abrazar a todos los protagonistas al mismo tiempo.
Dónde, cuándo y qué se come
El documental se puede ver desde la semana pasada en Netflix, en cualquier dispositivo que tengas a mano, y se llama Turning Point: Generation 9/11, con dirección de Brian Knappenberger, y la mejor manera de maratonearlo es preparándose antes un buen té de cedrón con unas tostadas con manteca y dulce de membrillo, bien de abuela, bien de cocina de casa, porque a esta hora y pico de película lo ideal es tener algo caliente en la panza y algo tibio en el pecho, y si te animás, después podés seguir con los otros títulos de la serie, que ya están todos en la misma plataforma y te van a dejar con la cabeza llena de preguntas y con esa ganas de charlar que siempre dejan los documentales que de verdad importan.
Te tiro la pregunta que me quedó dando vueltas: ¿conocés a alguien que haya vivido de cerca el impacto del 11-S, aunque sea de manera tangencial, y cómo creés que procesó lo que le tocó heredar, porque a mí me parece que esa es la conversación que vale la pena tener, la de la mesa de los domingos, la de las sobremesas largas, la de las abuelas que todavía se acuerdan de todo y que, como decía la mía, mientras haya quien lo cuente, no termina de pasar.
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