La llamada, el musical campestre de Los Javis que hizo sonar el reguetón entre monjas y ganó un Goya
Macarena García, Anna Castillo, Belén Cuesta y Gracia Olayo protagonizan esta comedia musical que pasó del Teatro Lara de Madrid a la pantalla grande y cosechó cinco candidaturas a los premios Goya.
Uno no se imagina un campamento cristiano en plena sierra de Segovia como el escenario ideal para que a una chica le empiecen a aparecer visiones divinas mientras al fondo suena, de a ratos, un dembow insistente que nadie del staff religioso quiere reconocer como lo que es. Y sin embargo, de ese cruce improbable entre la fe más ordenada y la pulseada por hacer reguetón a cualquier costo salió La llamada, la ópera prima cinematográfica del dúo creativo que integran Javier Calvo y Javier Ambonssi, más conocidos como Los Javis, y que a mí, personalmente, me parece una de las propuestas más descontracturadas del cine de los últimos años, justamente porque se anima a mezclar lo sagrado con lo profano sin pedirle permiso a nadie.
Pero antes de contarles de qué va la película conviene detenerse un instante en el sitio donde transcurre, porque ese galpón a cielo abierto que funciona como campamento La Brújula termina siendo casi un personaje más: un predio con banderas de tela, baños compartidos, una cocina donde las monjas organizan turnos y un salón multiuso que, según la hora del día, sirve para rezar el rosario, para ensayar coreografías o para que alguien se sincere a las tres de la mañana. En ese paisaje se mueven María y Susana, dos adolescentes que integran el grupo Suma Latina y que sueñan con pegar un tema bailable en una época en la que el reguetón todavía estaba dando sus primeros pasos masivos.
"Suma Latina": el grupo que quiere hacer temblar el campamento
- Macarena García interpreta a María, la chica que empieza a ver apariciones de Dios y que a mí me recordó mucho a esas amigas que de un día para el otro dicen que encontraron una vocación y al mes siguiente están probando con otra cosa, porque la búsqueda es eso, un camino sinuoso.
- Anna Castillo es Susana, la más resuelta del dúo, la que empuja los planes, la que se anima, la que encarna esa energía de "yo vengo a pasarla bien y que las consecuencias avisen".
- Belén Cuesta se mete en la piel de la hermana Milagros, una monja que en los ratos libres se saca el hábito, se pone su ropa de civil y canta frente al espejo temas de Presentos Implicados, ese detalle que a mí me desarmó por completo la primera vez que lo vi.
- Gracia Olayo completa el cuadro como la hermana Bernarda, más apegada a las reglas del campamento, pero no por eso menos contradictoria, porque acá nadie es de una sola pieza y esa es una de las cosas más lindas de la película.
Lo que me gusta de La llamada es que no se queda en la superficie del chiste. Sí, hay humor, hay situaciones desopilantes, hay momentos donde la comedia pega un volantazo y termina del lado del disparate más absoluto, pero por debajo circulan preguntas serias sobre la fe, sobre la diversidad sexual, sobre las expectativas que los demás depositan en uno y sobre qué pasa cuando uno se anima, finalmente, a escuchar lo que quiere de verdad. María intenta descifrar qué le dicen esas apariciones divinas, Susana empieza a cuestionar las reglas que le organizan la vida y las adultas, lejos de estar resueltas, transitan sus propios dilemas entre el hábito y los deseos guardados.
"Cuando me salga el alma": el camino del Teatro Lara al Goya
Y acá viene la parte que a mí más me emociona, porque La llamada no nació como película sino como obra de teatro. Calvo y Ambrossi la escribieron y la dirigieron pensando en un ciclo cortito: ocho funciones en el Teatro Lara de Madrid, en 2013, y nada más. Pero el público respondió, las funciones se estiraron, la propuesta se convirtió en un pequeño fenómeno de la cartelera alternativa española y el boca a boca hizo el resto hasta que el proyecto dio el salto al cine, algo que a mí siempre me genera una enorme ternura, porque significa que la historia necesitaba ser contada en otro formato para llegar a más gente.
El recorrido de la película incluyó cinco candidaturas a los premios Goya de 2018, que se diga rápido no es poca cosa para un primer film. La noche de la ceremonia, el equipo se trajo el premio a mejor canción original por el tema compuesto por Leiva, un músico al que no hace falta presentar demasiado y que le puso música a uno de los momentos más emotivos del relato.
Si todavía no la vieron y tienen ganas de algo distinto, La llamada se consigue en plataformas de streaming y vale la pena darle una oportunidad, aunque más no sea para ver cómo un campamento cristiano, un grupo de música latina y un par de apariciones divinas pueden convivir en la misma historia sin que se caiga nada. Yo les recomendaría prepararla con unas pizzas, un vino y la compañía de alguien que se prende con las comedias musicales, porque la película pide eso: entregarse al disparate con buena onda y dejarse llevar.
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