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VIE, 16 OCT 2026
Vida

La mesa familiar como motor silencioso de la alimentación infantil

Un consenso de especialistas argentinos, presentado en el último Congreso de Nutrición Pediátrica, advierte que los hábitos alimentarios de chicos y adolescentes se moldean tanto por lo que comen como por el entorno y las personas que los acompañan en cada comida.

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Belén SosaAmbiente y comunidades · · lectura 5 min
La mesa familiar como motor silencioso de la alimentación infantil

En los hogares argentinos, la escena se repite con variantes a lo largo de las décadas: una mesa donde confluyen varias generaciones, platos compartidos y conversaciones que se estiran más allá del último bocado. Lo que parece apenas una costumbre hogareña es, según un grupo de profesionales de la nutrición pediátrica, una de las piezas más determinantes a la hora de configurar la relación que los chicos establecen con la comida desde edades tempranas y hasta la adolescencia. Esa es, en síntesis, la apuesta del consenso NutreAR, que pone el foco no solo en qué alimentos llegan al plato, sino en cómo, cuándo y con quién se ingieren, una idea que los especialistas engloban bajo el término comensalidad.

Comer en compañía como aprendizaje por imitación

El documento, elaborado por PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil) y presentado en el 9° Congreso Argentino de Nutrición Pediátrica organizado por la Sociedad Argentina de Pediatría, recorre las particularidades de la alimentación entre los dos y los diecisiete años. Uno de los mecanismos más subrayados es el aprendizaje por imitación: cuando un niño observa a sus padres, hermanos, tíos o amigos incorporar variedad a la mesa, tiende a ampliar con mayor facilidad su propio repertorio. La situación inversa también queda descrita: la selectividad alimentaria, es decir, la tendencia a aceptar únicamente un grupo muy acotado de comidas, se vuelve más difícil de revertir cuando no hay modelos cercanos que muestren alternativas, dado que la monotonía del menú tiende a consolidarse con el tiempo y reduce la disposición a probar ingredientes desconocidos.

Los especialistas recomiendan, en línea con esa lógica, ofrecer de manera sostenida alimentos nuevos sin que la negativa de un primer intento desaliente la insistencia, y evitar a la vez la formación de menús demasiado restringidos que terminen funcionando como el único universo gustativo del chico. La idea rectora es que la oferta variada en la mesa funciona como una exposición cotidiana que, con el correr de las semanas, va ampliando el abanico de lo aceptado, aunque los resultados rara vez se perciban de manera inmediata y requieran paciencia por parte de los adultos a cargo.

La hora de la cena como ancla cotidiana

A partir de los catorce o quince años, el consenso describe un cambio de hábitos que en muchos hogares argentinos ya se percibe: los adolescentes tienden a comer cada vez más solos, con frecuencia en la habitación y con la compañía adicional de una pantalla. Esa rutina, según los especialistas, reduce las oportunidades de construir los vínculos sociales que suelen tejerse alrededor de la comida, motivo por el cual la recomendación central es sostener al menos una comida compartida por día, sea esta el almuerzo, la merienda o la cena, sin que sea imprescindible que se trate de la misma en todos los hogares ni que se repita en idéntico horario cada jornada.

En la práctica, la cena aparece señalada como la instancia más viable para la mayoría de las familias, dado que los horarios laborales, el calendario escolar y la superposición de actividades deportivas hacen más difícil coincidir a la mañana o al mediodía, una dinámica que se repite con particular intensidad en las grandes ciudades del país, donde los tiempos de traslado suelen restar margen a la planificación conjunta de las comidas. El documento aclara, además, que la denominación de comida familiar no exige la presencia de parientes consanguíneos: compartir la mesa con amigos cumple la misma función de socialización y de exposición a hábitos variados, una aclaración que cobra relevancia para los hogares monoparentales o con familiares que viven lejos.

Más allá del hogar: la escuela y la vianda como extensión de la mesa

La comensalidad, según el consenso, tampoco se agota en las cuatro paredes de la casa. En el ámbito escolar, los comedores con menús planificados bajo criterios nutricionales y las viandas preparadas en el hogar amplían el repertorio de los chicos y abren conversaciones que después se trasladan a la mesa familiar, un circuito que en la Argentina encuentra un aliado en los comedores escolares de gestión estatal y en las iniciativas de educación alimentaria que llevan adelante distintas jurisdicciones. La propuesta es que las familias asuman un rol activo, sin delegar por completo la formación de los hábitos en la institución educativa ni en los medios de comunicación, y que aprovechen la instancia escolar como una prolongación natural del trabajo que se realiza en cada hogar.

  • Consenso NutreAR: elaborado por PROFENI y presentado en el 9° Congreso Argentino de Nutrición Pediátrica de la Sociedad Argentina de Pediatría.
  • Población abarcada: niños y adolescentes de entre 2 y 17 años, con orientaciones diferenciadas por etapa.
  • Comensalidad: concepto que articula el contexto, el momento y los acompañantes del acto de comer.
  • Aprendizaje por imitación: mecanismo por el cual los chicos amplían su repertorio alimentario a partir de los modelos cercanos.
  • Recomendación práctica: sostener al menos una comida compartida por día, preferentemente la cena, y aceptar como válidas las mesas con amigos o con otros referentes no familiares.

En un país donde las encuestas de consumo muestran que buena parte de los chicos consume escasa variedad de frutas y verduras, y donde la publicidad de alimentos ultraprocesados ocupa buena parte de la pantalla a la que están expuestos, el mensaje de los especialistas parece ir a contramano de varias tendencias instaladas. La pregunta que queda abierta es si las familias, atrapadas entre agendas saturadas y la omnipresencia de las pantallas, podrán recuperar esa costumbre de sentarse a la misma hora y en el mismo lugar, y hasta qué punto el Estado y las escuelas están dispuestos a acompañarlas en ese intento cotidiano por volver a poner la mesa en el centro de la vida compartida.

BS
Belén SosaAmbiente y comunidades

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