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VIE, 16 OCT 2026
Vida

La presión que no avisa: por qué medírsela puede cambiarlo todo

En la Argentina, más de un tercio de los adultos convive con hipertensión y casi cuatro de cada diez lo ignora. Una médica clínica del sur y una vecina del barrio Stella Maris repasan controles, hábitos y el peso de un dato que, mientras no se mide, permanece invisible.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida · · lectura 3 min
La presión que no avisa: por qué medírsela puede cambiarlo todo

Son las nueve de la mañana y en el centro de salud de acá en el sur ya hay fila para el control de presión. María Ester, vecina de Stella Maris, se acomoda el bolso, estira el brazo y espera el momento de la medición como quien cumple un trámite viejo. Lo hace porque hace años se enteró de que tenía la presión alta y porque, desde entonces, cada consulta se convirtió en una cita con un número que no negocia: el de cuidarse.

La hipertensión arterial es una de esas condiciones que avanzan sin dar señales claras durante mucho tiempo. No produce dolor, no siempre se siente, y por eso suele aparecer en la consulta médica a partir de un control de rutina, de un análisis pedido por otra causa o, en el peor de los casos, cuando ya hubo un evento cardiovascular. Esperar a que aparezca un síntoma es, en la mayoría de los casos, esperar demasiado.

Un problema que roza a más de un tercio de los adultos

El Registro Nacional de Hipertensión Arterial muestra que el 36,3% de los mayores de 18 años en la Argentina tiene hipertensión. Se trata, según las cifras oficiales, de cerca de 12 millones de personas, de las cuales casi cuatro de cada diez desconocen su diagnóstico. Y entre quienes ya están en tratamiento, apenas alrededor del 44% logra mantener los valores controlados: es decir, ni siquiera saber que se tiene el problema alcanza para resolverlo.

A escala global, el segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 2025, indica que 1.400 millones de adultos viven con presión elevada y que solo uno de cada cinco la tiene bajo control. Las cifras locales se inscriben en un escenario amplio, y por eso mismo este es un tema que toca la puerta de cualquier casa, no solo de las que ya tienen un diagnóstico.

Por qué medirse y qué cambia en la rutina

  • Tomarse la presión es un procedimiento sencillo, indoloro y breve: sirve para detectar valores elevados antes de que aparezcan complicaciones.
  • Reducir la sal diaria, sostener una alimentación equilibrada y variada, y hacer actividad física en forma regular son pilares del cuidado cotidiano.
  • Atender el estrés crónico forma parte del tratamiento tanto como la medicación: dormir mal, vivir apurado y no parar pesan en el registro.
  • Los controles periódicos permiten identificar la hipertensión en sus primeras etapas, cuando todavía no se siente nada raro.

Cuando la presión elevada se sostiene en el tiempo, va deteriorando las arterias y puede afectar órganos vitales. El riesgo se traduce en eventos concretos: infartos y accidentes cerebrovasculares encabezan la lista de complicaciones. Por eso, la Organización Mundial de la Salud y las sociedades científicas insisten en una idea que se repite en cada campaña: conocer los propios números es el primer paso para evitar desenlaces graves.

Acá en el sur, María Ester dice que la frase que más repite su médica clínica es la misma de siempre: "Si no te la medís, no la podés saber". Ella entendió esa consigna como una forma de responsabilidad personal y ahora arrastra a sus vecinas a controlarse, una por una, hasta convertir el turno de enfermería en una reunión de amigas. Para María Ester, la presión dejó de ser un dato lejano y pasó a ser parte de la conversación de la mañana, de esas cosas que en el barrio se comparten mientras se toma mate.

En el día a día, lo que se espera es que esa costumbre se instale: que un control anual, o más seguido si hay factores de riesgo, deje de vivirse como una excepción y pase a formar parte de la rutina de cuidado. No se trata de vivir pendiente del tensiómetro, sino de entender que, mientras la presión no se mide, queda fuera del mapa. Y lo que no aparece en el mapa, en algún momento, puede terminar pasando factura.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida

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