La Vega: la familia neuquina que rescata una tradición de a caballo y la abre al turismo con eje en el bienestar animal
A la entrada de Caviahue, los Garrafa reabrieron un emprendimiento familiar de cabalgatas que el abuelo había dejado años atrás. La propuesta incorpora un ritual previo de acercamiento al caballo, se complementa con merienda casera y acaba de ser habilitada como prestador oficial por la Provincia.
A unos 1.600 kilómetros de Posadas, transitando la ruta que cruza la cordillera hasta asomarse al noroeste neuquino, aparece el paraje La Vega, en la entrada misma de Caviahue. Ahí, todavía antes de que llegue el primer visitante del día, la familia revisa los caballos, les da de comer y los cepilla uno por uno, como lo venía haciendo el abuelo cuando los hijos de la casa eran chicos. Ese ritual no es decorativo: es el corazón de una propuesta turística que la familia Garrafa acaba de abrir al público y que el ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales de la Provincia ya habilitó como prestador oficial.
Una herencia que vuelve en clave de cuidado
En diálogo con este portal, María René Garrafa, que lleva adelante el proyecto junto a su pareja Marcos y sus tres hijos, cuenta que la vuelta al lugar fue empujada por el propio abuelo, al ver que sus nietos habían desarrollado un vínculo propio con los caballos. Los primeros seis o siete años no tuvieron intención turística: la idea era simplemente que los chicos pudieran disfrutar del espacio y los animales. Recién hace poco más de un año la experiencia hacia afuera tomó forma concreta y se formalizó ante la Provincia, lo que según la familia dio seguridad para ofrecer un servicio de calidad, tanto para los turistas como para los propios animales.
Cómo es la experiencia
- Antes de montar, los visitantes se acercan al caballo, lo alimentan y lo cepillan, y reciben nociones básicas sobre su comportamiento. La familia insiste en que el caballo no sea visto solo como un medio para recorrer un sendero, sino como un animal al que hay que conocer, respetar y entender.
- El recorrido sale al entorno característico de Caviahue, con volcanes, montañas, cascadas y senderos, en un territorio donde el clima puede cambiar en pocas horas.
- Al volver, la actividad cierra con una merienda casera, para que la jornada no termine simplemente al bajar del caballo.
“No queremos que el caballo sea visto solamente como un medio para recorrer un sendero. Queremos enseñar a conocerlo, respetarlo y entenderlo.”María René Garrafa, responsable del emprendimiento
En el viaje, alguien del paraje me decía que lo que más los diferencia de una cabalgata convencional es ese rato previo: el animal deja de ser un instrumento y pasa a ser presentado por su nombre, con sus tiempos y sus manías. Es una forma de empezar la recorrida que, según los Garrafa, cambia el vínculo del visitante con todo lo que viene después, especialmente cuando el volcán Copahue y las postales del Alto Neuquén se abren al fondo del sendero.
Proyectos a corto y largo plazo
Los planes inmediatos pasan por ampliar el espacio, mejorar los accesos y construir una caballeriza propia. La mirada larga va más allá: sostener la actividad como modo de vida y, sobre todo, transmitirla a la próxima generación, para que la historia de los caballos en La Vega siga teniendo quien la cuente.
Recomendación de temporada: la mejor ventana para sumarme a esta cabalgata es el otoño y la primavera, cuando los senderos del Alto Neuquén están firmes y el clima deja ver el Copahue sin las nevadas más cerradas del invierno ni el viento fuerte del verano. Conviene reservar con anticipación por cupos limitados y consultar precios y horarios directamente con la familia en el paraje La Vega, ya que pueden variar según la cantidad de jinetes y las condiciones del día.
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