Las hermanas Owens vuelven, pero la magia ya no es la misma
Sandra Bullock y Nicole Kidman retoman la historia de las brujas de la familia Owens casi treinta años después. La química entre las dos sigue intacta, pero la película no logra escapar de la sombra de la original. Crónica de un regreso con más nostalgia que vuelo.
Lo dijo una tía mía, de esas que miraban todas las películas de la tele con un pañuelito al lado: «a la gente le gusta volver a ver a los mismos personajes, porque ya les agarró cariño, como si fueran de la familia». Y esa, me parece, es la mejor forma de entender qué pasa con esta secuela que vuelve a poner en pantalla a Sandra Bullock y Nicole Kidman como las hermanas Owens, esas brujas que el cine estadounidense presentó en 1998 y que ahora regresan con la promesa de recuperar viejos hechizos. La promesa se cumple a medias, y a esa altura ya uno sabe que no se trata de un estreno cualquiera sino de un verdadero cruce generacional: quienes eran adolescentes cuando la original llegó a las salas hoy son padres y madres de los adolescentes que pueden acompañarlos a verla.
«Hechizos de familia»
Antes que el espectáculo, conviene pensar el galpón: la sala del cine, las pochoclos compartidas, las luces que bajan. La película se apoya, sobre todo, en el vínculo entre sus dos protagonistas. Cada vez que Bullock y Kidman comparten cuadro, la historia respira: hay complicidad, hay ternura, hay ese humor manso que ya era la marca registrada de la primera entrega. El problema aparece en los intervalos, cuando la cámara se aleja de ellas y el relato empieza a pedirles a otros personajes que carguen con un peso que el guion no termina de repartir.
«Lo que el tiempo no cura»
La dirección queda a cargo de Susanne Bier, que no termina de encontrar ese tono otoñal y melancólico que tenía la película original. Los efectos visuales, por su parte, tienen esa textura que hoy asociamos sin esfuerzo con las series de los noventa: —perdón, quería decir— con ese look un tanto añejo que ya nadie confundiría con una superproducción reciente. Los personajes nuevos, entre los que aparecen Maisie Williams, Joey King y Lee Pace, quedan a medio camino: están, se los menciona, pero no llegan a tener esa entidad propia que uno esperaría de una historia que presume haber madurado.
«Lo nuevo que se repite»
La trama se estira más de lo necesario. La crítica coincide en señalar un epílogo que podría haberse evitado sin que nadie lo extrañara, y un guion que tiende a subrayar las emociones en lugar de dejarlas flotar. El tono general es amable: diálogos que buscan la emotividad directa, mensajes positivos sin dobleces y una atmósfera de comedia fantástica que no aspira a sobresaltar a nadie. Para el público que disfruta de historias de amistad, hechizos y romances sin mayores pretensiones, el convite funciona como un reencuentro tranquilo con viejas conocidas.
- Lo mejor: la química entre Bullock y Kidman, que sostiene los mejores momentos del film.
- Lo que falla: una dirección sin vuelo propio y efectos visuales que quedaron viejos.
- Lo discutible: un epílogo que alarga la historia más allá de su punto de cierre natural.
- El público ideal: quienes crecieron con la original y quieren volver a ver a las hermanas Owens sin sobresaltos.
Ahora bien, la pregunta del millón después de casi tres décadas: ¿qué le pedimos a una secuela? ¿Fidelidad absoluta a lo que ya conocíamos y queríamos, o una apuesta que se anime a correr riesgos y abrir nuevos caminos? Yo, personalmente, me inclino por una mezcla: quiero volver a ver a mis personajes, sí, pero también quiero que el paso del tiempo les haya dejado alguna marca. Acá esa marca se nota más en las actrices que en la propuesta. La cita inicial de mi tía sigue rondando: a la gente le gusta reencontrarse con quienes les quedaron guardados en el corazón, pero también espera que la vuelta valga la entrada. La verdict final se los dejo a ustedes, que son quienes hacen fila en la boletería.
Dónde, cuándo y qué se come
«Prácticamente magia 2» ya está en cartelera en las salas de cine de todo el país, con funciones diarias en los complejos tradicionales y en las cadenas de los shoppings. Las funciones más amigables para ir en familia son las de la tarde, entre las 15 y las 18, cuando las pochoclos grandes se comparten mejor y los más chicos del grupo no tienen que pelearse con el sueño. Si la opción es cenar y después ir a la función nocturna, la combo clásica sigue siendo hamburguesa con papas antes de entrar: rendidora, económica y sin riesgos. Y si la salida es con amigos, el plan redondo es el de siempre: pizza a la piedra en el barrio, cine y un café bien tarde para comentar qué nos dejó la peli. Buen finde, buen cine y, sobre todo, buena compañía: la magia más poderosa sigue siendo esa.
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