Maru Botana y el bocado que no alcanza: la grieta más chica de MasterChef Celebrity
Una arveja partida en cuatro, una cocinera invitada que come sin reparos y una frase de Betular que sonó a indirecta: el jurado de MasterChef Celebrity quedó en el centro de la escena por algo tan simple como discutir cuánto hay que probar un plato para opinar bien.
Lo decía mi abuela en la colonia cuando veía a alguien servir un plato y salir corriendo: «Si ni probaste, ¿cómo vas a saber si está bueno?». Esa misma lógica, la más criolla del mundo, es la que esta semana bajaron desde las redes sociales contra Maru Botana, la pastelera que se sentó en el jurado de MasterChef Celebrity tras la salida de Donato De Santis y que parece haber abierto un debate inesperado: cuánto hay que comer para poder devolver un veredicto con todas las letras.
Una arveja, cuatro pedazos, un problema
La cuestión es tan concreta como gráfica. Un panelista del ciclo describió la diferencia entre Botana y el resto de los cocineros al momento de llevar la cuchara a la boca: la comparación fue una arveja dividida en cuatro partes, de las cuales la pastelera apenas probaría un cuarto. La postal recorrió las redes y se transformó en el emblema de un señalamiento que apunta al corazón mismo del rol de jurado en un concurso de cocina: si la porción es mínima, ¿alcanza para evaluar con criterio la sal, la cocción, el punto justo? La pregunta no es menor y se la vienen haciendo miles de espectadores del programa noche a noche, hartos de ver cómo sus devoluciones se construyen sobre un bocado que no parece suficiente.
Dolli, la invitada que vino a incomodar
La visita de Dolli Irigoyen como jurado invitada le puso nombre y apellido al reclamo. Mientras la cocinera invitada se sentaba a probar sin reparos, con esa manera tan suya de comer de verdad frente al plato, algunos televidentes y usuarios de redes directamente propusieron a Dolli como reemplazante de Botana. La comparación fue inevitable y por momentos demoledora: de un lado, alguien que come todo lo que le sirven con el entusiasmo de quien está evaluando desde la panza; del otro, una colega que parece medir cada bocado como si el plato fuera un examen. Esa tensión, que en una gala puede pasar desapercibida, quedó expuesta cuando las dos compartieron pantalla y el contraste se hizo carne, literalmente.
«Hay que comer de todo, para eso me pagan»
En medio del revuelo, una escena protagonizada por Damián Betular terminó de condimentar el debate. Cuando la participante conocida como la Negra Vernaci le advirtió que una parte de su preparación estaba pasada de cocción, él decidió probarla igual y dejó una frase que el público leyó como una referencia indirecta a su compañera de jurado: «Hay que comer de todo, para eso me pagan». Ocurrió mientras evaluaba otro plato, no mientras miraba a Botana, y sin embargo la sentencia cayó como anillo al dedo en la discusión que estaba abierta afuera de la cocina. La coincidencia encendió el reclamo: si el propio jurado reconoce que hay que probar de verdad para opinar con propiedad, qué lugar le queda a una degustación que se limita a una fracción de arveja.
Lo que se discute, en definitiva, no es solo cuánto come cada uno frente al plato sino algo más de fondo: la credibilidad de la devolución. Porque un jurado que pide el esfuerzo de horas a los participantes, que evalúa detalles técnicos como el punto de la carne, el equilibrio de la salsa o la textura justa de una masa, tiene que estar dispuesto a comer suficiente como para respaldar cada palabra con una experiencia real. Cuando esa experiencia se ve chica, lo que queda chico también es el veredicto, por más amable o profesional que suene.
Dónde verla, cuándo y qué se come mientras
MasterChef Celebrity se emite de lunes a jueves por Telefe, en el prime time de la televisión argentina, y este tramo del ciclo se cocina con la tensión del recambio en el jurado todavía fresca. Si querés mirar la gala de esta semana con el ojo crítico que ahora pide Twitter, preparate una picada fuerte en la mesa, con buenos quesos, un pan bien crocante y algo para tomar: porque si la consigna es comer de todo mientras se juzga a quien cocina, lo mínimo es acompañarla con una mesa que esté a la altura del debate. Y si tenés una amiga pastelera cerca, convidale un plato entero, no una arveja partida en cuatro, que de esas estamos hasta arriba.
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