Mate o tereré: por qué una infusión caliente puede aliviar el cuerpo en pleno verano
Un especialista en bienestar explica que el secreto no está en la temperatura del termo, sino en qué tan seco y ventilado está el ambiente. Lo que suma una taza caliente, lo que resta un vaso frío y por qué la hidratación frecuente siempre gana la pulseada.
La pava silba en la cocina mientras la térmica del pueblo marca treinta y pico grados. Hay algo casi provocador en servir un mate bien caliente cuando el asfalto de la calle parece derretirse. Sin embargo, según explica el profesor John Tregoning, especialista en bienestar, esa sensación de contradicción puede tener su lógica: una bebida caliente puede ayudar a perder calor corporal, siempre que el sudor que provoca consiga evaporarse y no quede empapando la ropa o resbalando por la piel.
La clave, entonces, no está en el termómetro del líquido sino en dos condiciones del entorno que a menudo pasan desapercibidas: la humedad ambiente y la circulación de aire. Una galería con brisa, un patio con ventilación cruzada o un ventilador encendido ofrecen el escenario ideal para que el mecanismo funcione. Una habitación cerrada, húmeda y sin corrientes, en cambio, transforma la promesa de frescura en una trampa de calor.
Lo que ocurre dentro del cuerpo
Cuando se ingiere un líquido a mayor temperatura que la del organismo, el cuerpo recibe un aporte extra de calor que, de manera casi inmediata, activa las glándulas sudoríparas. Esa transpiración adicional es la gran aliada del proceso: al evaporarse sobre la piel, el sudor utiliza energía térmica del cuerpo y se lleva consigo parte de ese calor incorporado con la infusión. El balance final puede ser refrescante, pero solo si cada gota consigue transformarse en vapor antes de caer o ser absorbida por la tela.
En un ambiente con alta humedad relativa, el aire ya está saturado de vapor de agua y admite menos cantidad de él. La evaporación se vuelve más lenta, incompleta o directamente no ocurre. El sudor se acumula, la ropa se pega al cuerpo y el calor se queda donde estaba, con el plus de una mayor pérdida de líquido. Por eso Tregoning advierte que la temperatura de la bebida es un dato secundario frente al estado del aire que rodea a quien la toma.
Argentina, tierra de termómetros cruzados
El contraste no es menor en un país donde el mate caliente es casi una institución y las olas de calor se vuelven cada vez más frecuentes y extensas. Desde la Pampa hasta el Noroeste, la costumbre de cebar a cualquier hora convive con jornadas en las que la sensación térmica supera los cuarenta grados y la humedad relativa se empina por encima del setenta por ciento. En esas condiciones, ninguna infusión caliente logrará compensar lo que el aire ya no admite.
“La temperatura de la bebida tiene un papel secundario frente a la hidratación y las condiciones del ambiente.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar
Así, la próxima vez que alguien levante la pava en pleno febrero, la pregunta de fondo no será si conviene un mate o un tereré, un té o una soda. Será algo más simple y a la vez más decisivo: qué tan seco está el aire que nos rodea y cuánto se mueve. La hidratación frecuente, insiste Tregoning, sigue siendo la regla que ninguna temperatura puede reemplazar. ¿Termo caliente, mate frío o vaso de agua con hielo: qué elige cada lector para atravesar el verano sin perder el pulso?
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