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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

Medio siglo de controles: cómo el 11-S reescribió la seguridad en los aeropuertos y por qué todavía lo paga cada pasajero

A 25 años de los atentados en Estados Unidos, los escáneres corporales, el límite de 100 mililitros para líquidos y la obligatoriedad de sacar el calzado siguen vigentes. Una guía para entender el origen de las reglas y llegar al aeropuerto sin sorpresas.

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Andrés AcostaTurismo · · lectura 3 min
Medio siglo de controles: cómo el 11-S reescribió la seguridad en los aeropuertos y por qué todavía lo paga cada pasajero

Posadas queda a unos mil kilómetros del aeropuerto de Ezeiza, y eso ya marca el primer consejo no escrito de cualquier viaje al exterior: cuando uno se pone a repasar qué lleva en el bolso de mano, conviene hacerlo con tiempo, porque las reglas de seguridad que rigen hoy en cualquier terminal del mundo nacieron, casi todas, de una misma mañana de septiembre, la del 11 de septiembre de 2001, cuando cuatro atentados coordinados sacudieron a Estados Unidos y cambiaron para siempre la manera en que las personas se suben a un avión.

Un cuarto de siglo después, los controles que surgieron entonces se volvieron parte del ritual cotidiano de cualquier vuelo: escáneres corporales, límites estrictos para líquidos, revisión de calzado y puertas de cabina reforzadas forman parte del paisaje de cualquier aeropuerto, y conocer las reglas vigentes permite anticiparse y evitar demoras en el mostrador de seguridad.

El punto de inflexión: la creación de la TSA

El cambio más visible fue la creación de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA, por sus siglas en inglés), en noviembre de 2001, apenas dos meses después de los atentados. La nueva agencia reemplazó a las empresas privadas que hasta entonces se ocupaban de la seguridad en los aeropuertos estadounidenses y conformó un cuerpo de inspectores federales con capacitación y protocolos unificados. El modelo se extendió después, con variaciones, a buena parte del mundo y dejó como herencia una idea central: la seguridad aérea ya no podía quedar en manos de contratistas dispersos.

Dos intentos de atentado que terminaron en reglas globales

  • En diciembre de 2001, un pasajero intentó detonar explosivos ocultos en su calzado durante un vuelo interno en Estados Unidos. Desde entonces, muchos aeropuertos exigen sacarse los zapatos antes de pasar el escáner; en varios casos, la exigencia se aplica solo al calzado voluminoso, como botas o plataformas.
  • En agosto de 2006, las autoridades británicas desbarataron un plan para detonar explosivos líquidos a bordo de vuelos transatlánticos entre el Reino Unido y Estados Unidos. De ese operativo nació la norma de los 100 mililitros, vigente hasta hoy en buena parte del mundo.

Las reglas sobre líquidos en el equipaje de mano son claras y conviene repasarlas antes de armar la valija: no se pueden llevar líquidos, geles ni aerosoles sin restricción. Lo permitido es hasta un litro en total, distribuido en envases individuales de no más de 100 mililitros cada uno, dentro de una bolsa de plástico transparente, tipo ziploc, y cerrada. Los dispositivos electrónicos, además, deben salir de la mochila para ser escaneados por separado, una exigencia que suele ser la que más demoras genera en la fila.

Qué no se puede llevar en cabina y qué cambió dentro del avión

En cabina, las tijeras, los cuchillos pequeños y cualquier objeto punzante quedaron prohibidos en el equipaje de mano. Las puertas de la cabina de pilotos se reforzaron y, durante el vuelo, no está permitido el acceso de pasajeros a esa zona. Las tripulaciones, además, reciben entrenamiento específico para manejar situaciones conflictivas a bordo, una práctica que también es herencia directa de los atentados.

Un dato práctico que muchos viajeros subestiman, y que un agente de seguridad me repitió más de una vez mientras hacía notas en distintos aeropuertos, es que los controles más exhaustivos alargan sensiblemente el tiempo de paso. Para vuelos internacionales, la recomendación general es llegar al aeropuerto con al menos tres horas de anticipación; para vuelos domésticos, dos. En temporada alta, como las vacaciones de julio o las fiestas de fin de año, conviene sumar un margen extra y, si se puede, hacer el check-in online la noche anterior para ganar minutos en la fila.

Si hay algo que aprendí en estos años cubriendo la sección de Turismo es que la seguridad aérea no es un tema ajeno ni técnico: nos atraviesa a todos cada vez que decidimos volar. La mejor recomendación de temporada, entonces, es la más clásica: llegar temprano, tener la documentación a mano, preparar la bolsa de líquidos con tiempo y entender que cada regla, por molesta que parezca, nació de un hecho concreto. Saberlo ayuda a pasar el control con otra paciencia y, sobre todo, con menos sorpresas.

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