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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Memoria sin trampas: por qué vale la pena ordenar el día antes de quejarse del olvido

Especialistas consultados coinciden en que un sueño reparador, menos distracciones digitales, movimiento, buena alimentación y vida social pueden ser aliados cotidianos del recuerdo. Pequeños cambios de hábitos, dicen, marcan diferencias concretas en el cerebro adulto.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida · · lectura 4 min
Memoria sin trampas: por qué vale la pena ordenar el día antes de quejarse del olvido

Acá en el sur, a las nueve de la mañana, Marta, vecina del barrio Belgrano, ya lleva revisados tres grupos de WhatsApp, respondió dos correos y todavía no terminó de tomar el primer mate del día. Se ríe cuando lo cuenta y dice que tiene la cabeza «hecha pedazos». Pero la escena que describe no es una rareza: es casi la norma en cualquier oficina o cocina argentina, y empieza a preocupar a los especialistas que estudian la memoria en adultos y adultas de 40, 50 y 60 años. Porque cada vez que el dedo vuelve al celular, el cerebro paga un costo, y ese costo se nota en los olvidos de todos los días.

Menos interrupciones, más memoria de corto plazo

Para Gary W. Small, director de terapias innovadoras de salud conductual de Hackensack Meridian Health, el problema no es solo cultural sino neurológico: cuando alguien lee un mensaje mientras conversa o contesta un correo mientras habla por teléfono, el cerebro cambia de foco de manera constante, y eso aumenta los errores y genera un estrés que termina afectando la memoria de corto plazo. La recomendación suena simple pero cuesta sostenerla: dejar el celular lejos durante una tarea, reservar horarios para revisar el correo y agrupar los trámites administrativos en un mismo bloque del día, en lugar de picarlos entre reuniones y conversaciones familiares.

Otra costumbre que los especialistas quieren recuperar es la de pensar antes de Google. Cuando uno no recuerda un nombre conocido y, en lugar de buscarlo en el teléfono, intenta recuperarlo por unos segundos, está ejercitando dos zonas claves del cerebro: el hipocampo, donde se forman los recuerdos, y la corteza prefrontal, que sostiene la atención y el esfuerzo de búsqueda. Así lo explicó Sara Mednick, profesora de Ciencias Cognitivas de la Universidad de California en Irvine, y la idea, dice, es que ese pequeño entrenamiento diario se acumule como cualquier otro.

Dormir bien y moverse: dos pilares que el cuerpo agradece

  • Dormir entre siete y ocho horas por noche permite que el cerebro organice lo aprendido durante el día, según los especialistas consultados.
  • Una siesta de unos 30 minutos puede servir como complemento del sueño nocturno y ayudar a fijar información, agregó Mednick.
  • El ejercicio aeróbico, como caminar rápido 40 minutos tres veces por semana, mejora el aporte de oxígeno y nutrientes al cerebro y favorece la producción de proteínas que sostienen la comunicación neuronal, según Small.
  • Un estudio de la Universidad de Illinois siguió durante un año a 120 personas de entre 55 y 80 años: quienes caminaron rápido engrosaron su hipocampo un 2% respecto de quienes hicieron solo estiramientos y tonificación.

Comer bien, conversar y aprender: el resto de la receta

En la mesa también se cuida la memoria. Los especialistas mencionan el patrón MIND, una mezcla de las dietas mediterránea y DASH que pone en el centro cereales integrales, vegetales de hoja y pescados grasos. No se trata de una dieta milagro sino de una forma de comer que, dicen, protege la atención y la capacidad de almacenar recuerdos. Pero los investigadores son tajantes en algo: la cabeza no se cuida solo comiendo. Una conversación requiere escuchar, interpretar y recuperar experiencias; y aprender algo nuevo, como tocar un instrumento o animarse a un idioma distinto, obliga al cerebro a sostener la atención y a recordar, que es justamente lo que uno quiere entrenar.

“Acá en el sur solemos asociar la memoria con talento o con genética, como si fuera un don que algunos tienen y otros no. Y sin embargo la evidencia que recogen estos especialistas apunta para otro lado: la memoria se cuida con hábitos pequeños y sostenidos, y a los 40, a los 50 o a los 60 todavía hay tiempo para empezar.”Ludmila Hudyma

Marta, la vecina del inicio, dice que ya hizo su primera prueba: apartó el teléfono mientras cocina y volvió a intentar recordar los nombres de sus sobrinos nietos antes de preguntarle a Google. Todavía no le salen todos, pero asegura que va a insistir. Es, en el fondo, lo que estos especialistas proponen: no delegar todo en el aparato que llevamos en el bolsillo, y entender que cada pequeño gesto cotidiano es una manera de cuidar eso que, sin memoria, no sería ni nuestra propia historia. Marta espera que, con el tiempo, la cabeza deje de sentirse «hecha pedazos». Nosotros también.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida

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