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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Milán bajó el telón de su Semana de la Moda con una propuesta para los armarios de la próxima estación cálida que revalidó el oficio de las grandes casas italianas

La pasarela italiana cerró su calendario con colecciones para la temporada primavera-verano 2027 en las que predominaron las lentejuelas, las prendas lenceras, los estampados maximalistas y las siluetas con brillo, en una edición que además registró debuts y despedidas entre los directores creativos de las casas más convocantes.

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Belén SosaAmbiente y comunidades · · lectura 2 min
Milán bajó el telón de su Semana de la Moda con una propuesta para los armarios de la próxima estación cálida que revalidó el oficio de las grandes casas italianas

La última jornada de la Semana de la Moda de Milán desplegó su escenario bajo luces que parecían disputarle protagonismo a las propias prendas, y lo hizo con una certeza difícil de ignorar: en una edición atravesada por los cambios de mando en los ateliers más tradicionales, las grandes casas italianas volvieron a exhibir el oficio que las sostiene desde hace décadas, apoyadas en una paleta común que fue de las lentejuelas a los encajes y de los estampados maximalistas a las formas con brillo, en lo que constituye una de las apuestas más arriesgadas de los últimos tiempos para los armarios de la próxima estación cálida.

Las colecciones que marcaron la semana

  • Prada abrió la semana con la falda como protagonista, en una propuesta que recorrió siluetas plisadas y rectas hasta desembocar en grandes aberturas, estampados florales, lazos, lentejuelas y apliques de joyas, bajo la dirección conjunta de Miuccia Prada y Raf Simons.
  • Fendi puso la sensualidad en primer plano con transparencias, encajes y prendas inspiradas en la lencería, en una colección que recuperó la estética de los años setenta y rindió homenaje a la figura de Raffaella Carrà.
  • En Marni, la directora creativa Meryll Rogge apostó por las combinaciones inesperadas, con parkas usadas sobre sandalias, lunares conviviendo con rayas y suéteres amplios llevados sobre pantalones de cuero, mientras que Roberto Cavalli volvió al espíritu de los años 2000 con estampados animales, denim de tiro bajo y transparencias.
  • Gucci presentó su segunda colección con Demna al frente, en una puesta en escena que simuló una boutique de lujo y reunió sastrería entallada, referencias ecuestres y abrigos de piel sintética junto con faldas de corte noventero.
  • Dolce & Gabbana se inspiró en los guardarropas de las grandes familias sicilianas para construir una colección atravesada por encajes, estampados de leopardo, bordados y joyas de herencia familiar.
  • El cierre estuvo a cargo de Armani, con una propuesta a cargo de Silvana Armani que mantuvo la elegancia característica de la casa e incorporó cristales, lentejuelas y tejidos metalizados, en vestidos fluidos en blanco y negro con escotes pronunciados y siluetas ligeras que se iluminaron bajo una bola disco.

La nota disonante la aportaron los movimientos en los equipos creativos: Glenn Martens presentó su última colección para Diesel tras cinco años al frente de la marca, mientras que Simone Rizzo y Loris Messina debutaron en Moschino con una propuesta que buscó recuperar el humor y la irreverencia asociados a la firma desde sus orígenes.

El contraste entre el brillo desmedido de buena parte de las pasarelas y el peso específico de las casas que los sostuvieron dejó una pregunta abierta sobre hacia dónde se inclina la balanza de la moda italiana en el corto plazo, en una industria que atraviesa una de sus etapas de reconfiguración más profundas y que, al mismo tiempo, volvió a confiar en el poder de sus clásicos para salir al cruce de la incertidumbre.

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Belén SosaAmbiente y comunidades

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