Mindhunter: por qué diez años después seguimos hablando del thriller que Fincher dejó inconcluso
A casi una década de su estreno, la serie del director de Se7en sigue siendo la cima del catálogo criminal de Netflix. Un recorrido por sus conversaciones incómodas, sus asesinos reales y esa tercera temporada que nunca llegó.
Yo todavía recuerdo la primera vez que escuché a Holden Ford preguntarle a un asesino en serie cómo se sentía después de matar. Era de día, tenía un café en la mano y sin embargo se me heló la espalda. Mindhunter tiene esa extraña costumbre: te deja pensando en sus silencios mucho después de que la pantalla se pone negra, y eso, para mí, es exactamente lo que define a una serie que todavía no tiene rival en el catálogo de Netflix.
Conversaciones en cuartos sin ventanas
La serie de David Fincher nos lleva a finales de los años setenta, cuando entrevistar presos peligrosos para entender cómo funcionaba su cabeza era una rareza dentro del FBI. Ahí entran los agentes Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany), que viajan por el país charlando con asesinos convictos en busca de patrones que sirvan para resolver crímenes futuros. Lo mejor es que la tensión no nace de persecuciones ni de escenas sangrientas, sino de esas conversaciones en cuartos cerrados donde la cámara observa y el silencio termina pesando más que cualquier tiroteo.
“Sentarse frente a un asesino que habla con calma sobre lo que hizo resulta, en manos de Fincher, más perturbador que cualquier escena de persecución.”Romina Cabral
Asesinos reales, duelos de ficción
- Ed Kemper, el gigante amable que confiesa sus crímenes como quien cuenta un domingo en familia.
- El Hijo de Sam, con esa calma que pone los pelos de punta.
- Charles Manson, recreado con una incomodidad difícil de olvidar.
- Wendy Carr (Anna Torv), la psicóloga que ordena el método y equilibra la dupla de agentes.
Cada uno de estos personajes está basado en criminales reales y los actores logran algo poco frecuente: que un cuarto sin ventanas sea más tenso que un allanamiento. Anna Torv redondea el equipo con una Wendy Carr que trae rigor académico a la investigación y que, temporada a temporada, va modificando la dinámica entre Ford y Tench sin forzar ningún giro.
La tercera temporada que nunca llegó
La serie se quedó en diecinueve episodios repartidos en dos temporadas. Una tercera quedó en el camino y, aunque uno lo lamenta, lo cierto es que el material existente cierra como un ciclo narrativo con peso propio, sin tramas abiertas que dejen al espectador con gusto a poco. Para quienes buscan un thriller criminal que trabaje la psicología de sus personajes con la misma atención que le dedica a la trama, Mindhunter sigue siendo una referencia difícil de igualar hoy en cualquier catálogo.
Dónde verla: disponible en el catálogo de Netflix. Cuándo conviene maratonearla: una noche de sábado, con la luz baja y el teléfono en silencio. Qué se come mientras tanto: algo que se pueda masticar lento, porque las pausas largas entre episodio y episodio son parte de la experiencia. Y, sobre todo, vale la pena quedarse hasta el último minuto de los créditos: ahí está la mejor banda sonora posible, el silencio del living después de un cierre incómodo.
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