Neuquén se prepara para una semana bajo el agua: la alerta amarilla se extiende hasta el viernes
El Servicio Meteorológico Nacional emitió un aviso por tormentas intensas que abarca desde la Confluencia hasta los valles del sur. Se esperan acumulados de entre 10 y 20 milímetros, granizo ocasional y ráfagas que podrían dejar a más de un pueblo sin actividades al aire libre.
El cielo de Neuquén amaneció este domingo con una advertencia que pocos quisieran escuchar a pocos días del inicio del verano climático: el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) activó a las 5.41 una alerta amarilla por tormentas que golpeará de lleno a la provincia durante toda la semana. La imagen es la de un territorio que todavía recuerda los coletazos de la última emergencia hídrica, con rutas anegadas y productores midiendo cada milímetro que cae del cielo, ahora obligado a mirar los partes meteorológicos con una mezcla de atención y preocupación.
Un frente que no da tregua
El aviso cubre la región de la Confluencia —donde se concentra buena parte de la población neuquina— y se extiende hacia el interior con un alcance que pocas veces se ve en un mismo evento: el este y oeste de Añelo, el este de Pehuenches, Picún Leufú, el este de Loncopué, el este de Picunches, el este de Ñorquín, el sur de Chos Malal y el sur de Minas. En el centro y sur provincial, la alerta abarca Catán Lil, Collón Curá, Zapala y las zonas bajas de Aluminé, Huiliches y Lácar, incluyendo los principales valles donde la agricultura bajo riego y la actividad ganadera dependen de un equilibrio hídrico siempre ajustado.
El organismo prevé que las tormentas se concentren durante la tarde del lunes 12 de octubre, con acumulados de lluvia que podrían ubicarse entre 10 y 20 milímetros, sin descartar valores superiores en puntos específicos. El fenómeno estará acompañado por granizo aislado y ráfagas de viento de hasta 35 kilómetros por hora, lo que alcanza para doblar ramas, voltear estructuras livianas y complicar el tránsito en rutas que, como la 22 o la 40, suelen cortar cuando el agua se acumula en bajos y badenes.
El parte contra el cielo: qué dice el organismo y qué muestra el terreno
La escala del SMN establece que el nivel amarillo indica fenómenos con capacidad de daño y riesgo de interrupción momentánea de actividades habituales, una categoría que en la práctica suele traducirse en clases suspendidas, ferias reprogramadas y familias que miran el techo buscando goteras. Mientras el organismo enfatiza en su aviso la necesidad de seguir las actualizaciones diarias, en el terreno la lectura es otra: productores de la Confluencia y de Añelo —la zona que sostiene buena parte de la producción de gas y petróleo no convencional de Vaca Muerta— ya venían ajustando calendarios de siembra y movimiento de equipos a la espera de lo que el cielo deparara en las próximas jornadas.
A ese cuadro se suma el pronóstico trimestral elaborado por el SMN a fines de septiembre, que ya anticipaba para el noroeste patagónico una mayor probabilidad de lluvias por encima de lo habitual durante el trimestre octubre-diciembre, con temperaturas medias dentro de valores normales. El propio organismo aclara que ese informe representa un comportamiento promedio del período y no permite determinar cómo se distribuirán las precipitaciones, por lo que el seguimiento día a día de los avisos sigue siendo la herramienta principal para planificar actividades al aire libre, circular por las rutas del interior o coordinar operativos en zonas ribereñas.
Las lluvias no cesarán el lunes: el pronóstico extiende las precipitaciones hasta el viernes por la mañana, con temperaturas similares a lo largo de la semana y pausas temporarias entre un sistema y otro, un detalle que para los habitantes de los valles y del alto Neuquén significa varios días sin poder contar con la estabilidad que octubre suele ofrecer en la región. La pregunta que queda abierta es si este tren de tormentas, que arrancó con un llamado de atención temprano del SMN, terminará replicando el escenario de daños que otras alertas amarillas dejaron en campañas anteriores, o si quedará en un capítulo más de la variabilidad climática que el propio organismo viene registrando en la Patagonia.
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