Pergolini se mandó a armar una estantería con los vinilos de su vida y la imprimió él mismo en 3D
El conductor contó que diseñó los soportes para exhibir discos en el fondo de No preguntes por Rusia. La selección mezcla rock argentino, pop ochentoso y alguna joyita japonesa que ya quisiera cualquiera en su casa.
Yo siempre digo que las abuelas de la colonia, cuando tenían algo que les importaba de verdad, no lo guardaban en un cajón: lo ponían a la vista, en la sala, para que todos lo vieran al pasar. Algo de eso parece haber pensado Mario Pergolini con el fondo de No preguntes por Rusia, que dejó de ser un muro más o menos anónimo para transformarse, emisión tras emisión, en una especie de altar portátil del vinilo. Y ojo, porque no se fue a comprar una estantería bonita a un mueble de Palermo: los soportes los fabricó él mismo, con una impresora 3D, y los armó con una lógica que, según explicó, permite ir cambiando las tapas sin desarmar todo el conjunto.
La movida surgió al aire, casi de paso, cuando Nico Etevenaux se quedó mirando el sector donde conviven varias piezas de colección y preguntó por la zona cercana a un Stormtrooper de Star Wars. Pergolini se largó a explicar la nueva disposición, reconoció que la había instalado él y tiró la frase que ya suena a declaración de principios: "Los vamos a ir cambiando". O sea, lo que vemos hoy es apenas una foto de un set en rotación permanente.
La selección, disco por disco
- Peluson of milk, de Luis Alberto Spinetta, una de las joyitas del rock argentino que Pergolini señaló con orgullo.
- Fore!, de Huey Lewis & The News, el álbum pop ochentoso que en cualquier casa razonable está gastado de tanto ponerlo.
- Clásicos de Pink Floyd, Manu Chao y Babasónicos, que dan el marco internacional y el lado más rockero del asunto.
- Un laserdisc de Prince, esa reliquia ochentosa que ya casi es una pieza de museo, y una edición japonesa de Nirvana, el tipo de hallazgo que da envidia sana.
- En las filas de abajo, una recorrida generacional: Catupecu Machu, The Velvet Underground, The Rolling Stones, Los Tipitos, Barry Manilow, Los Piojos, AC/DC, Daniel Melingo, La Renga, Foo Fighters, Viejas Locas, Ataque 77 y Fito Páez.
La ambientación no termina en los vinilos. El estudio subterráneo desde el que Pergolini emite el ciclo desde el arranque de la temporada 2026 mantiene las paredes oscuras y las luces azuladas de siempre, y a la colección se suman una guitarra, un sillón, una mesa auxiliar, una lámpara de pie y un mueble con equipos y objetos de colección. En otra pared sigue firme una estantería con discos compactos, porque acá no se reniega de nada: conviven el vinilo, el CD y hasta el objeto pop, como el Stormtrooper que oficia de vecina de estantería de los long play.
Lo que a mí me queda dando vueltas, y se lo dejo picando al lector, es la idea de Pergolini de tener que fabricarse él mismo los soportes porque, según contó al presentar aquel sótano, se trata de un "sótano prestado" con limitaciones para recibir invitados. La solución fue de manual del inventor argentino: en lugar de esperar que alguien le resuelva el decorado, agarra la impresora y se lo hace. Y de paso nos regala un fondo que cambia, que respira, y que vuelve a poner al disco, al objeto físico, en el centro de la escena. Me parece un gesto hermoso, en estos tiempos en los que todo cabe en un celular y nada se ve en una pared.
“Los vamos a ir cambiando.”Mario Pergolini, en No preguntes por Rusia
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