Pergolini volvió al estudio con la camiseta puesta y convirtió el triunfo de Boca en una excusa para charlar de fútbol y de la Copa Argentina
El conductor de Otro Día Perdido llevó su entusiasmo por la remontada xeneize ante Racing a la mesa con Evelyn Botto y Agustín “Rada” Aristarán, repasó el partido bromeando con los hinchas del rival y cerró con un guiño a Guillermo Francella
Te juro que arranco con una frase de mi vieja, que dice siempre que cuando hay un buen resultado deportivo todo mejora: y algo de eso se respiraba en el estudio de Otro Día Perdido, porque Mario Pergolini llegó con la sonrisa torcida y el pecho inflado de hincha, y durante varios minutos la pantalla se llenó de fútbol, de bromas y de explicaciones sobre una competencia que para muchos sigue siendo una gran desconocida: la Copa Argentina.
Antes de meterse de lleno en el partido, el conductor se tomó un tiempo para describir el clima del estudio, el público que lo aplaudía de pie y la presencia de Evelyn Botto y de Agustín “Rada” Aristarán, que lo miraban entre cómplices y asombrados, como si supieran que tarde o temprano el tema iba a terminar derivando en lo que terminó derivando, porque a Pergolini se lo notaba a punto de estallar de felicidad y era cuestión de encontrar el detonador para que arranque a contar.
Una remontada para el recuerdo
“Perdíamos dos a cero, todo mal, todos nos sentíamos mal”Mario Pergolini
El propio Pergolini fue el que reconstruyó el encuentro con la épica del que lo sufrió desde la tribuna o desde el sillón, y arrancó confesando cómo arrancaron las cosas, porque para él el partido arrancó con ese dos a cero en contra que a cualquiera le arruina el domingo, y de ahí en más el relato se fue acelerando con cada gol, con cada grito, con cada pase que él iba describiendo como si los jugadores le debieran una explicación personal por haberlo hecho sufrir tanto antes de remontarlo y terminar ganándolo por 3 a 2, mientras Evelyn Botto iba completando el resultado y él seguía palpitando el encuentro con cara de quien todavía no termina de creer lo que vio.
El profe de la Copa Argentina
Lo que más me llamó la atención, y creo que a vos también te va a pasar cuando lo leas, es cómo Pergolini se puso en modo maestro ciruela para explicarle a Rada en qué consiste la Copa Argentina, porque le contó con una paciencia notable que la competencia reúne a equipos de distintas categorías y de distintos lugares del país, que los cruces se resuelven por eliminación directa y que por eso muchas veces terminan apareciendo resultados inesperados cuando un club chico le planta cara a uno grande, y lo hacía con ese tono didáctico y querido que tienen los relatores cuando quieren que el que tiene al lado entienda por qué este torneo les gusta tanto y por qué lo defienden con uñas y dientes frente a los que lo critican.
Y claro, como no podía ser de otra manera, las bromas hacia Racing aparecieron a la primera oportunidad que se presentó, porque Pergolini miró al público que estaba en el estudio y largó sin anestesia un Si hay alguien de Racing, váyase ya, hágame caso que arrancó carcajadas en la mesa y dejó flotando en el aire ese clima de picardía sana que tienen las sobremesas cuando el que cuenta la historia sabe que del otro lado hay algún hincha sufriendo en silencio y no tiene ningún problema en pasearlo un rato, todo con esa buena onda que lo caracteriza y que lo convierte en un anfitrión ideal para mezclar humor y deporte sin que la cosa se ponga pesada.
El cierre del segmento tuvo un guiño que a mí, particularmente, me arrancó una sonrisa enorme, porque el conductor eligió despedirse con un homenaje descafeinado pero amoroso a esa expresión de hermosa mañana que se hizo famosa gracias a Guillermo Francella y que los hinchas de Racing suelen cantar cada vez que su equipo gana un título, así que imaginate la ironía fina de escuchar a un Pergolini radiante de felicidad por el triunfo de Boca despidiendo el bloque con esa frase, como si le estuviera sacando el cuero al rival con elegancia y sin necesidad de bajar al barro, y dejando en claro que en la mesa de Otro Día Perdido la alegría del fútbol se puede tomar con algo de humor, algo de picardía y mucho, muchísimo café.
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