Se fue el Negro González Oro: la voz que se apagó en Punta del Este y el Martín Fierro que le llegó como un abrazo
A los 74 años, murió en Uruguay el conductor que dejó la radio en 2021 y que un año después recibió el único reconocimiento de APTRA, de manos de Luis Ventura, en una noche donde agradeció a sus hijos, a sus compañeros y hasta a Borges.
Lo dijo una vez una vecina del barrio de Belgrano, de esas que escuchan la radio mientras amasan los sábados a la mañana: "Mire, yo no comparto todo lo que dice el Negro, pero cuando él habla, lo escucho". Esa es, me parece, la mejor postal que se puede guardar de Oscar González Oro, el conductor que se apagó este 25 de septiembre en Punta del Este, Uruguay, a los 74 años, y cuya muerte volvió a poner su nombre en todas las radios y portales del país. Lejos de los flashes, instalado hace años en el balneario uruguayo que tantas veces eligió para escaparle al vértigo porteño, González Oro se fue en silencio, como se había ido también de los micrófonos en marzo de 2021, cuando decidió bajarse del ritmo diario después de más de tres décadas de trabajo ininterrumpido al frente de programas de actualidad, entrevistas y opinión.
Yo lo conocí de oyente, como tantos. Su voz grave, con ese tono entre el confesionario y la sobremesa, fue compañía de viajes en colectivo, de esperas en consultorios médicos y de madrugadas de insomnio. Cuando anunció que dejaba la actividad cotidiana, lo explicó con una sinceridad que desarmó a más de uno: dijo que quería disponer de más tiempo para su familia, que no buscaba competir con su propio recorrido profesional y que la pérdida de personas cercanas había influido en esa decisión. También reconoció, sin vueltas, que las exigencias del medio le habían restado tiempo para acompañar el crecimiento de sus hijos, Agustín y Pablo, esos nombres que repitió tantas veces al aire y que después volvió a mencionar cuando le tocó hablar en público.
"Esto lo soñé": la noche del Martín Fierro de Radio 2022
Porque hubo una noche que quedó flotando en la memoria de quienes lo quieren, y que ahora reaparece con más fuerza que nunca. Un año después de su despedida de los micrófonos, González Oro volvió a cruzarse con colegas y antiguos compañeros en la entrega de los Martín Fierro de Radio. La cita fue en el Golden Center de Parque Norte, y la Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentinas (APTRA) le entregó un homenaje especial. Hay un detalle que vale la pena subrayar, porque pinta de cuerpo entero la relación del Negro con los premios: era el único reconocimiento que la entidad le había otorgado en toda su carrera, ya que nunca había ganado un Martín Fierro en competencia.
Detrás de esa distinción hubo una gestión paciente de Luis Ventura, presidente de APTRA, que fue el motor del reconocimiento y el artífice de la reconciliación. González Oro había desistido de asistir a la ceremonia, pero Ventura lo convenció de viajar desde Uruguay a Buenos Aires para recibir la placa en persona. Al recordar ese encuentro tras la muerte del conductor, Ventura explicó que había buscado recomponer el vínculo entre el periodista y la institución, y que el Negro terminó aceptando con esa mezcla de desconfianza y ternura que lo caracterizaba.
Sobre el escenario, González Oro recibió la plaqueta, evocó un texto de Jorge Luis Borges y, fiel a su estilo, abrió el juego y compartió el reconocimiento con quienes habían trabajado a su lado. "Esto lo soñé", dijo mientras levantaba la distinción, y la frase sonó a confesión íntima más que a discurso protocolar. También mencionó a sus hijos y, con la memoria larga que tienen los quehaceres de la radio, se acordó de colegas y figuras de su propia historia: Alejandro Dolina, Eduardo Feinmann, Jorge Lanata, Lalo Mir y su histórica locutora Valeria Mirabella, esa voz amiga que lo acompañó durante tantos años y que fue parte inseparable del sonido de su programa.
- Daniel Hadad, con quien trabajó durante 14 años y al que mencionó como una de las figuras clave de su recorrido profesional.
- Sus hijos Agustín y Pablo, presentes siempre en sus palabras, incluso en los agradecimientos públicos.
- La locutora Valeria Mirabella, su compañera de tantas mañanas y tardes al aire.
- Los colegas Alejandro Dolina, Eduardo Feinmann, Jorge Lanata y Lalo Mir, mencionados durante el homenaje de APTRA.
- La figura de Jorge Luis Borges, cuyo texto evocó en el momento de recibir la distinción.
Una despedida a la altura del personaje
Lo que más me conmueve de esta historia, y se lo confieso al lector, es la imagen de un González Oro que vuelve a subirse a un avión desde Punta del Este para recibir un premio al que, en realidad, había renunciado antes de que llegara. Ventura lo fue a buscar, lo convenció, y el Negro terminó agradeciendo como si le hubieran devuelto algo que nunca debió haberse perdido. Esa noche del Golden Center fue, sin proponérselo, una de sus últimas grandes apariciones públicas, y el espíritu de un tipo que hizo de la radio un territorio de conversación, de disputa y de afecto.
Queda el vacío del micrófono encendido sin dueño, el de las mesas de los bares que todavía sintonizan su frecuencia y el de los oyentes que se siguen preguntando qué dirá hoy el Negro sobre el tema del día. Murió en Punta del Este, rodeado del paisaje que eligió para su retiro, y se fue como se van los que saben que el verdadero éxito no está en los premios sino en la cantidad de gente que los extraña. La radio argentina le debe, como mínimo, un poco de silencio respetuoso y, sobre todo, el reconocimiento de haber sido, durante más de tres décadas, una de esas voces irrepetibles que definieron una época.
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