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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Señales del corazón que las mujeres suelen pasar por alto, según una cardióloga que atendió un caso que terminó en stents

La especialista Shrilla Banerjee, del Hospital London Bridge, explicó que el dolor en brazos, mandíbula o cuello, la indigestión fuera de horario y el agotamiento al hacer un esfuerzo pueden ser avisos cardíacos que se confunden con estrés, menopausia o problemas digestivos.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida · · lectura 4 min
Señales del corazón que las mujeres suelen pasar por alto, según una cardióloga que atendió un caso que terminó en stents

Acá en el sur, cada vez que una vecina me cuenta que sintió un peso raro en el pecho subiendo las escaleras del shopping o que quedó exhausta tendiendo la cama, me quedo pensando cuántas veces eso se archiva como "estoy estresada" o "será la menopausia" y se termina dejando para mañana. La cardióloga Shrilla Banerjee, consultora del Hospital London Bridge, en Londres, viene a poner el tema sobre la mesa con una frase que a mí me resonó fuerte: el dolor de pecho no es la única señal de alerta, ni siquiera la más frecuente en las mujeres. Hay un montón de avisos que llegan a otros lugares del cuerpo y que, si no los leemos bien, se nos pueden pasar de largo hasta que la cosa termina en una guardia.

La especialista puso el foco en un patrón claro: cuando el cansancio, la falta de aire o el dolor aparecen en forma repetida durante un esfuerzo físico y no encuentran otra explicación razonable, hay que sentarse a pensar que el corazón puede estar pidiendo oxígeno a gritos. Lo distintivo, según contó, es la reiteración: no es el malestar de una sola vez, es ese que vuelve cada vez que uno sube dos pisos, carga las bolsas del súper o camina unas cuadras de más. Y lo más importante: puede no haber ni rastros de dolor en el pecho.

Por qué duele el brazo o la mandíbula si el problema está en el corazón

Banerjee lo explicó con una imagen que ayuda a entender por qué estas señales se nos escapan tan fácil. Cuando el músculo cardíaco no recibe la sangre que necesita, las vías nerviosas que transmite esa molestia desembocan en la médula espinal, que a su vez está conectada con otras zonas del cuerpo. El cerebro, entonces, registra el aviso en un hombro, en la mandíbula, en el cuello o en uno o ambos brazos. Por eso una puede ir al traumatólogo por un dolor cervical que en realidad es una angina, o quedarse esperando que se le pase un supuesto dolor de muela que no tiene nada que ver con la dentadura.

La indigestión que aparece a las tres de la mañana

Hay otro terreno donde el infarto se disfraza mejor: el aparato digestivo. La cardióloga británica contó el caso de una paciente que llegó a la consulta con eructos y malestar estomacal recurrente, convencida de que tenía una gastritis rebelde. Los estudios, incluido un angiograma, mostraron enfermedad coronaria seria y la mujer terminó con stents colocados. La pista para no caer en ese error, dijo Banerjee, es preguntar cuándo aparece la acidez o la indigestión: si se presenta sin relación con las comidas, en horarios raros, por ejemplo de madrugada, lo digestivo puede ser la fachada de un problema cardíaco.

Cuándo no hay que esperar ni una hora

  • Sudores fríos junto con dolor o molestia en el pecho.
  • Náuseas o mareos combinados con esa sensación en el pecho.
  • Una sensación de pánico que aparece junto con el malestar torácico.
  • Dolor que se siente como pinchazos o pellizcos, no como la típica presión en el pecho que uno asocia al infarto.

Esos cuatro cuadros, según la cardióloga, justifican ir directamente a una guardia. Y yo lo subrayo porque acá, del otro lado del teléfono, más de una vez me tocó escuchar a amigas decir "me dio un susto bárbaro pero ya se me pasó" y archivar el episodio para nunca más hablar del tema.

Menopausia y corazón: el combo que más se demora

Banerjee advirtió además que después de la menopausia el riesgo cardiovascular en las mujeres trepa fuerte: la caída de estrógenos mueve la presión arterial, cambia el colesterol y favorece la acumulación de grasa en la panza. Como muchos de esos síntomas se cruzan con los malestares que ya se naturalizan en esa etapa, la consulta se posterga y se pierde tiempo. Por eso insistió con una recomendación simple pero que salva vidas: controlar la presión y el colesterol con regularidad, sin esperar a que algo duela.

Yo me quedo con la idea de fondo que dejó la especialista y que vale la pena repetir acá en el sur, de cara a la gente que uno quiere: prestar atención a las molestias, anotar cuándo se repiten y con qué actividad aparecen es un acto de cuidado básico, no de exageración. Marta, mi vecina del barrio Belgrano, me dijo el otro día mientras tomábamos mate que si hubiera leído esto antes, tal vez no hubiera dejado pasar durante meses ese cansancio raro al subir la escalera del consultorio. Esa es la clase de cosa que uno espera que cambie a partir de ahora: que más mujeres lleguen a tiempo, con la información en la mano y sin necesidad de asustarse para ocuparse.

LH
Ludmila HudymaSociedad y vida

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