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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

Un millón de robots y la cuenta que Amazon no termina de cerrar

La empresa más robotizada del planeta convive con una paradoja incómoda: sus propios papeles dicen que los depósitos automatizados se accidentan más que el resto. Entre el Hércules, el Titán y el Vulcan, la pregunta de fondo sigue siendo qué hace cada uno con la espalda de los pibes que todavía laburan ahí adentro.

GG
Gabriel GautoDeportes · · lectura 3 min
Un millón de robots y la cuenta que Amazon no termina de cerrar

Calor en Texas, frío en Hamburgo y un millón de robots dando vueltas como hormigas en un galpán gigante. Amazon ya pasó esa barrera y, de paso, le construyó una flota a la que piensa más que duplicar este año. La plata la mueve la segunda persona más importante del área de finanzas de la compañía, que lo anunció como quien cuenta los costales del almacén. Mientras tanto, en las plantas siguen cayendo personas, que es donde se complica el relato.

La fábrica que se creó a partir de una heladera con ruedas

La historia empieza en 2012, cuando Amazon se quedó con Kiva Systems. Eran robots que en vez de caminar por pasillos inmensos acercaban estanterías enteras al trabajador. Imaginate la diferencia entre ir vos hasta la góndola del súper o que la góndola venga a vos. De ahí salieron los Hércules, los Titán (mueven estructuras del tamaño de un piano de cola, palabra de la empresa) y el Proteo, el primer bicho que se animó a circular al lado de la gente sin chocarla. Después llegó DeepFleet, una inteligencia artificial que les maneja el tránsito a los robotitos y, según la propia compañía, les baja los tiempos de traslado un 10%.

Los brazos que ya levantan, clasifican y hasta tocan

  • Robin: ocho ventosas para separar paquetes de pilas en serio desordenadas.
  • Cardinal: acomoda bultos de hasta 22 kilos dentro de carritos sin quejarse.
  • Sparrow: reconoce cientos de millones de productos distintos para reponer cajones.
  • Vulcan: el primero con sensores de fuerza, una especia de tacto. Funciona desde 2025 en Spokane (Washington) y Hamburgo (Alemania), con expansión a 2027.

Scott Dresser, el que manda en Amazon Robotics, repite el argumento de siempre: las máquinas se quedan con lo más pesado y riesgoso, los humanos con lo otro. Bonito. Lo que no dice tan lindo es lo que descubrió una investigación de 18 meses de la Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de Estados Unidos, que terminó en diciembre del 2024: los depósitos de Amazon tuvieron 30% más accidentes que el promedio de la industria. Y, según los registros internos que trascendieron, los centros con robots se accidentan 28% más que los que todavía no los tienen.

O sea, mientras Amazon sigue abriendo fábricas en Austin y en Greenwood, y mientras el parque robótico se prepara para otra escalada, la pregunta de fondo sigue colgada del gancho: ¿la automatización les mejora la vida a los 1,5 millones de empleados o solamente les suma un compañero metálico al que también hay que esquivar en el pasillo? Dicen que el objetivo es sacarles el trabajo pesado de encima. Los números de sus propias planillas, por ahora, cuentan otra cosa.

“Me gusta pensar que el robot hace lo que yo no quiero hacerme.”(El optimista, en algún PowerPoint de Amazon)

Pronóstico reservado: este año la flota se duplica, las fábricas nuevas se llenan de Hércules y Vulcan, y la pulseada entre el comunicado lindo y la planilla fea va a seguir dando que hablar. Uno se anima a decirlo y se reserva el derecho de errar, como siempre.

GG

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