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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Un parásito que cruza la frontera entre el gato y la persona: lo que dejó al descubierto un estudio con más de 150.000 muestras

Una investigación publicada en PLOS One revisó 157.616 muestras fecales de gatos en Estados Unidos y Canadá y encontró que el 6,3 % albergaba Giardia duodenalis, con variantes que también pueden infectar a humanos.

BS
Belén SosaAmbiente y comunidades · · lectura 4 min
Un parásito que cruza la frontera entre el gato y la persona: lo que dejó al descubierto un estudio con más de 150.000 muestras

La imagen es casi doméstica: una caja de arena en un departamento, una palita, el olor a limpiador y, en algún lugar microscópico, un quiste resistente esperando ser arrastrado por la suela de un zapato o por la punta de los dedos. Un equipo de investigadores decidió mirar con atención qué había dentro de esas cajas, pero a una escala mucho mayor: analizó 157.616 muestras fecales de gatos domésticos enviadas a un laboratorio comercial de referencia en 49 estados de Estados Unidos y cinco provincias canadienses entre marzo de 2022 y agosto de 2023. El resultado, publicado en la revista PLOS One, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que muchos hogares con felinos prefieren no hacerse.

Del total estudiado, 9.962 gatos —un 6,3 %— dieron positivo para Giardia duodenalis, un protozoo intestinal que se aloja en el tracto digestivo y se transmite por quistes eliminados con las heces. Esos quistes pueden sobrevivir en el ambiente, contaminar agua, alimentos, superficies y objetos, y llegar a personas u otros animales. De los gatos infectados, 1.840 portaban los llamados ensamblajes A y B, las variantes genéticas con mayor capacidad de saltar entre especies: aparecen en humanos, en perros, en ganado y en mamíferos silvestres, a diferencia de otros linajes del parásito que circulan de forma más restringida.

Los más chicos, los más expuestos

La edad apareció como un factor determinante. Los gatos menores de un año alcanzaron una prevalencia del 10,7 %, contra apenas el 1,3 % en los adultos. Entre esos positivos jóvenes, casi uno de cada cinco (19,7 %) portaba las variantes A o B, las que pueden afectar también a las personas. Los autores del trabajo asocian el dato con dos elementos: la mayor exposición a entornos compartidos con otros animales y un sistema inmunitario todavía en formación, condiciones que favorecen la instalación de infecciones intestinales en los primeros meses de vida.

El dato de fondo es silencioso: la mayoría de los gatos infectados no presenta síntomas visibles. Cuando aparecen, suelen ser deposiciones blandas o líquidas, abdomen distendido, variaciones en el apetito o una caída en el nivel de actividad, pero ninguno de esos signos alcanza por sí solo para confirmar la presencia del parásito. El diagnóstico se hace con estudios coproparasitarios o con técnicas moleculares como la PCR, que detecta el material genético del protozoo en la materia fecal.

  • 6,3 % de los gatos analizados en EE. UU. y Canadá dieron positivo para Giardia duodenalis.
  • 18,5 % de los infectados portaba los ensamblajes A y B, transmisibles a humanos.
  • 10,7 % de prevalencia en gatos menores de un año, frente a 1,3 % en adultos.
  • El ensamblaje F, predominante en los positivos, está asociado de forma más específica a los felinos.
  • La transmisión ocurre por quistes en heces que contaminan agua, alimentos y superficies.

El contraste con el terreno es elocuente. Mientras el estudio describe porcentajes relativamente bajos de infección, las veterinarias de barrio y los refugios saben que la giardiasis felina suele aparecer en camadas enteras después de una mudanza, una estadía en una pensionada o un brote de diarrea en un hogar con varios animales. Lo que muestran los números y lo que se ve en el consultorio no siempre coinciden: la estadística promedia, la clínica muestra los casos. Y en ese tramo intermedio queda una zona gris que el propio trabajo reconoce cuando aclara que detectar el parásito en un gato no implica automáticamente un contagio a las personas del hogar, aunque sí señala la necesidad de una evaluación veterinaria.

Para las familias con gatos, la lectura práctica es concreta: lavarse las manos después de manipular la bandeja sanitaria, mantener la higiene de los espacios donde el animal duerme o come y consultar al veterinario ante cualquier cambio digestivo sostenido. La giardiasis en personas puede causar diarrea, malestar abdominal, vómitos y pérdida de peso, pero también cursar de forma asintomática, del mismo modo que en los felinos. El punto de contacto entre la mascota y la salud del hogar es, en buena medida, una cuestión de rutina.

Una advertencia que cruza especies

El trabajo no alarmó, pero dejó una advertencia con forma de pregunta: si casi el 20 % de los gatos positivos porta variantes zoonóticas del parásito, ¿cuántos hogares con niños pequeños, personas mayores o personas inmunosuprimidas conviven a diario con un reservorio inadvertido en la bandeja de arena? La investigación describe un escenario de exposición amplia y mayoritariamente silenciosa, donde el riesgo individual parece bajo pero la posibilidad de contacto está siempre presente, esperando nada más que un mal lavado de manos para completar el circuito.

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Belén SosaAmbiente y comunidades

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