Una comadreja enana en la pila de leña: el llamado que llegó desde Cutral Co y lo que hay que hacer si aparece fauna en casa
Un marsupial diminuto se refugió entre la leña en una vivienda de Cutral Co. Guardafaunas de Picún Leufú lo evaluó y lo liberó. El episodio vuelve a poner sobre la mesa una pregunta concreta: qué hacer —y qué no hacer— cuando la fauna silvestre se cruza en el patio.
Me lo imagino y se me dibuja la escena acá en el sur, en una casa de Cutral Co, con el frío encima y la leña bien apilada en el galpón o contra la pared de la cocina. La vecina Irma, de la Colonia San Ignacio, me cuenta por teléfono que fue justamente eso lo que le pasó a su familia: iban a buscar unos leños para la estufa y, al mover el último de la fila, apareció un bicho chiquito, grisáceo, con unos ojos enormes rodeados de manchitas oscuras, que se quedó quieto, como petrificado. "Mire, pensé que era una rata, pero la cara no era de rata. Tenía algo raro, más lindo, más fino. Y no se movía. Mi marido casi lo agarra, menos mal que lo frené", me dice, todavía con cierto asombro en la voz. Esa decisión, la de no tocarlo, fue lo que terminó salvándole la vida al animal.
Un marsupial diminuto, casi del tamaño de un pulgar
Lo que había aparecido en la casa de Irma no era un roedor: era una comadreja enana, un marsupial chico, autóctono de la estepa neuquina, que los técnicos identifican como Thylamys pallidior. Para que se hagan una idea: el cuerpo mide entre 8,5 y 12 centímetros y el peso ronda los 15 a 36 gramos. El pelaje es gris claro, el vientre blanco, y tiene unas manchas oscuras alrededor de los ojos que le dan una pinta muy particular. Es nocturno, discreto, y por su tamaño se lo confunde con un ratón, aunque la familia a la que pertenece es otra muy distinta: la de las comadrejas americanas, con parientes en casi todo el continente.
Su comportamiento explica la escena de la leña. Las comadrejas enanas son solitarias y durante el día buscan refugios oscuros y protegidos: huecos en el suelo, grietas, pilas de leña, galpones. De noche salen a cazar insectos, a comer frutos y, de vez en cuando, algún bichito más. Una de sus características más llamativas es la cola, que es prensil —les sirve para agarrarse de ramas— y donde acumulan grasa para pasar los momentos de frío y de escasez. Esa cola, cuando el animal está sano, se ve engordadita y firme.
Lo que hicieron en Cutral Co y por qué funcionó
En la casa de Irma el protocolo salió casi como un manual. La familia no tocó al animal. Llamó al equipo de Guardafaunas de Picún Leufú, que se acercó, hizo una evaluación veterinaria con manipulación mínima —es decir, lo menos posible, para no estresarlo— y confirmó que la comadreja estaba en perfecto estado: activa, hidratada, sin signos de enfermedad ni lesiones. Poco después el animal fue liberado en su ambiente natural, lejos de la vivienda, en un sector de estepa donde pueda cazar y refugiarse como lo hace siempre. Una historia con final feliz, que además dejó una enseñanza práctica que sirve para cualquier encuentro parecido.
Qué hacer si aparece fauna silvestre en la casa (y qué no hacer, sobre todo)
- No manipular al animal con las manos, ni siquiera con la intención de ayudarlo. Cualquier agarre, por breve que sea, le genera un nivel de estrés enorme y puede lastimarlo sin que nos demos cuenta.
- No intentar retenerlo en una caja, en un balde o en una jaula "hasta que venga alguien". Para la mayoría de las especies silvestres, la contención hogareña es una condena: no comen lo que necesitan, se desorientan y se lastiman contra las paredes.
- No darle leche, pan, agua con azúcar ni nada por el estilo. La dieta de la fauna silvestre es específica y forzarla a comer lo que no le toca puede provocarles desde un shock digestivo hasta la muerte.
- No dejarlo al alcance de perros o gatos. Un perro curioso o un gato que sale al patio lo destruye en cuestión de segundos, aunque sea cachorro.
- Tomar nota de dónde está, en qué ambiente se encuentra (leña, galpón, bajo de un auto, hueco en la pared) y, si se puede, sacarle una foto desde lejos. Esa información es oro para el equipo que va a intervenir.
- Llamar cuanto antes a la autoridad de fauna de la provincia o, en ciudades como Neuquén capital, a la Dirección Provincial de Fauna. Si uno está en duda, también sirve llamar al municipio o a la comisaría para que ellos deriven el pedido.
“La fauna silvestre no es mascota. Protegerla es tarea de todos.”Dirección Provincial de Fauna de Neuquén
El mensaje de fondo que repite cada equipo de fauna en la Patagonia lo resume Irma con la mejor traducción que se me ocurrió: "Uno tiene la costumbre de querer resolverlo solo, levantarlo, darle algo. Pero acá aprendimos que dejarlo en paz y llamar por teléfono era lo que más lo ayudaba". Y la verdad, nosotros como vecinos no podemos hacer mucho más que eso: observar sin invadir, llamar al que sabe y confiar en que el animal vuelva a su lugar.
Ahora, lo que me deja pensando este caso —y que les dejo como pregunta para que la charlemos entre todos— es cuántas veces en la vida nos cruzamos con un bicho así, chiquito y silencioso, y ni lo registramos. A veces la fauna nos visita sin que lo notemos: una comadreja en la leña, una lagartija en el galpón, un pajarito en el alero. La expectativa que queda, al menos en esta casa de Cutral Co, es que la próxima vez que la comadreja aparezca sea todavía más lejos, en un hueco de monte que nadie toque, y que nosotros, del lado de acá, sigamos sabiendo cuándo es mejor no hacer nada.
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